Siempre se nos ha inculcado a la mayoría de los seres humanos la
cultura del dar, de ser desprendidos, de compartir y cooperar con los demás y
está más que claro que es una de nuestras mejores actitudes, pues lo que no se
comparte difícilmente se disfrute en su máxima capacidad.
Ahora bien también se viene haciendo hincapié tiempo atrás en saber
recibir, ya que muchos opinan que para el ser humano es más fácil dar que
recibir, supongo que esto sucede por la asociación que hacemos con una cosa y
otra, el que generalmente da, se tiende a percibir que le sobra, que tiene
abundancia, aunque esta no sea la realidad y del que recibe se tiende a pensar
que tiene carencias y necesidades insatisfechas y sin posibilidades de
podérselas satisfacer por el mismo, aunque esto tampoco sea así de cierto.
Existen personas cuya felicidad consiste en dar y
darse a los demás y no les importa si necesitas o no sus dádivas, solo quieren
dar, compartir lo que poseen y con este tipo de personas hay que ser receptivos
aunque no tengamos necesidad de aceptar sus dádivas, pues también son bastantes
receptivas a la hora de aceptar cualquier tipo de ayuda o cooperación. Pero también
hay personas cuya felicidad es que les hagan dádivas y regalos, les encanta recibir y ser distinguidos con algún obsequio o halago personal, eso las hace
sentir verdaderamente queridas y mimadas y no tienen ningún inconveniente en
dar y compartir con los demás lo que poseen.
Existe un dicho que reza: “Hay de todo en la viña del
Señor”, así que existen además otros dos tipos de personas, las que están muy
dispuestas a dar pero detestan recibir y las que están siempre bien dispuestas
a recibir pero no les gusta dar ni compartir lo suyo.
En el patio contiguo a nuestra casa hay una gran mata
de mango, no he visto árbol más generoso que este, siempre está dando de si,
por épocas nos da sus hojas marchitas y secas, diariamente nos cubre el piso con ellas, por
épocas nos da sus flores que también a diario cubren el piso, en su mejor época
nos da su jugoso, sabroso y dulce fruto que también cae abundantemente en
nuestro patio y durante todo el año nos regala su grandiosa sombra, ¿Se puede
pedir más? Si somos realmente agradecidos de sus favores no solo debemos agradecer
su sombra y sus deliciosos frutos, también debemos agradecer sus hojas y
sus flores caídas aunque dejen el piso impregnado de su trementina y eso nos obligue a
limpiar a diario, esa limpieza la debemos hacer con agrado, dando las gracias y
bendiciendo su dadivosa abundancia todo el año.
Para lograr un sano equilibrio debemos dar con gozo y
recibir con gratitud, no hay nada más hermoso que saber compartir y además ser
agradecidos por las cosas recibidas, aunque en el momento no las percibimos
como bendiciones o como necesarias, lo son, si no para nosotros, al menos para
el que las da, más tarde lo podremos constatar.
Así que cuando te toque de nuevo dar algo tuyo o dar
de ti, hazlo con gozo y cuando te toque recibir algo de alguien o aceptar
alguna dádiva, ayuda o compañía, hazlo con agrado y da siempre las gracias de corazón.
Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente.
Esta entrada fue publicada en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2014/10/24/correo-los-lectores
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