martes, 17 de octubre de 2017

Escalando "El Mogote"

Amables lectores, en esta ocasión deseo hacerlos participes de otra experiencia de montaña. Junto a un grupo de jóvenes y compañeros piqueros, escalé la montaña “El Mogote”, en Jarabacoa.

Parte del grupo en el punto de encuentro antes de partir

Esta entrada del blog es más bien para contarles a groso modo la travesía, y agradecer públicamente la solidaridad y apoyo del grupo con algunas menciones especiales, y plasmar así en este blog (que se ha convertido en cómplice de mis aprendizajes y vivencias, y en mi amigo y confesor personal), una experiencia más de senderismo, y de lo que se puede lograr a través de la voluntad, la fortaleza interior y la fe en la protección divina, y por supuesto, con la ayuda del trabajo solidario en equipo, confirmándonos que la unión, hace posible el triunfo.

Antes de contarles, quiero compartirles este fragmento de “La Palabra Diaria” del día 12 de octubre, el día dedicado a la raza, dice así:

“Mis palabras están llenas de energía —oigo y siento su vibración. Así que elijo decir palabras de ánimo, amor y luz, utilizando la energía creativa para fortalecer la autoestima, elevar los corazones, iluminar los días y ofrecer consuelo. Confío en que el Espíritu amoroso en mí inspira mis palabras para que éstas sean palabras de luz.”

Al leer este fragmento no pude evitar asociarlo con la escalada del domingo 8, ya que las palabras de ánimo, cargadas de emergías, abundaban, los más agiles y fuertes, ayudaban y daban aliento a los menos preparados físicamente (como yo), que lucíamos más agotados y a punto de rendirnos. Sin dudas fuimos inspirados con palabras de luz y energía para apoyarnos unos a otros, Eduardo de los Santos es un buen referente de esto.

Recuento

El Mogote de Jarabacoa, es una elevación natural a 1,560 msnm en la provincia de La Vega. Una de las rutas principales es la que se encuentra al lado del camino del Monasterio Cisterciense, donde comienza el ascenso al mismo. 

Justo detrás del monasterio, pasa el rio.

El grupo de 23, antes de iniciar el ascenso

Al llegar al monasterio el entusiasmo nos invadió, eran las 10:10 am aproximadamente cuando empezamos el ascenso. El grupo era numeroso, 23 personas en total, la mayoría habíamos subido el Pico Duarte más de una vez, así que íbamos más que confiados, aunque unos compañeros que subieron el día anterior, nos advirtieron que no les resultó nada fácil la aventura. 

Al poco tiempo pudimos comprobar por qué. La maleza era abundante, hiriente y picante, el trayecto es muy accidentado, exageradamente escalonado y empinado, lo que dificultaba más el ascenso. 
 
La Dra. Wendy, siempre sonriente
Manuel Herrera posando a la cámara

Algunos tramos muy resbalosos y otros muy peligrosos, con precipicios a ambos lados y alguno que otro impresionante derumbe pedregoso. El terreno llano casi inexistente. El sol nos azotaba a ratos, la vista desde lo alto, cada vez más espectacular.

Juan Carlos y Yantery, nuestros modelos profesionales del flow

Durante todo el camino no se divisa el río, y en una parte del trayecto, ya bastante avanzados, se puede escuchar el correr de sus aguas. 

Arturo, Yantery y Eduardo

Por lo tupida de la vegetación se aprecia menos el paisaje y aunque nos protege un poco del sol, el calor es agobiante, y la comezón y los ramalazos, inquietantes. 

Algunas de las chicas se sintieron realmente mal y agotadas, y optaron por no llegar hasta el final, solo hasta el Mogotico, la loma más próxima al Mogote, a partir de ahí, el grado de dificultad se hizo mayor. 

Divisando el Mogote desde el Mogotico

Al llegar a la cima a eso de las 2:10pm, divisé una mula, la torre de vigilancia contra fuegos y la caseta del guardabosque, un señor algo mayor que conversaba con los compañeros que iban en la delantera y ya habían llegado. 

El guardabosque observando el parapente

Di gracias a la providencia divina por haber llegado, y bendije a todos en silencio, sentí una alegría a medias, no les puedo decir que sentí una alegría mayor, no, algo me preocupaba, nos esperaba un descenso muy difícil. Pero me detuve a vivir el momento presente y contemplar el hermoso paisaje que nos ofrecía aquella altura. 


Se aprecia todo el pueblo de Jarabacoa, sus casas que lucen diminutas a la distancia, sus montañas y el enorme verdor a todo alrededor. 



Fue un momento hermoso, la brisa bien fresca, la espectacular vista y algunos jóvenes pasando bien cerca de la cima y de nosotros en parapentes, me hizo revivir esa experiencia que había vivido de tirarme en parapentes, precisamente en lo alto de Jarabacoa, a principios del 2015. 


Como me hubiera gustado que pudiéramos tener esa oportunidad desde allí, y evitarnos el largo y tortuoso descenso que nos esperaba. 

Luego de hacernos algunas fotos individuales


Y de grupo



Descansamos y conversamos un rato


Sonrientes nos dispusimos a emprender el camino hacia abajo, eran las 2:40 pm y no podíamos darnos el lujo de perder mucho tiempo, ya que se esperaba lluvia y oscurecería más temprano.

Sonrientes en la cima





Frandys en primer plano, a la derecha, detrás, está Yelsen, el adolescente que formó parte del grupo y que lo hizo muy bien.



Lo dificultoso del descenso no se hizo esperar, ese tramo del Mogote al Mogotico, fue terriblemente peligroso. Los demás tramos no eran muy diferentes, al tener que tomar tanta precaución, el descenso se hace casi tan largo y tedioso como el ascenso, y si le sumas el esfuerzo y la fatiga que causó este, pues se hace más duro aún.

Cristiam y Eduardo, bajando.

Para colmo nos sorprendió la lluvia, que empezó algo tímida y luego arreció, nos faltaba más de media hora de camino, los charcos no se hicieron esperar, el agua bajaba por el estrecho sendero cual pequeño arroyuelo, la lluvia golpeaba la cara y afectaba la visión, se puso bastante oscuro en un momento dado, por suerte las nubes negras se dispersaron, aunque el agua continuó, pero cada minuto bajaba mas la intensidad. 


Por fin llegamos al punto de partida, a eso de las 5:45 pm, al ver los vehículos y la carretera, sí que esta vez fue una alegría mayor, pero el cuerpo no tenia ánimo para expresarlo, así que al igual que al llegar a la cima, agradecí en silencio a todos, y a la divinidad por permitirnos llegar todos sanos y salvos, después de haber enfrentado tan difícil prueba física. 


El río nos esperaba para darnos un merecido y necesario baño, pero las fuerzas me abandonaron, apenas pude subir la carretera hacia donde estaban los vehículos, así que el baño me lo di en la lluvia, y en un caño que bajaba desde la montaña por una tubería. Había visitado el monasterio unos años antes y conocía el río y sus aguas y sabia lo incomodo del camino, por eso no llegue hasta él, no me creía con fuerzas suficientes para lograrlo, y aunque las tuviera, me negaba a bajar y a subir un paso más. 

Agradecimientos

Les confieso que no lo hubiera logrado de no recibir la gran ayuda que me brindaron algunos de los compañeros participantes, entre ellos un dúo dinámico, los mellizos Guillermo y Arturo Román, a este último le debo el poder completar esta fuerte travesía (tanto en la subida como en la bajada), ya que además de auxiliarme en los peores tramos ofreciéndome su mano, dándome tácticas para agárrame de las plantas y diciéndome que lo podía lograr, confió en mi destreza al arriesgarse a que lo arrastrara camino abajo, cosa que gracias a su fortaleza física y a mí desempeño, prudencia y por qué no, también a mi fe, no sucedió. 
Gracias del alma Arturo, por tu valiosísima colaboración, bendiciones abundantes a tu Ser. 

Arturo en el centro y su hermano Guillermo frente a él

También en esta ocasión tuve la dicha de contar con Cristiam Zamora, que se mantuvo cerca cuidando mis pasos, y ayudándome a levantar en las caídas. Si, es casi obligatorio sufrir al menos una caída en el descenso, es tremendamente peligroso, hay ocasiones en que hay que descender sentados para no irnos a toda velocidad rodando hacia abajo. Confieso que abusé demasiado de esta estrategia, pero me daba mayor seguridad bajar así, aunque más tarde el cuerpo me pasó factura, de la ropa ni hablar, ja, ja. Gracias Cristiam por toda tu amabilidad.

Cristiam detrás a la izquierda, de negro.
Eduardo al centro detrás (gorra azul).

Otro de los compañeros que siempre está cerca dando ánimo y apoyo moral es Eduardo de los Santos, su gentileza y palabras de luz son un aliciente en momentos de baja moral. Gracias Eduardo por esa forma de apoyar, al hacer senderismo, lo haces más ameno y llevadero, ya sea dando ánimo, contando historias, usando palabras halagadoras, o acompañando los pasos, es bueno contar con compañeros así, especialmente porque sabes que las mujeres necesitamos más empuje, ese saber que los demás confían en que lo podemos lograr. 

Frandys Luciano y Carlos Méndez, que forman parte de los coordinadores del viaje al Pico Duarte, nos acompañaron, y no puedo dejar de sacarles su comida aparte. 

Carlos Méndez, es un joven es a todo dar, sepan ustedes que la mayor parte el camino lo pasó al frente abriéndonos paso entre la maleza con machete en mano. Carlos, gracias por todo lo que nos cuidaste a pesar de tu juventud, y aunque tu madre Carmen (una veterana piquera) y tu esposa Maite formaban parte del grupo, no dejaste de ocuparte de todos los demás. 

Definitivamente eres un chico fuera de serie. Dios te bendiga y proteja siempre.

Carlos y esposa al centro. Carmen al lado de su nuera.

Leí en la web un comentario de alguien que subió el Mogote, donde decía que es parecido a alcanzar el último descanso de un edificio de 10 plantas subiendo los peldaños de la escalera de dos en dos, o de tres en tres, es algo muy parecido, eso nos deja ver el esfuerzo que tienen que hacer las piernas al levantarlas tan alto y por mucha distancia, pero a mi juicio se quedó corta en la altura del edificio, yo diría un mínimo de 50 pisos por tramos interrumpidos. Y si a eso le sumamos lo descuidado que está el sendero, y el exceso de maleza que corta el paso y hiere, no hay manera de negar que es una proeza hacer esta travesía y salir ilesos. 

Pues sí que lo hicimos, arañados y adoloridos pero sanos y salvos, y aunque no lo crean, nos divertimos mucho también. Cada uno di lo mejor de sí, sus emergías, fortaleza, sentido del humor, solidaridad, compartir su merienda, el agua…, una colaboración en equipo para que todo el grupo lo pasara bien a pesar de los pesares. 

Fue una experiencia extenuante pero divertida y fortalecedora, amistosa, de compañerismo y camaradería, Danny y Hamlet, que lo hicieron muy bien, pueden dar fe de eso.

Los nuevos integrantes, capitaneados por Jaime Vargas (asiduo piquero), también lo hicieron muy bien, especialmente los mas jóvenes, aprovecho para felicitarlos. 



Para cerrar el día y la travesía con broche de oro, fuimos a cenar a un restaurante de Jarabacoa, famoso por sus costillitas de cerdo, lo pasamos muy bien allí, se formó una gran mesa para todo el grupo, fue un momento muy ameno y divertidísimo, hicimos bromas, anécdotas del día, comimos y bebimos a gusto…, 

En fin, se sufrió físicamente, si, pero también reímos, se gozó y lo pasamos muy bien, y quedó plasmada en nuestra sangre y nuestra piel, y más que todo en nuestros corazones, una escalada mas, y al igual que las otras, vestida con lazos de hermandad.  

!GRACIAS A TODOS, FUERON GENIALES!

P.D. Gracias por las fotos, y a mis hijas (que no pudieron participar), gracias por hacérmelas llegar.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

jueves, 12 de octubre de 2017

La vida como un tren

Siempre se ha comparado la vida de los humanos y sus relaciones con los demás, como los pasajeros que suben y bajan del tren, algunas estadías son más largas que otras, y muy pocas nos acompañan hasta el final o durante toda la vida.


En esta ocasión, quiero enfocar esta semejanza desde un punto de vista diferente. En el caso en particular, el tren viene siendo nuestro Ser Existencial. 
Sus partes son: la máquina o motor que lo mueve y lo guía, que viene a ser nuestra alma, y los vagones, que vienen a ser las diferentes vidas y experiencias que atravesamos desde nuestro origen existencial en este plano terrenal, hasta culminar la totalidad de esencias probatorias. 

Cada vagón representa una de nuestras tantas vidas, pero no es la totalidad que somos, es un pedazo de nosotros. Por eso es que nos resulta imposible entender muchos de nuestros pensamientos, anhelos, actitudes y actuaciones en una determinada vida, pues estos se derivan de una vida anterior que generalmente olvidamos.


Cada vagón es diferente, tiene sus especificaciones y su vida propia, pero debe alimentarse de la memoria del anterior para poder cumplir a cabalidad su función, su propósito final y no puede bajo ningún concepto desligarse del motor, de la fuente álmica, pues permanecería estancado. Por lo que el número de vagones podría variar dependiendo de cómo nos desenvolvamos en cada vida, pues podría ser necesario repetir algunas o agregar otras al proyecto que inicialmente elaboramos y nos trazamos como meta en nuestra estadía terrenal. 

¿Han visto lo que pasa con el mercurio cuando se rompe un termómetro? al caer, el mercurio se fragmenta, pero cada porción conserva las propiedades del mercurio intactas, y cuando tratamos de recogerlas, se vuelven a dividir. 


Algo parecido nos ocurrió a nosotros los seres humanos, somos un solo Ser, que sufrió un pequeño big bang y nos fragmentamos, y cada parte cobró vida propia y tiene la potestad o libre albedrío de seguir dividiéndose o multiplicándose, y permanecemos como un colectivo en el planeta Tierra.
 
Cada uno de nosotros es como un tren independiente y autónomo, y fabricamos tantos vagones como experiencias de vida necesitemos vivir para pasar a usar otro tipo de vehículo, otro medio existencial, y traspasar los límites de la dimensión terrestre o tridimensional.


Cuando hayamos llenado todos los vagones de vivencias esclarecedoras, y finalizado todos los proyectos trazados desde nuestros inicios, los vagones se fundirán unos a otros , y formaran un condensado de información, y el motor (nuestra alma) cesará definitivamente su carrera, se detendrá, y transformará dicha fusión o condensado en memoria cuántica, para abordar el próximo vehículo para la siguiente fase evolutiva, que podría ser por ejemplo un gran camión tanquero, de esos indivisibles que llevan todo en su interior y no tienen necesidad de interactuar con el exterior como los trenes, ya que estos camiones son sólidos, autosuficientes y completos, así seremos nosotros al termino de nuestro aprendizaje tridimensional.  

La siguiente fase evolutiva no se hará en este planeta Tierra, ni probablemente en este universo, conocido y desconocido a la vez, pasaremos a un plano existencial más independiente, menos denso y confuso, menos vigilado y observado por otros seres vivos que también están en proceso de evolución, un plano que no necesita contraerse y expandirse constantemente. Pasaremos a un plano más absoluto, más soluble e ilimitado, y también más autónomo, un plano que se crea y se disuelve instantáneamente a cada necesidad del Ser que lo habite. 


Transitaremos por él con la elasticidad de una plastilina o masilla y la consistencia de una gelatina, o sea, que mientras este plano es toda rigidez, aquel será toda flexibilidad, es por eso que debemos tratar de ser lo más flexibles posible en este plano terrenal, soltar la rigidez y fluir, para poder trascender al otro.

Si por alguna razón nos vemos en la necesidad de entrar nuevamente a este plano, al planeta, al auxilio de algún alma con la que interactuamos y a la que amamos y extrañamos, lo haremos de manera inmaterial, solamente como presencia energética, como destellos de luz a través de fuerzas invisibles, intocables y mayormente imperceptibles. Le susurraremos en sueños aquello que deben hacer para avanzar en su proceso evolutivo, o le iremos dejando pistas y señales visibles, esas que solemos llamar coincidencias, suerte o sincrodestino.  

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Hacer lo correcto

Amables lectores, deseo compartir este relato que escribí para la comunidad “’Escribiendo que es gerundio”, ya que tiene una connotación reflexiva.

Debían usarse estas tres palabras para construir el relato: 
“Desvergüenza / comparecer / cristalino”.

A continuación el relato

LA REUNION


La reunión se extendió demasiado, estaba en su punto más candente para unos, para otros ya había pasado lo mejor. En cambio para mí, todo era un tremendo fastidio, tenía una inquietante sensación de nauseas, estaba asqueada de escuchar tantas barbaridades, de ver como disponían de la vida de otros con tanta desvergüenza, sin un ápice de compasión.

Para ellos, los dueños de la compañía, los promotores del proyecto y las autoridades del país, solo importaba el dinero. Su desmedida ambición y su despiadado egoísmo, lo disfrazaban de progreso, “será un importante foco turístico”, decían, así defendían y justificaban el demoledor e inhumano desalojo. Que no solo afectaba a la gente, también a las demás vidas que allí habitan, afectaban al ecosistema completo, pero eso a nadie parecía importarle, solo a mí, y pensé para mis adentros “No debí comparecer a esta reunión”. 

No aguanté un minuto más después de escucharle decir a alguien, que esas personas estarían mejor muertas, porque nada bueno tienen que ofrecer a la sociedad, y ver como todos rieron y asintieron.

Me paré como de un resorte y dije lo siguiente: 

Mi presencia aquí es innecesaria y estoy fuera de contexto, mi trabajo ya terminó, he escuchado y grabado lo suficiente para que a nadie le queden dudas de lo que aquí se perpetuó.

Dicho esto, salí huyendo despavorida, pensando que podrían correr detrás de mí para quitarme la grabación, pero al parecer o no me prestaron atención y no escucharon mis palabras, o no les importó, después de todo, son los dueños y señores de la nación.

Conduje por una hora sin rumbo fijo, solo deseaba poner en orden mi cabeza, sacar de ella esas últimas palabras escuchadas, esa risa colectiva y esa maldita reunión.

Necesitaba calmarme, ansiaba estar en paz, y recordé ese hermoso lugar en las afueras de la ciudad, que por cierto, sin darme cuenta, pareciera que yo conducía hacia allá, porque estaba a escasos minutos del lugar.


Al llegar me detuve y me quedé un rato en el auto, para asegurarme de que todo estaba bien y que nadie me siguió, luego me acerqué a ese tranquilo rio, lo vi mas cristalino que de costumbre, mi imagen reflejada parecía navegar junto a él, me invitaba a sumergirme y purificarme, relajarme y soltar todo allí, así lo hice y mis lágrimas se fundían con sus aguas y le contaban de mi tristeza, le decían que muy pronto su hermoso entorno iba a cambiar, y era muy probable que también a él lo fueran a violentar.

Salí renovada y decidida a hacer lo correcto, al menos lo debía intentar, hice una llamada y conduje serena, al llegar al programa de televisión me esperaban con ansias para dar las primicias de algo que desencadenaría un revuelo, y ojala que también un cambio favorablemente humano, y vital para encausar la nación por el camino del amor.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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martes, 26 de septiembre de 2017

Escribir una necesidad / comentar un lujo necesario

Los que por alguna razón u otra, sentimos un llamado a escribir, sabemos que es un arte que sale del corazón, lo hacemos primeramente para nosotros, por mera necesidad, pero esta necesidad, a veces implica ir más allá de la propia exclusividad, y del simple hecho de dejar salir y ventilar nuestras emociones, pensamientos y sentires, para descargarnos un poco o visualizarlos mejor desde el exterior.

Llegado el momento se hace necesario compartir esas inquietudes, esa exclusividad, esos escritos con alguien. Generalmente no son las personas más cercanas a nosotros, con quienes terminamos compartiéndolos, ellos piensan que nos conocen bien y que no tenemos nada nuevo que decirles, nada que ellos no sepan, craso error, y nosotros, aunque no pensamos igual, dejamos de mostrárselos al ver su negativa, o porque intuimos su reacción y respuestas.

Quizás, por qué no decirlo así, esta sea una de las razones por la cual nos animamos a crear un blog, o vaya usted a saber por qué, hay tantas razones como blogs en la blogosfera. Unas veces por soledad, desidia o aburrimiento, otras porque está de moda y queremos estar al corriente, o simplemente para satisfacer nuestro ego, o porque sencillamente se nos antojó... 

Otra razón es para encontrar alivio o consuelo en alguna respuesta o comentario de algún lector ajeno a nosotros, que pueda captar nuestra óptica o mostrarnos una diferente, sabemos lo importante que es la retroalimentación para todo escritor. 
Deduzco que por este motivo, porque le damos importancia a esos comentarios en dichos blogs, surgió esta idea de galardonar con el siguiente diseño gráfico (muy hermoso y creativo por cierto), a las personas que acostumbran a dejar huellas en nuestro espacio virtual, como una halagadora forma de incentivar a todos a hacerlo.


Aunque no me agradan las premiaciones o galardones, ya que llaman a la competición y generalmente dejan más malestar que alegrías, debo expresar que este no es precisamente el caso. Por esta razón agradezco formalmente a 
+Emerencia Joseme (una de las creadoras de este incentivador galardón), por tan hermoso gesto de dedicarme, junto a otros compañeros, esta nominación a dicho premio.

Al igual que una primera vez lo acepté de la mano de +Mila Gomez, una querida amiga de este ciber espacio, lo acepto con humildad. Y saltándome de nuevo las reglas que conllevan recibirlo, lo comparto con los amigos bloguers o googleros que con tanto entusiasmo y desprendimiento gustan plasmar sus comentarios, aportando sabor y nuevas voces a las publicaciones.

Gracias de corazón, es un verdadero gozo haber encontrado tanto cariño, sabiduría y compenetración en esta gran comunidad virtual, que dicho sea de paso está llena de virtudes y de virtuosos.

Aprovecho la ocasión para exhortarlos a todos a COMENTAR, no por el galardón, si no por lo mucho que pueden significar o aportar sus huellas (únicas y muy valiosas) para cualquier compañero lector y para el escritor.

Recuerden esto cada vez que lean algo 
“Escribir es una necesidad, comentar es un lujo necesario”

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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miércoles, 13 de septiembre de 2017

El otoño

Empezaré por decirles que mi signo zodiacal es capricornio, que pertenezco al elemento tierra, y que además, según mi codificación de colores (la cual me hicieron hace muchos años ya), con relación a mi físico facial, soy otoño, 
(http://www.mujeresymadresmagazine.com/paleta-color-estaciones/)así que no es casualidad que me sienta atraída por el color otoñal de la tierra, el marrón, el cobre y el dorado. 
Aunque les confieso, que a pesar de esa gran atracción, mis colores favoritos son el azul y el violeta, pero me encantan los colores de mi estación, me decanto por ellos, por imágenes como esta que les muestro a continuación, imágenes otoñales, donde el bronce, el marrón y el dorado prevalecen.

Por cierto me encantan los alces, son tan elegantes. 

A pesar de toda esta realidad que les cuento, nunca he podido ver y apreciar personalmente esta estación, en mi país vivimos en un eterno verano, que en cierta época tiene rasgos primaverales, por las flores y el canto de las aves tan marcado, y otras veces tiene rasgos otoñales, por el soplo tenue de la brisa fresca, y la menor incidencia de los rayos del sol; los rasgos invernales nos están vetados por completo. Pero el lado bueno de esto es que en cualquier época podemos ir al campo, al río o la playa y pasear al aire libre con ropas ligeras, algo que muchos desearían poder hacer.

Aunque todavía deseo ver nieve como una de mis prioridades antes de partir, (estuve en N.Y. esperando el 2015, salí dos días antes de una fuerte tormenta de nieve, ¡Uf que alivio!, quería ver nieve pero no tanto así), como comprenderán también me encantaría visitar un país en otoño, pasearme por entre los árboles y sentir el crujir de las abundantes hojas caídas y secas, tirarme sobre ellas y ver a mí alrededor ese paisaje dorado, bronce, anaranjado y marrón, además sentir la brisa fresca y fría que bese mis pies, mi rostro, que azote mi cuerpo y me obligue a llevar un abrigo ligero.

¡Uhmm! Me imagino pasando unos días aquí.

Me hace mucha ilusión ver el otoño, quizás sea hora de hacer planes en serio y preparar ese viaje a algún lugar, ya que se aproxima. Y hablando de otoños debo tocar también otro aspecto que hace alusión a él, se trata del otoño de la vida. Esa etapa en la que empezamos a declinar y a presentar algunas limitaciones, el preámbulo de la vejez, del invierno de la vida. Tiempo de reflexionar y repasar nuestras actuaciones y nuestro sentir, qué logramos y que nos falta por hacer, reevaluar nuestras prioridades y nuestra escala de valores, nuestros anhelos y los viejos amores…

Este otoño ya aflorado a mi vida, las primeras en anticiparse fueron las canas, al principio las traté de disimular, pero qué más da, en realidad nunca me preocuparon, así que les di la bienvenida y las dejé estacionarse en mi cabeza y que luzcan glamorosas. 
Luego llegaron los indeseables calores, y definitivamente se quedaron, y las libras de más, que bastante trabajo me ha dado soltarlas, han cedido, pero quedan algunas de más (aunque no soy gorda, pero siempre fui muy delgada). 


En los inicios de este otoño se recrudecen los achaques, el insomnio, la nostalgia…, pero también aumentan las ganas de libertad, de hacer eso que postergamos, de ser auténticos sin importar ya el qué dirán, de soltar…, y vemos la vida de una manera diferente, más calmada, más sensata y concienzudamente. Experimentamos cambios de humor, de apariencia, de pensamientos, de gustos…, de vida. 
No en vano pasan los años y nos vemos en la necesidad de aprender de ellos lo mejor.  
 
Hay que apreciar la vida y sus diferentes etapas, vivimos la primavera, los primeros 25 años, donde crecemos y florecemos, el albor de la vida, luego el verano, los segundos 25 años, donde aprendemos y fermentamos lo aprendido, al calor de la vida. Al llegar el otoño, los terceros 25 años, nos sentimos frescos, deshojados, desnudos y liberados. Desprovistos de poses, reflexionamos y maduramos, nos mantenemos conscientes y firmes en nuestro propósito, con la cabeza  en alto y disfrutando lo esencial de la vida. Finalmente nos sorprende el invierno, aun con bríos y gusto por la vida, por explorar otras emociones, conectamos con la fuente de la sabiduría divina y nos hacemos más sabios, y con paso lento, a veces satisfechos, otras arrepentidos o avergonzados, y mayormente resignados, nos vamos haciendo viejos, preparándonos para marchar, y cualquier día nos vamos temporalmente, hasta que estemos listos para volver y repetir este ciclo todas las veces que lo amerite.  


Si amigos, he sabido apreciar y aprovechar esas dos primeras etapas ya vividas, con sus alegrías y sin sabores, postergado algunas cosas, pero realizado y disfrutado la mayoría de las que me propuse, y el otoño me ha guiñado un ojo y me ha enamorado y acompañado por casi 8 años, ya lo conozco, y debo reconocer que me gusta su compañía, que hacemos una linda pareja, me ha sorprendido todo lo que me ha revelado, y ha traído consigo, tantas claridades, alegrías, complacencias y serenidades, además de un gran gozo interior y un gusto por otro tipo de realidades, de amores, de bienestares…, de deleites espirituales, de esos que lo llenan todo y dejan esa sensación de plenitud, de dicha y entrega incondicional, esa convicción de amarlo todo y ser amada, de saber que estoy haciendo lo que debo hacer, que voy por el camino correcto, el que debo y deseo transitar, por ese sendero que me llevará al encuentro con la única verdad y realidad, con mi esencia pura, fundida con la eternidad.

Deseo y espero poder realizar este anhelo de fundir este otoño que conozco y tránsito, con ese otoño que desconozco y me gustaría palpar; que el plateado de mi pelo se funda con el dorado otoñal, que el color ámbar de mis ojos se funda con el color cobrizo del otoño y que el marrón de mi piel y el de la tierra, se unan en un abrazo fraternal, que seamos dos otoños fundidos en uno solo, soltando, dejando fluir y ser, cambiando y transformándonos, evolucionando a la par.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Anhelos del alma

Existen muchos lugares en el planeta que hacen que surjan los sentimientos más nobles del ser, la mejor de las calmas y el mayor amor que se guarda bien adentro. Lugares donde la vida animal, mineral y vegetal  viven en una comunión perfecta y armónica, y donde el hombre no acostumbra a vivir, solo a visitar muy de vez en cuando. 
Estos lugares te permiten sentir y observar la pureza, la paz, armonía, y excelencia en la convivencia, en ellos hueles la vibración del amor y escuchas el silencio, te bañas en la suave brisa y te meces al compás del fluir de las aguas del río y la cadencia del movimiento de los animales, de su canto…, y te quedas absorto admirando la belleza y perfección de las cosas, las rocas, el suelo y sus minerales…, toda la vida y energía que allí vibra sin parar, sin alterar el orden, sin irrespetar.



Me pregunto ¿Por qué si los humanos somos supuestamente superiores a todas las demás formas de vida sobre la Tierra, no podemos ya vivir así, o imitar al menos esta armonía?, vidas diferentes en feliz unión y comunión. 
Es posible que por el hecho de ser animales racionales (con capacidad para pensar), esto sea el ingrediente extra que lo complique todo. 
De ser así, la causa inmediata no es el hecho de pensar en sí, sino mas bien el descontrol que tenemos sobre esos pensamientos, que en lugar de crearlos y producirlos conscientemente, mayormente lo hacemos de manera inconsciente, y pululan a la deriva, influenciados por el morbo del medio ambiente y la sociedad mundial, a través de las redes sociales y los medios de comunicación, o sea, de la modernidad aberrante y despampanante, y funcionan como virus infecciosos de la mente humana, enajenándonos, doblegándonos y bloqueando nuestra sabiduría interior.
Pero a pesar de todo esto, entiendo que el hombre quiere y desea tener paz, vivir en armonía, por eso lucha internamente con su propio yo, su aparente complacencia exterior se vuelca en su interior, le reclama y tarde o temprano sale a relucir su malestar, su enfado, su insatisfacción, su drama de vida, y se pregunta al igual que yo…
¿Es que los humanos no somos capaces ya de vivir en armonía y entender lo que es la serenidad? Algo así como dejar que las cosas simplemente sucedan y caigan por su propio peso, sin alterarnos o interferir en ellas, como cuando cae una pluma, lenta y silenciosamente..., serena.


Uno de los mayores anhelos del alma debería ser la serenidad, al menos lo es de la mía. Un alma serena está en armonía, equilibrio y paz interior, con estas virtudes lo demás sale sobrando, la alegría y el gozo están garantizados y con ellos el amor, el respeto y la felicidad.

Quiero compartirles estos dos fragmentos del libro “Como un hombre piensa, así es su vida”, de James Allen, ambos fragmentos están en el ultimo capitulo, que se titula Serenidad

Usaré una imagen que habla por sí sola de serenidad, para separar ambos fragmentos.

“La tranquilidad de la mente es una de las bellas joyas de la sabiduría, es el resultado de un esfuerzo largo y paciente en el dominio de sí mismo. Su presencia es indicadora de una experiencia madura, y de un conocimiento más que ordinario de las leyes y el funcionamiento del pensamiento.
Un hombre alcanza la tranquilidad en la medida que se entiende a sí mismo como un ser que evoluciona del pensamiento. Para tal conocimiento necesita entender a los otros como el resultado del pensamiento, y mientras desarrolla el entendimiento, y ve con mayor claridad las relaciones internas de las cosas por la acción de causa y efecto, cesa su agitación, su enfado, su preocupación y su congoja, y permanece en equilibrio, inalterable, sereno. 
El hombre calmado, habiendo aprendido cómo gobernarse, sabe cómo adaptarse a otros; y estos, a su vez, reverencian su fortaleza espiritual, y sienten que pueden aprender de él, y confiar.” 


“Aquel equilibrio de carácter que nosotros llamamos serenidad es la lección final de la cultura; es el florecimiento de la vida, el fruto del alma. Es precioso como la sabiduría, ha de ser más deseado que el oro – sí, más que el fino oro. Cuán insignificante se ve quien sólo busca el dinero en comparación con una vida serena – una vida que mora en el océano de la Verdad, por debajo de las olas, fuera del alcance de las tempestades, ¡en Eterna Calma!”

Si desean leer el libro está en la página PDF libros del blog.

Soy de las que creen fervientemente que se puede lograr vivir en armonía y paz, si antes se pudo, cuando el hombre estaba consciente de todo, de su rol en este mundo y de su conexión con todo, ¿Por qué ahora no se podría lograr? Es solo cuestión de evolucionar en la manera de pensar y de crear los pensamientos, en la manera de ver a los demás y de reaccionar ante los efectos que causan y causamos, es cuestión de despertar y mantenernos despiertos a la realidad de la existencia colectiva y atentos a los anhelos del alma individual, hasta unificar esos anhelos en un solo sentir y colmar el planeta de armonía y paz. 

No pierdan las esperanzas de un mundo de amor y paz, de armonía y serenidad, y cuando nos sintamos flaquear, recurramos a este “A veces, solo a veces” que les dejo a continuación…

El texto contenido en la siguiente imagen que he preparado, lo pueden encontrar en el siguiente enlace:

Es un hermoso poema de la autoría de María Guadalupe Munguía Tiscareño con el que quiero ponerle fin a esta reflexión.



I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Un fragmento de esta entrada fue publicado en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2017/09/09/anhelos-de-armonia/

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

jueves, 31 de agosto de 2017

La ruleta de la vida

Se dice que la vida es una rueda o ruleta que gira y gira y nunca para, ni siquiera al morir, pues la muerte no es definitiva, es temporal. También se dice que la vida es una lotería de suerte mayor, no sabemos cuándo ganaremos ni cuando perderemos, es más bien arriesgar, girar la ruleta y esperar. El juego no tiene final y desconocemos su comienzo, la clave es mantenerse jugando, es la única forma de no perder el juego, girando la rueda podemos perder una partida, pero no el juego. 



Cada ser humano tiene su forma particular de girar la ruleta de la vida, inspirarse y desear ganar o al menos subir el puntaje a su favor. Es fácil jugar, pero no es fácil acertar, aunque para algunos tampoco resulta fácil girar la rueda y  jugar, prefieren mantenerse al margen de la vida, dejarla pasar…, sin tristezas, pero también sin alegrías, carente por completo de emociones, cada cual es libre de elegir.

Entre giros y giros, partidas y partidas, apuestas tras apuestas, nos pasamos la vida, la mayoría de las personas, ni siquiera se pregunta lo que de verdad desea, y menos lo que le conviene, solo se deja llevar por lo que cree que le gusta, que muchas veces no es más que mera influencia del medio, nada particular o personal, y se mantiene mareado, dando vueltas sin tener un propósito verdadero, por eso hay tanta infelicidad.


Andamos corriendo detrás de sueños ajenos que creemos propios. Nos pasamos la vida deseando miles de cosas que creemos necesitar, cuando en realidad, las cosas que verdaderamente necesitamos, nunca nos faltarán.
Sea cual sea tu elección, elige con el corazón, deja a un lado la razón, el qué dirán o la complacencia familiar y social. 

Regálate unos segundos y haz el siguiente ejercicio:
Por un momento visualízate en medio de la nada siendo el centro de todo, sé tú mismo, no mires atrás, pero tampoco adelante, solo cierra los ojos y céntrate en ese instante, llena esa nada con tu todo y deja fluir tu vibración interior, dale un respiro al alma y suelta toda presión, inunda el aire y el espacio con tu aroma y con tu amor, disuelve tu ego, pero reconoce tu valor.


Este tipo de experiencias ha sido gratificante para mí, saber que soy la Nada y el Todo a la vez, que estoy en todos los lugares al mismo tiempo, es increíblemente maravilloso, me ha permitido adentrarme en la inmensidad del universo, sus galaxias…, y también en lo profundo de la tierra, su subsuelo, rocas, el mar… Todavía me faltan muchas experiencias más de este tipo para poder soltar este plano terrenal al que nos apegamos demasiado pronto, sigo trabajando en eso. 



Saber que somos tan vastos y tan poderosos, asusta, pues no todos estamos preparados para usar ese poder de manera que ante todo predomine el amor, supongo que por esa razón todavía nos queda mucho trabajo por hacer en la Tierra, para poder traspasar a otros planos de la existencia definitivamente.

Gira la ruleta y baila al compás de su giro, detente con ella solo un instante a mirar, y vuélvela a girar y baila de nuevo, no pierdas el ritmo, hasta volverte la ruleta, el giro, el baile, el objetivo a alcanzar, la vida es para disfrutarla y nada más. 


Disuélvete en ese eterno dar vueltas y parar a mirar, si aciertas bien, y si no, sonríe y sigue girándola y danzando, imprímele sentido a tus días, la vida no espera y nunca se detendrá. 

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Esta entrada fue publicada en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2017/09/02/la-ruleta-la-vida/

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

jueves, 24 de agosto de 2017

Creer, confiar y agradecer

Dicen que “Para muestras basta un botón”. En este enlace 
http://riouruguayseguros.com/site/el-origen-de-las-frases-ilustres-4/, me acabo de enterar que la frase se refiere a un botón de camisa (me creerán ignorante pero hasta hoy relacionaba esa frase con un botón de rosa). El dicho hace alusión a que hay personas que tienen un ojo clínico para descifrar y sacar conclusiones (para mayor entendimiento vean el enlace superior), pero la mayoría no es así, necesitan “Ver para creer” como cuentan del nombrado santo Tomás, y haciendo referencia a mi error con respecto a la frase, la mayoría necesitan ver el rosal completo. 


Haciendo un buen repaso de nuestra vida, podemos ver la cantidad de buenos momentos que hemos vivido o de los momentos dolorosos sufridos, que precisamente es en esos momentos de dolor cuando mas necesitamos y queremos ser ayudados y apoyados, y cuando mas ameritamos creer y confiar en que vendrá la ayuda o el consuelo. Pero si lo pensamos bien, en todo momento necesitamos esa ayuda divina, sin ella los momentos felices serian menos.
¿Alguna vez han pensado en las mínimas cosas en que hemos sido ayudados y apoyados por alguien o por alguna fuerza divina para sentirnos seguros y a salvo? Es muy probable que solo nos fijemos en las grandes cosas y no les prestemos atención a esas pequeñeces que construyen la grandeza de nuestra vida, esas que son la base para llegar a la meta y que sin esas pequeñas ayudas, de seguro no lo hubiéramos logrado.

Siempre me he caracterizado por ser agradecida, tanto de las pequeñas cosas como de las grandes, pero de un tiempo a esta parte he entendido que no existen las pequeñas cosas que agradecer, si no que cada cosa que agradecer es más grande de lo que pudiéramos imaginar. Nunca sabremos a ciencia cierta la magnitud de la ayuda que recibimos a diario, independientemente de que nos demos cuenta o no, de que lo demos por sentado, de que lo creamos o no y de que lo agradezcamos o no... Les contaré una anécdota reciente.


Bajando del parque de una de mis caminatas, precisamente cuando tomé las fotos para mi entrada anterior (la de los árboles), se me hizo de noche. Las escaleras entre los farallones son solitarias y se tornan peligrosas, especialmente porque hay cuevas y alguien se puede esconder y sorprenderte para hacerte daño, como ha sucedido a otras personas. No es algo en lo que piense mucho, pero prefiero evitar que lamentar, y ese día no lo evité, subí mas tarde de lo acostumbrado, por lo cual se hizo de noche.
Al finalizar mi caminata, cuando estaba próxima a llegar a las escaleras, pedí protección divina, o que al menos alguien en quien me sintiera confiada bajara al mismo tiempo que yo. A pesar de estar oscuro y algo solitario, antes de abordarlas y bajar, me sentí motivada a bajar al lago un minuto, está justo al frente, dudé pero seguí mi intuición y lo hice, total, me dije, ya oscureció de todos modos, baje unos minutos y luego subí y me dirigí a las escaleras, vi que iban a bajar dos personas que estaban ejercitándose también, al acercarme y alcanzarlos di las gracias a la divinidad por conceder mi petición y me dispuse a bajar justo detrás de ellos, pude ver a un joven alto y fuerte bajando, y delante de él a un señor algo mayor que llevaba un fornido y hermoso perro negro ¿O más bien el perro lo llevaba a él?..., era obvio que el joven deseaba rebasarlo, pero definitivamente no se atrevió. 

Mi sorpresa no fue constatar que mi petición fue escuchada al encontrar compañía, eso ya lo intuía y esperaba, sino que además de ellos estuviera también ese hermoso e intimidante ejemplar canino, quien definitivamente ahuyentaría al más peligroso criminal. Fue como queriéndome decir: “¡Hey!, por si tenías alguna duda”, me sonreí a mi misma y me dije “!Dios, te pasaste!, siempre me sorprendes”, me sentí más protegida que nunca antes al transitar esas escaleras.   


Episodios como este me llenan de satisfacción, me dan la oportunidad de agradecer doblemente mis bendiciones, se dan tan a menudo que no hay forma de dudar que soy una privilegiada, al igual que lo somos todos, que algo me guía y ofrece protección, y por fin, desde hace pocos años, he aprendido a aceptar que es porque lo merezco. 
En todos los años que llevo subiendo al parque, he visto a muchas personas pasearse con su perro, pero nunca había coincidido con ninguno bajando las escaleras. Podría preguntar por qué ese día sí, aunque también sé, y reconozco que si no me hubiera detenido esos minutos en el lago, si no hubiera seguido mi intuición, que es el llamado del alma a través del espíritu, que es quien mantiene nuestra conexión con la divinidad, no los hubiera encontrado en mi camino. 

No es que piense o sienta que de no ir primero al lago, algo malo me hubiera ocurrido, sino más bien de lo que me hubiera perdido si no lo hacía, de ese agradable momento de satisfacción, seguridad y alegría que sentí, al verme tan custodiada en respuesta a mi petición.

Dicen que Dios, la divinidad, el universo, la consciencia universal, la gran mente, la fuente divina o como le quieran llamar, (prefiero llamarle Dios aunque con una visión diferente a la generalizada), escribe derecho en líneas torcidas. Aunque me gusta esa alegoría, creo que es más bien que si caminamos por los senderos que esta entidad universal y divina nos señala, no hay forma de perder el equilibrio y que las cosas nos salgan mal, pero como no siempre lo hacemos, lo perdemos y nos salen mal, o mejor dicho, erróneas y aleccionadoras.


Ustedes me dirán, qué se necesita para creer en esa protección divina, para seguir esa intuición que a última hora cambia nuestros planes, para creer en ustedes mismos como parte de esa divinidad, de esa fuerza superior que lo rige todo, lo encausa..., y si se desvía, lo vuelve a encauzar. Que necesitan para aceptar que no todo se debe al cuerpo y su fuerza física, al intelecto, para creer que hay cosas que dependen más de lo inmaterial, de lo invisible y lo intangible, del espíritu y su energía creadora y conservadora, del poder mental y su fuerza de atracción, y de confiar en que los resultados obtenidos serán los mejores. 

¿Qué necesitan para creer y confiar?

Yo les respondo, una alta dosis de fe (creer y confiar en lo que no se ve, pero existe). Autoestima para reconocer que somos valiosos y amados, y que estamos bajo protección divina constante. Autoconfianza y seguridad en que somos poderosos, y nuestras decisiones son guiadas por una fuerza protectora mayor y superior a la nuestra, y que aliada a la nuestra, es indestructible e incorruptible. Por último, soltar todo control y dejar fluir a esa energía que vibra a nuestro alrededor. 

Algunos pensaran al leerme que es fácil creer cuando las cosas salen bien, cuando todo nos sale a pedir de boca y cuando somos felices, pero yo les digo que muchas veces las cosas no me han salido bien, que no han sido a pedir de boca y no siempre estoy feliz, y sin embargo nunca he dejado de creer, confiar y agradecer, porque sé que cuando las cosas no han salido bien, ha sido por mi falta de atención y por no llevarme de mi intuición, o quizás por molestar y llevarle la contraria a alguien, por mi soberbia y testarudez, o por mi afán de control.


Hagan un repaso de sus vidas, de esta y de las anteriores, de algunos de esos momentos decisivos y de su preámbulo, sean sinceros con ustedes mismos y vean cuantas veces han creído, confiado y agradecido en esos momentos, y analicen los resultados obtenidos. Si no han creído, ni confiado y mucho menos agradecido, a partir de este momento empiecen a sopesarlo y a hacerlo, notarán un cambio muy favorable en sus vidas.
 
No pierdan la oportunidad que cada día nos ofrece para constatarlo. Podría sufrir un accidente o ser atracada al subir las escaleras en pleno día mañana, pero pueden estar seguros de que si sucede, no es porque la divinidad no me ofreciera protección o porque dejara de creer, confiar y agradecer, sino porque esa ha sido mi necesaria y particular elección para lograr un aprendizaje que me proporcionará un bien mayor.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.