viernes, 4 de marzo de 2016

Un hermoso fin de semana

Este último fin de semana de febrero, estuve de gira con mis hijas, mi hermana menor y un grupo de jóvenes conociendo “Bahía de las águilas”, área protegida como patrimonio nacional por sus riquezas naturales, con una hermosa playa y litoral marino, parte de este paraíso llamado República Dominicana.

Mi hermana Milli posando junto a mí para las cámaras
Salir nuevamente con algunos de los participantes del viaje al Pico Duarte, ya significaba en sí una alegría, compartir con ellos es todo un deleite personal, son jóvenes sensacionales y muy valiosos, estar acompañada de mis hijas y mi hermana, hizo la travesía más emotiva aún. 




Conocer tantos lugares del país que no conocía, me llenó de satisfacción. A pesar de las limitaciones que tiene el Sur del país con un clima seco y tierras áridas, es una belleza digna de visitar, y apreciar sus riquezas naturales, culturales y paisajistas, toda una emoción.

Un recorrido muy ameno y diversificado, visitamos el balneario “Los patos” aguas dulces, frías y cristalinas, con un paisaje a lo largo del río muy hermoso. 

Atravesamos varios pueblos del Sur hasta llegar a Pedernales, con una vegetación más abundante, calles amplias y limpias, gente amable y singular, buena comida y atenciones propias del dominicano, que suele ser generoso y de gran corazón.





Llegar a nuestro destino principal fue toda una alegría, toda esta zona está protegida, playas vírgenes de largo alcance, arenas blancas y aguas cristalinas.  





Dos de nuestros amigos, mis hijas y mi hermana posando conmigo en un pequeño mirador que permite apreciar toda la bahía.









Mi hija Emilia posando con dos de sus amigos. 








El litoral rocoso es la mayor de sus bellezas, hay un mágico encanto en hacer la travesía en bote.









Un fin de semana ameno y diferente, donde el espíritu se eleva por lugares encantados para sentir de cerca la divinidad escondida en ellos, y disfruta de un atardecer impresionante.






Dormir en casa de campaña a la orilla del mar y al compás de las olas, es una experiencia gratificante, sobre todo para los que sufrimos de insomnio, ese vaivén ayuda a conciliar mejor el sueño a pesar de la incomodidad.








Un lindo amanecer nos saludó mucho antes de abandonar la playa hacia nuestro siguiente destino. 











Encontrarse en esta poza de agua dulce, escondida en medio del camino, la cual aprovechamos para quitarnos la sal y algunos para hacer su mejor clavado, no tiene precio, y admirar tanta belleza y perfección en la naturaleza es ya de por si un gozo espiritual.
 

Otro de nuestros destinos fue visitar “El hoyo de Pelempito” la mayor depresión geológica registrada en el país, ubicado en la Sierra de Bahoruco, localizado a mas de 700 m bajo el nivel del mar, con una extensión aproximada de 10 km², bordeado de grandes y elevadas montañas de más de 1,000.00 m. 






Mi hija mayor Viola, posando para las cámaras junto al Hoyo de Pelempito al fondo a la derecha.






Se puede admirar junto a su entorno desde una gran terraza mirador, la belleza sin igual del paisaje en su conjunto, la temperatura algo fría, con brisa fresca muy agradable, la fauna muy variada, aunque no se puede apreciar por la gran distancia que lo separa del mirador.
Las montañas cubiertas de vegetación y mucha niebla y sobre todo el majestuoso silencio y tranquilidad que se respira en ese lugar, hacen de esta experiencia algo inolvidable, se hace imposible describir esa sensación, es un santuario lleno de riquezas que nuestra fuente de poder supremo debe visitar muy a menudo. 

Mis dos hijas junto a varios amigos.



I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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