martes, 5 de julio de 2016

Las etiquetas

Lo cierto es que no sé por dónde empezar esta reflexión, quizás deba hacerlo por el motivo que la originó. Pues bien, como si me cayera un rayo sufrí un flash mental que me hizo sentir el rechazo a aceptar otra etiqueta, pensé de forma repentina y me expresé a mí misma, ¡Estoy hastiada de etiquetas, me niego a admitir una más!

No sé exactamente por qué rumbo vagaba mi mente ni quién o qué entidad en ese momento le sugería un calificativo que para muchos seria halagador (trabajador de la luz), pero que a mí me hizo sentir molesta al punto de gritar en mi mente que estaba harta de etiquetas. ¿Con quien hablaba? No lo sé, imagino que era el sugerente ego queriendo hacerse el gracioso, se le olvidó lo pesada y rara que soy, como era de esperar lo mande a freír moscas, de veras que me sacó de quicio ese susurro de la mente. 


A la velocidad de la luz hice un repaso de mi vida y de repente todo convergía a esta palabra “Etiqueta”. Me dije ya no quiero ser nada más. 

Sin tomar en cuenta todas las vidas que he tenido, en esta ya tengo demasiadas etiquetas. Soy un humano mujer, hija, hermana, sobrina, prima, amiga, tía, esposa, madre, cuñada, comadre… Dominicana, ingeniero, tasador, creativa, perfeccionista, trabajadora, organizada… Refunfuñona, mandona, insufrible, necia, rara, anormal, introvertida, incrédula, aguafiestas, controladora… Consecuente, justa, indomable, rebelde… 

Se me podrían ocurrir cien etiquetas más, la lista de calificativos se vuelve casi infinita, me doy cuenta de que eso es lo que nos hacen creer, que somos y debemos ser, ca-li-fi-ca-ti-vos que no son otra cosa que “Etiquetas”, roles que sirven para ponernos límites y obligaciones, desenfocarnos y desviarnos de lo que verdaderamente somos. 

Mantenernos bien ocupados para que no podamos disponer del tiempo para pensar con claridad, en control y equilibrio de nuestros pensamientos y emociones, es lo único que se consigue con perseguir ser etiquetas. Nos han hecho creer que somos una fábrica de etiquetas y que mientras más tengamos mejor. Pero mejor ¿Para quién? para los poderosos y ambiciosos dueños y señores, creadores del terror y el pánico generalizado, así solo deben pasarnos por el verificador de valores y ponernos un precio o desecharnos si no les servimos para sus fines maquiavélicos. Je, je, toda una burla al espíritu libre que somos y al potencial ilimitado que poseemos.

Perdón, siento que debo darle una orientación generalizada a este tema, aquí voy, no faltaba más, las imágenes hablan por si solas.





Saben amigos, cuándo creé el blog después de mucho tiempo fue que le puse las 5 etiquetas que tiene, no entendía a que se referían con eso de etiquetas y no le presté atención, cuando creí saber de qué se trataba decidí ponérselas, tardé mucho en seleccionarlas o más bien crearlas para incluirlas en el blog, luego lo averigüé mejor y noté que las que puse no tenían nada que ver con las que generalmente la gente coloca en sus blogs, no parecía tener mucho sentido mantenerlas ahí, al fin de cuentas todas mis entradas son reflexivas y van por la misma línea o finalidad. Me pregunté ¿Para qué lo hice? y llegué a pensar en cambiarlas o eliminarlas luego me dije ¿Por qué? Están como deben ser y donde deben estar, aunque no se parezcan en nada a las demás.

Desde siempre nos instruyen para sentirnos motivados a ponernos etiquetas y a ponerles a los demás, desde muy pequeños nos enseñan a usarlas y hacer referencias de ellas para todo. ¿Será posible vivir en un mundo sin etiquetas? ¿Cómo sería la interacción entre nosotros, si no tuviéramos necesidad de etiquetar y etiquetarnos para lo más mínimo? sin necesidad de tener un documento de identificación o curriculum vitae para que nos reconozcan.

¿Se dan cuenta de que si usáramos nuestra inteligencia superior o sabiduría innata reconoceríamos las almas de inmediato y de que si aprendiéramos a comunicarnos telepáticamente, sin necesidad de malgastar tanta energía, estaríamos mas unidos, saludables y felices?


Sé que cuesta desprendernos de tantas costumbres y etiquetas que solo nos crean una falsa identidad, siempre apegados a necesitar una referencia de algo o de alguien, esto crea dependencia emocional y psicológica, escasez o ausencia total de libertad.

En fin, la única etiqueta que debería decirle algo a mis sentidos es “libre”
En lo adelante cuando me pregunten quien soy diré “Nadie”, ya todo lo fui. 
Si me preguntan qué esperas de la vida diré “Nada”, ya todo lo tuve. 
Si me preguntan qué ofrezco a los demás diré “Todo” lo que aún habita en mí. 

Por último, si acaso me preguntaran para qué y con qué fin existo, diría muy segura de mí “Para ser libre y feliz”, aunque quizás este no sea el verdadero objetivo, por alguna poderosa razón es el que me anima a fluir al compás del corazón.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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