viernes, 11 de abril de 2014

Rompecabezas de emociones

De seguro que somos muchos los que alguna vez en la vida hemos tratado de armar un rompecabezas y hemos comprobado lo entretenido y gratificante que puede ser completarlo, mientras más grande y complejo, mayor satisfacción personal.


Si por casualidad acostumbran y gustan tanto de armarlos como yo, habrán podido notar que si empezamos a armar primero todo el contorno y luego agrupamos las piezas por colores parecidos de acuerdo a la guía, se facilita grandemente el trabajo, lo primordial es la observación, luego la visualización de lo observado en las piezas (formas, colores, patrones similares, etc.), además la destreza y agilidad visual y mental, y finalmente el sentido de orientación, la lógica y el sentido común.

Nuestra vida se puede comparar con un complejo o un simple rompecabezas, donde las emociones diarias vienen a ser las piezas que debemos colocar para finalmente ver terminada nuestra obra o propósito de vida.

Si de la misma manera que clasificamos las piezas de un rompecabezas antes de empezar a armarlo, clasificáramos las emociones, visualizándolas (pero con el corazón), o sea, sintiéndolas, identificándolas y dejándolas surgir y ser con vida propia, ubicándolas primero en el contorno para enmarcar y proteger las venideras y luego ir colocándolas y encajándolas en su lugar según van apareciendo y manifestándose y no tratáramos de forzarlas, matizándolas y dándoles forma a nuestro antojo, veríamos que este rompecabezas que es la vida es mucho más sencillo de lo que parece.


Así como no podemos cambiar las piezas de forma o color ni colocarlas en el lugar equivocado, de esa misma manera tampoco podemos hacerlo con las emociones, ellas se manifiestan tal cual son y debemos respetar su esencia y naturaleza, darles cabida si encajan en el lugar adecuado o dejarlas ir si no pertenecen a nuestro rompecabezas. Pero primero hay que identificarlas porque si hacemos lo contrario y las desvirtuamos, las emociones terminaran oprimiéndonos y rompiéndonos la cabeza literalmente, dejando nuestro rompecabezas humano con un vacío o hueco imposible de llenar, o lo que es peor distorsionado, dejando borroso, sin forma y color el paisaje de nuestra vida.



Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

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