jueves, 31 de agosto de 2017

La ruleta de la vida

Se dice que la vida es una rueda o ruleta que gira y gira y nunca para, ni siquiera al morir, pues la muerte no es definitiva, es temporal. También se dice que la vida es una lotería de suerte mayor, no sabemos cuándo ganaremos ni cuando perderemos, es más bien arriesgar, girar la ruleta y esperar. El juego no tiene final y desconocemos su comienzo, la clave es mantenerse jugando, es la única forma de no perder el juego, girando la rueda podemos perder una partida, pero no el juego. 



Cada ser humano tiene su forma particular de girar la ruleta de la vida, inspirarse y desear ganar o al menos subir el puntaje a su favor. Es fácil jugar, pero no es fácil acertar, aunque para algunos tampoco resulta fácil girar la rueda y  jugar, prefieren mantenerse al margen de la vida, dejarla pasar…, sin tristezas, pero también sin alegrías, carente por completo de emociones, cada cual es libre de elegir.

Entre giros y giros, partidas y partidas, apuestas tras apuestas, nos pasamos la vida, la mayoría de las personas, ni siquiera se pregunta lo que de verdad desea, y menos lo que le conviene, solo se deja llevar por lo que cree que le gusta, que muchas veces no es más que mera influencia del medio, nada particular o personal, y se mantiene mareado, dando vueltas sin tener un propósito verdadero, por eso hay tanta infelicidad.


Andamos corriendo detrás de sueños ajenos que creemos propios. Nos pasamos la vida deseando miles de cosas que creemos necesitar, cuando en realidad, las cosas que verdaderamente necesitamos, nunca nos faltarán.
Sea cual sea tu elección, elige con el corazón, deja a un lado la razón, el qué dirán o la complacencia familiar y social. 

Regálate unos segundos y haz el siguiente ejercicio:
Por un momento visualízate en medio de la nada siendo el centro de todo, sé tú mismo, no mires atrás, pero tampoco adelante, solo cierra los ojos y céntrate en ese instante, llena esa nada con tu todo y deja fluir tu vibración interior, dale un respiro al alma y suelta toda presión, inunda el aire y el espacio con tu aroma y con tu amor, disuelve tu ego, pero reconoce tu valor.


Este tipo de experiencias ha sido gratificante para mí, saber que soy la Nada y el Todo a la vez, que estoy en todos los lugares al mismo tiempo, es increíblemente maravilloso, me ha permitido adentrarme en la inmensidad del universo, sus galaxias…, y también en lo profundo de la tierra, su subsuelo, rocas, el mar… Todavía me faltan muchas experiencias más de este tipo para poder soltar este plano terrenal al que nos apegamos demasiado pronto, sigo trabajando en eso. 



Saber que somos tan vastos y tan poderosos, asusta, pues no todos estamos preparados para usar ese poder de manera que ante todo predomine el amor, supongo que por esa razón todavía nos queda mucho trabajo por hacer en la Tierra, para poder traspasar a otros planos de la existencia definitivamente.

Gira la ruleta y baila al compás de su giro, detente con ella solo un instante a mirar, y vuélvela a girar y baila de nuevo, no pierdas el ritmo, hasta volverte la ruleta, el giro, el baile, el objetivo a alcanzar, la vida es para disfrutarla y nada más. 


Disuélvete en ese eterno dar vueltas y parar a mirar, si aciertas bien, y si no, sonríe y sigue girándola y danzando, imprímele sentido a tus días, la vida no espera y nunca se detendrá. 

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Esta entrada fue publicada en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2017/09/02/la-ruleta-la-vida/

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

jueves, 24 de agosto de 2017

Creer, confiar y agradecer

Dicen que “Para muestras basta un botón”. En este enlace 
http://riouruguayseguros.com/site/el-origen-de-las-frases-ilustres-4/, me acabo de enterar que la frase se refiere a un botón de camisa (me creerán ignorante pero hasta hoy relacionaba esa frase con un botón de rosa). El dicho hace alusión a que hay personas que tienen un ojo clínico para descifrar y sacar conclusiones (para mayor entendimiento vean el enlace superior), pero la mayoría no es así, necesitan “Ver para creer” como cuentan del nombrado santo Tomás, y haciendo referencia a mi error con respecto a la frase, la mayoría necesitan ver el rosal completo. 


Haciendo un buen repaso de nuestra vida, podemos ver la cantidad de buenos momentos que hemos vivido o de los momentos dolorosos sufridos, que precisamente es en esos momentos de dolor cuando mas necesitamos y queremos ser ayudados y apoyados, y cuando mas ameritamos creer y confiar en que vendrá la ayuda o el consuelo. Pero si lo pensamos bien, en todo momento necesitamos esa ayuda divina, sin ella los momentos felices serian menos.
¿Alguna vez han pensado en las mínimas cosas en que hemos sido ayudados y apoyados por alguien o por alguna fuerza divina para sentirnos seguros y a salvo? Es muy probable que solo nos fijemos en las grandes cosas y no les prestemos atención a esas pequeñeces que construyen la grandeza de nuestra vida, esas que son la base para llegar a la meta y que sin esas pequeñas ayudas, de seguro no lo hubiéramos logrado.

Siempre me he caracterizado por ser agradecida, tanto de las pequeñas cosas como de las grandes, pero de un tiempo a esta parte he entendido que no existen las pequeñas cosas que agradecer, si no que cada cosa que agradecer es más grande de lo que pudiéramos imaginar. Nunca sabremos a ciencia cierta la magnitud de la ayuda que recibimos a diario, independientemente de que nos demos cuenta o no, de que lo demos por sentado, de que lo creamos o no y de que lo agradezcamos o no... Les contaré una anécdota reciente.


Bajando del parque de una de mis caminatas, precisamente cuando tomé las fotos para mi entrada anterior (la de los árboles), se me hizo de noche. Las escaleras entre los farallones son solitarias y se tornan peligrosas, especialmente porque hay cuevas y alguien se puede esconder y sorprenderte para hacerte daño, como ha sucedido a otras personas. No es algo en lo que piense mucho, pero prefiero evitar que lamentar, y ese día no lo evité, subí mas tarde de lo acostumbrado, por lo cual se hizo de noche.
Al finalizar mi caminata, cuando estaba próxima a llegar a las escaleras, pedí protección divina, o que al menos alguien en quien me sintiera confiada bajara al mismo tiempo que yo. A pesar de estar oscuro y algo solitario, antes de abordarlas y bajar, me sentí motivada a bajar al lago un minuto, está justo al frente, dudé pero seguí mi intuición y lo hice, total, me dije, ya oscureció de todos modos, baje unos minutos y luego subí y me dirigí a las escaleras, vi que iban a bajar dos personas que estaban ejercitándose también, al acercarme y alcanzarlos di las gracias a la divinidad por conceder mi petición y me dispuse a bajar justo detrás de ellos, pude ver a un joven alto y fuerte bajando, y delante de él a un señor algo mayor que llevaba un fornido y hermoso perro negro ¿O más bien el perro lo llevaba a él?..., era obvio que el joven deseaba rebasarlo, pero definitivamente no se atrevió. 

Mi sorpresa no fue constatar que mi petición fue escuchada al encontrar compañía, eso ya lo intuía y esperaba, sino que además de ellos estuviera también ese hermoso e intimidante ejemplar canino, quien definitivamente ahuyentaría al más peligroso criminal. Fue como queriéndome decir: “¡Hey!, por si tenías alguna duda”, me sonreí a mi misma y me dije “!Dios, te pasaste!, siempre me sorprendes”, me sentí más protegida que nunca antes al transitar esas escaleras.   


Episodios como este me llenan de satisfacción, me dan la oportunidad de agradecer doblemente mis bendiciones, se dan tan a menudo que no hay forma de dudar que soy una privilegiada, al igual que lo somos todos, que algo me guía y ofrece protección, y por fin, desde hace pocos años, he aprendido a aceptar que es porque lo merezco. 
En todos los años que llevo subiendo al parque, he visto a muchas personas pasearse con su perro, pero nunca había coincidido con ninguno bajando las escaleras. Podría preguntar por qué ese día sí, aunque también sé, y reconozco que si no me hubiera detenido esos minutos en el lago, si no hubiera seguido mi intuición, que es el llamado del alma a través del espíritu, que es quien mantiene nuestra conexión con la divinidad, no los hubiera encontrado en mi camino. 

No es que piense o sienta que de no ir primero al lago, algo malo me hubiera ocurrido, sino más bien de lo que me hubiera perdido si no lo hacía, de ese agradable momento de satisfacción, seguridad y alegría que sentí, al verme tan custodiada en respuesta a mi petición.

Dicen que Dios, la divinidad, el universo, la consciencia universal, la gran mente, la fuente divina o como le quieran llamar, (prefiero llamarle Dios aunque con una visión diferente a la generalizada), escribe derecho en líneas torcidas. Aunque me gusta esa alegoría, creo que es más bien que si caminamos por los senderos que esta entidad universal y divina nos señala, no hay forma de perder el equilibrio y que las cosas nos salgan mal, pero como no siempre lo hacemos, lo perdemos y nos salen mal, o mejor dicho, erróneas y aleccionadoras.


Ustedes me dirán, qué se necesita para creer en esa protección divina, para seguir esa intuición que a última hora cambia nuestros planes, para creer en ustedes mismos como parte de esa divinidad, de esa fuerza superior que lo rige todo, lo encausa..., y si se desvía, lo vuelve a encauzar. Que necesitan para aceptar que no todo se debe al cuerpo y su fuerza física, al intelecto, para creer que hay cosas que dependen más de lo inmaterial, de lo invisible y lo intangible, del espíritu y su energía creadora y conservadora, del poder mental y su fuerza de atracción, y de confiar en que los resultados obtenidos serán los mejores. 

¿Qué necesitan para creer y confiar?

Yo les respondo, una alta dosis de fe (creer y confiar en lo que no se ve, pero existe). Autoestima para reconocer que somos valiosos y amados, y que estamos bajo protección divina constante. Autoconfianza y seguridad en que somos poderosos, y nuestras decisiones son guiadas por una fuerza protectora mayor y superior a la nuestra, y que aliada a la nuestra, es indestructible e incorruptible. Por último, soltar todo control y dejar fluir a esa energía que vibra a nuestro alrededor. 

Algunos pensaran al leerme que es fácil creer cuando las cosas salen bien, cuando todo nos sale a pedir de boca y cuando somos felices, pero yo les digo que muchas veces las cosas no me han salido bien, que no han sido a pedir de boca y no siempre estoy feliz, y sin embargo nunca he dejado de creer, confiar y agradecer, porque sé que cuando las cosas no han salido bien, ha sido por mi falta de atención y por no llevarme de mi intuición, o quizás por molestar y llevarle la contraria a alguien, por mi soberbia y testarudez, o por mi afán de control.


Hagan un repaso de sus vidas, de esta y de las anteriores, de algunos de esos momentos decisivos y de su preámbulo, sean sinceros con ustedes mismos y vean cuantas veces han creído, confiado y agradecido en esos momentos, y analicen los resultados obtenidos. Si no han creído, ni confiado y mucho menos agradecido, a partir de este momento empiecen a sopesarlo y a hacerlo, notarán un cambio muy favorable en sus vidas.
 
No pierdan la oportunidad que cada día nos ofrece para constatarlo. Podría sufrir un accidente o ser atracada al subir las escaleras en pleno día mañana, pero pueden estar seguros de que si sucede, no es porque la divinidad no me ofreciera protección o porque dejara de creer, confiar y agradecer, sino porque esa ha sido mi necesaria y particular elección para lograr un aprendizaje que me proporcionará un bien mayor.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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viernes, 18 de agosto de 2017

Los árboles de mi vida

Amables lectores, esta entrada se la dedico a los que como yo, admiran y les fascinan los arboles, en especial este hermoso ejemplar de la naturaleza, este magnífico árbol que en su etapa florecida, es una esas maravillas de la creación, les hablo del Flamboyán.

Pues esta preciosidad que arriba les muestro, es el paisaje que para estos días
observo desde la ventana del fregadero de mi cocina. Un magnifico espectáculo que sin lugar a dudas, hace más placentera mi estadía en ella, extendiendo el tiempo de permanencia en el lavado de platos, ya que me distraigo y complazco en su admiración. 
De igual forma, cuando subo al parque a caminar, hay muchos de estos árboles, ¡Como lo disfruto! paso tiempo admirándolos, son una gratificante vivencia para los ojos, y el cuerpo lo agradece, y un remanso de paz y agradable sensación de armonía y equilibrio para el espíritu, el cual se siente atraído y conectado a tanta belleza.   

Desde muy niña fui amante de los árboles, me fascinaba treparlos y pasar ratos allí arriba, donde a veces pocos podían llegar, me ayudaba mi delgadez y flexibilidad. Me creerán si les digo que a veces miro algunos y me dan ganas de treparlos, especialmente aquellos que dejan ver lo fácil que sería hacerlo, o al menos intentarlo, pues se me olvida que ya no soy tan joven, delgada y flexible como antes. Uno de estos días voy a decidirme, y saber que se siente a mi edad, estar allá arriba cual si fuera una niña. 


Hay muchos árboles que admiro en ese parque en mis caminatas vespertinas, incluso, tuve una experiencia muy particular en el área del lago artificial que hay dentro del parque. Les cuento...

Sucedió que un día, al abrazar uno de esos árboles (un árbol Mara), cerrar los ojos por unos minutos y conversar con él y agradecerle su existencia, pude oír y sentir algo, como si alguien se acercara, abrí los ojos y pude verlo, su espíritu había salido de su interior y se paseaba por mi derredor, fue una imagen fugaz, la percibí y desapareció rápidamente, pero me ha acompañado desde entonces. 
Supe que era su manera de reafirmarme que mi sentir era recíproco, de inmediato dejó caer dos frutos (semillas), las tomé y me sentí honrada y agradecida infinitamente, al día siguiente las sembré pero no tuve éxito, a veces bajo al lago a saludar a ese árbol, abrazarlo y ver como está.

Pero entre todos esos árboles, hay uno, bueno dos, que me resultan tan significativos y admirables que voy a aprovechar esta entrada para mostrárselos. 

Uno es un alto pino australiano o casuarina, a mi parecer está justo en medio toda la longitud del parque, y tiene un dominio y una vista espectacular de todo el entorno desde su altura. Lo he bautizado con el nombre de “Almirante verde”, por lo ventajoso de su posición, céntrica y con visibilidad sur bien despejada y de frente al mar, por su gran altura y dominio de una buena área del parque, y obviamente por su color. 
Queda justo frente al verdor de un hermoso solar, baldío pero muy bien cuidado, es la única zona sin construir en toda esa área periférica sur del parque, con el azul del mar Caribe de fondo.





El otro árbol es enorme y frondoso, una jabilla o árbol de tung, de la especie Aleuritis, bien adulto y señorial, todo un espectáculo a la vista. 

 

Me impresiona siempre su seguridad de ser, portentoso, fuerte, sentando credenciales en este lugar, dando una enorme sombra con una satisfacción muy especial, justo en la escalera número cinco, frente a las canchas, zona de las más frecuentadas para jugar, sentarse en los bancos y pasarse unas horas allí, para tomarse fotos, alimentar a las palomas, o por mera diversión y compartir el bullicio y algarabía que la definen. 
Las otras zonas, con excepción de la que cuenta con el parque infantil “la Canquiña” y las máquinas para ejercitarse, que es bastante concurrida y está frente a la escalera uno, son más tranquilas, y usadas por las parejas, los grupos pequeños de amigos, familias, etc.

Todo el parque se mantiene bajo vigilancia policial y es un deleite a la vista, a la salud física y mental, pues si miramos el panorama un poco más allá de lo superficial, notaremos que la magia y la vida se conjugan allí, entre sus grandes cuevas, rocas y farallones, entre su fauna y su flora.
En el suelo y su verdor se recrean las historias, se enaltecen los recuerdos en este pulmón de la ciudad de Santo Domingo, que mantiene el equilibrio entre el norte y el sur, entre las grandes e imponentes torres habitacionales del norte, y los barrios y suburbios que dan hacia el sur (donde vivo), hacia el mar, y entre los comercios e industrias que dan hacia el oeste y el este.
En medio de esto está el parque con todo su verdor, sus áreas de esparcimiento y juegos o para la simple contemplación, sus hermosos árboles, cuyas raíces están interconectadas entre si y conectadas y comunicadas con otros árboles de la ciudad y del país, por lazos invisibles de hermandad, que llegan más allá de lo permisible, de lo creíble, de lo imposible…  

ÁRBOL GENEALÓGICO
No sé qué vientos me trajeron hasta la siguiente reflexión y revelación, pero creo que el hecho de ser tan arbolaria, tan arbusta, tan ligada a la naturaleza y los árboles, ha influido para que mi esposo y compañero de viaje Félix, se haya hecho genealogista, y viva estudiando y analizando árboles genealógicos. 
Yo ensimismada, admirando de los arboles sus troncos, ramas, hojas y flores, extasiada tratando de ver su aura, y recibir una señal, y él concentrado, revoloteando sus frutos, reinventando las hojas, las ramas y los troncos, hurgando entre sus raíces, descifrando el pasado para poder extraer una señal. 

¿Qué les parece? Eso no es casualidad amigos. Yo valorando y admirando lo externo y actual, y él valorando y escarbando lo interno y ancestral. 
Yo maravillada y gozosa queriendo volver a treparlos, subir su tronco, pasearme por sus ramas, llegar hasta lo más alto y sentirme cerca del centro del cielo, del origen de la vida, y él entusiasmado y apasionado, partiendo desde sus copas, bajando de rama en rama hasta llegar a sus troncos y escarbar sus raíces, queriendo llegar hasta el fondo, y sentirse cerca del centro de la tierra, del origen de la vida...


Así seguimos los dos en comunión, percibiendo un mismo fin en diferentes direcciones, yo enfocada en un tipo de arboles, los de naturaleza vegetal y él enfocado en otro tipo de arboles, los de naturaleza humana y familiar. Ambos muy importantes, ambos testigos de la vida y de la humanidad, del florecer y marchitarse de la vida, de la dicha y de la infelicidad, frutos de lo nuevo y de lo ancestral, del equilibrio y la armonía, ambos reveladores de la infinita conexión que existe entre todo y entre todos, ambos causa y efecto del constante e incesante fluir, protagonistas del morir y renacer de la vida, que se reinventa una y otra vez como semilla y fruto, el origen cíclico de la eternidad.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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sábado, 12 de agosto de 2017

La chispa divina

En mi anterior entrada del blog titulada “El numero tres”, recibí un comentario de un compañero googlero, bloguero y amigo +Raul Sanchez, me hablaba de lo profundo que resulta el tema de la numerología cuando se reflexiona y se relaciona con el entorno, pues nos sorprende como se llevan a cabo estos eventos y nos instan, a razonar como todo está asociado, "Materia + energía + chispa divina"
Me encantó su enfoque y sobre todo esas tres fuerzas de la naturaleza que mencionó y que al igual que ahora, marqué en negritas en mi respuesta a su comentario.

Ese resaltar estos tres componentes que contienen tanta fuerza interior, y que se podría decir que son la base de la existencia física, se me quedó por unas horas dando vueltas en el subconsciente, y luego, al observar con detenimiento una imagen que había descargado hacia unos días de la web por llamar mi atención, y que a continuación les muestro, esto desató una especie de trance que me llevó a otro plano de la existencia y que fue motivo de inspiración para redactar esta entrada.


Primero me transportó a ese hermoso lugar que muestra la imagen y que está en Granada, observé, respiré, olí y percibí, me sumergí en el agua cristalina y me sentí allí tan relajada, formando parte de toda esa tranquilidad y armonía natural de la materia. Luego me integré de lleno y me fundí con todo el paisaje, fui luz, aire, cielo, agua, tierra, árbol, roca y todo lo demás que a simple vista no se percibe, pero que está allí latente, aves, reptiles, peces…, vida que es energía. Para después trascender todo aquello, y ver, sentir, y Ser esa chispa divina que da vida, que todo lo habita, que todo lo crea, estimula, transforma, expande y renueva…, para finalmente atravesar otros mundos, ir a otros planos de la existencia. 

Este es un tipo de experiencias que ya he tenido y vivido antes, han sido intensas, y sumamente gratificante para mí. Al volver aquí y regresar a este plano, soy de nuevo el observador, que admira, respeta y agradece la belleza y armonía de la naturaleza, que permanece aquí porque sabe que lo debe hacer, y espera mantener encendida esa chispa divina y poder encenderla en otros, en otras circunstancias, otras vidas, otras generaciones, otras consciencias…, y poder no solo encender, si no Ser esa chispa divina en otras galaxias y otros planos existenciales y fundirme con la eternidad.  


Es precisamente esa chispa divina la que hace que la energía se encienda, cobre vida y vibre, y que de vida a la materia, es ella la que hace latir el corazón, la que nos permite inhalar y exhalar, discernir, aprender y evolucionar. Es la dadora de verdadera vida, la proveedora de armonía en el contraste de la diversidad, la que trata de que mantengamos el equilibrio, de que vivamos con amor y en amor y fluyamos con naturalidad, tanto en el plano físico como en el espiritual.

Nosotros, los seres humanos, hemos dado mal uso a esa chispa divina, hemos permitido que predominen nuestros bajos instintos, somos los que más desentonamos en este hermoso paisaje que es la vida, al cual hemos depredado, irrespetado y devaluado. 


Fuimos y somos los que violentamos esa paz que habita en la vida material y tangible, en la vida que se desarrolla en el interior de la tierra, tergiversamos y descartamos la vida espiritual, la energía vibrante y latente que mora en cada materia viva, la que se regodea en el simple hecho de Ser todo aquello que Es. 

Nosotros irrespetamos nuestra esencia divina y faltamos al privilegio otorgado del libre albedrío, desvalorizamos la magia de lo divino, el encanto de lo sutil, de lo etéreo, del equilibrio, de converger. Desvirtuamos lo imprescindible de la vida, cuestionamos lo incuestionable, negamos lo inmaterial, lo impalpable, lo indescifrable, desconocemos lo esencial, lo valioso, lo eterno.
Queremos ponerle etiquetas a todo, buscar explicación a lo inexplicable, alcanzar lo inalcanzable y encasillar todo, absolutamente todo, en lo razonable, olvidamos que donde la razón deja de tener sentido o valor, entran otras virtudes más valiosas aun, más sustanciosas y sostenibles a pesar de parecer inexistentes y misteriosas o dudosas al conocimiento racional. 


La chispa divina siempre está en todo y en todos, permanece encendida, vibrante, hace que se encienda el motor de la vida, es cuestión de descubrirla, reconocerla, agradecerla y expresarla, de permitirle que se exprese a través de nosotros. 
Sin ella la vida parece muerta, permanece estática, inerte, débil, indecisa y vacía de amor, con ella todo se renueva, todo es posible, la alegría, el gozo, el amor y la eternidad. 

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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domingo, 6 de agosto de 2017

El número tres

La vida permanece en constante evolución, sea como sea, estuvimos, estamos y estaremos aquí en la Tierra por muchos siglos más, si el hombre con su ambición y desamor, no le pone final a este hermoso planeta. 
Dentro de cada ciclo de la vida y en su transcurrir en toda la historia de la humanidad, existen eventos de causa y efecto, unos encuentran explicación lógica y visible, otros son menos obvias sus causas, y otros..., más común de lo que imaginamos, no tienen explicación lógica, razonable y mucho menos palpable. Estos eventos encajan en una de estas  descripciones: Coincidencia o Diosidencia, casualidad o causalidad, destino o karma, azar o sincrodestino...


Aparte de estos eventos, muy conocidos por muchos, existen algunas cosas que se repiten con mucha frecuencia donde quiera que miramos, como la forma circular (que de hecho ya aborde en una entrada de este blog titulada La redondez), y otra que resulta muy familiar y repetitiva, y que deseo abordar en esta entrada, es el numero tres, y no podía ser de otra forma, ya que se afirma que vivimos en un mundo tridimensional.

Esto implica tres dimensiones: largo, ancho y profundidad, pero también existen otras ternas que se derivan de otras implicaciones. Detengámonos a ver lo primordial, que generalmente se presenta o representa por el número tres.

Tierra, agua y aire.
Cuerpo, mente y espíritu.
Animal, vegetal y mineral.
Solido, líquido y gaseoso.
Presente, pasado y futuro.
Positivo, negativo y neutro.
Agua, aire y fuego.
Rojo, azul y amarillo.
Se premian los tres primeros lugares.
En la Biblia sale a relucir con frecuencia el tres...

FRECUENCIAS DEL TRES

La lista resultaría casi infinita, la realidad es que estamos muy influenciados por la triada, la trilogía, la trinitaria, la terna, el triángulo, la 3D...

En este plano tridimensional sin embargo se habla mucho de dualidad, de dos polos opuestos, de dos caras de la moneda, pero en medio de esa dualidad existe el equilibrio, la neutralidad, o sea, ni uno, ni lo otro, y esa neutralidad viene a conformar la trilogía de la existencia en este plano físico, lo positivo, negativo y lo neutral, que en electricidad se suele representar por el color blanco o el negro, y este último vendría a ser nuestra sombra, nuestro lado oculto o neutro, entre lo que somos y lo que no somos, nuestro término medio.

Si bien es cierto que nuestra anatomía esta mas bien identificada con el dos: ojos, oídos, brazos, piernas, manos, pies, codos, rodillas, senos, glúteos, testículos y labios vulvares, además la boca, que es una pero tiene dos labios, la nariz que es una pero tiene dos orificios y así sucesivamente con los órganos interiores, dos pulmones, dos riñones, un corazón con dos orificios (aurícula y ventrículo)…, no es menos cierto que la función que cada una de estas realiza, viene a conformar la trilogía de dichas partes, un órgano sin una función determinada o definida, no tendría razón de existir, así que vuelve a hacer su aparición el tres.

 
Como ven, todo o casi todo, se corresponde y se sigue relacionando con el mágico número tres y en algunos casos con sus múltiplos. 

Redactando esta entrada me vinieron a la mente tres recuerdos de antaño.

1. Un juego de la infancia que decía así: 
“Somos tres muñecas llegadas al país, nosotras no sabemos quién nos trajo aquí; mi nombre es María, el mío es Fifí, y yo no tengo nombre porque soy una infeliz. Marieta no seas coqueta, que tu, no vales ni media peseta, en donde estabas anoche que no te pude ver, estaba en el teatro con el cabo Miguel. Te he dicho que no andes con ese borrachón, pues ando y ando y ando porque es mi corazón”. (¡Por Dios!, ahora que lo pienso, ¡Que letras! para un juego infantil).

2. Un poema que aprendí en la pre adolescencia.
Tres veces cogí la pluma, tres veces se me cayó, tres veces escribí tu nombre y jamás se me olvidó. (No sé si a esto se le pueda llamar poema).

3. Un conjuro de la novela “Doña Bárbara”.
“Con dos te veo, con tres te ato: con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo ¡Hombre!, que yo te vea más humilde ante mí, que Cristo ante Pilatos”. (Esto de conjuros sí que fue una novedad para mí en ese tiempo).

¿Qué les pareció este recordatorio? A mí me hizo reír y me pareció genial, de lo que es capaz este increíble número tres. ¡Como afloraron a mi mente estas cosas que lo contienen!, y que a decir verdad, las tenia olvidadas. Ha sido sorprendente saber que la memoria trabaja por su propia cuenta. Por otro lado, no sabía que estas cosas me habían marcado, ja, ja.

Bueno, si les sigo contando, están: “Los tres mosqueteros, “Las vírgenes de Galindo”, los tres que echaron a Pedro en el pozo, los tres chiflados, los tres cerditos, los tres Reyes Magos, “Piedra, papel y tijera”, se cuenta hasta tres para iniciar una carrera, competencia o lo que sea, en fin…


¿Recuerdan el juego de la rayuela o trúcamelo, como le llamaban aquí?, también le decíamos “peregrino”, había que pisar el 1,2 y 3, con un solo pie… 
¿Y el juego de “Un, dos, tres, mariposita es”, lo jugaron? 
Caray ¡Como nos divertíamos en esa época!  

Para dar por finalizado este filosofar y estas divertidas remembranzas, les dejo esta expresión de un juego que también vino a mi mente y… 
“Una, dos y tres, pisacolá”.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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