miércoles, 1 de junio de 2016

Un mundo diferente

Al redactar esta reflexión y buscar las imágenes que fueran acordes con ella entre las que guardo, me percaté de que hace algo más de un año compartí en este mismo espacio una entrada similar que titulé !Como hemos cambiado! El hecho de que no me resonara lo escrito es porque solo coloque imágenes sucesivas alusivas al tema. 

A continuación les dejo la reflexión, si desean tómenla como una parte II.

Un mundo diferente

Un comportamiento muy común en los adultos mayores hoy día es el no saber atenernos o acoplarnos a las exigencias modernas de acuerdo a nuestro momento evolutivo o madurez emocional, solo hay que hacer una salida casual al centro comercial más cercano, a un restaurante o club familiar y se comprobará ese aparatoso desacoplamiento.



Muchos de nosotros, los que pasamos hace unos años la mediana edad, queremos estar al último grito de los tiempos, acordes con los jóvenes que todavía no arriban a los treinta. Me parece muy bien estar al tanto del acontecer y su modernidad, pero debemos establecer límites y parámetros de conducta antes de embarcarnos a ciegas a seguir la demoledora y deslumbrante maquinaria llamada vida moderna y su principal componente o droga, la tecnología. 



Los pasado meridiano, nos vanagloriarnos de poseer mucho crecimiento personal, profesional, emocional y espiritual y tener el control y la madurez necesaria para lidiar con esas cosas sin dañarnos, craso error, hoy día no se sabe a ciencia cierta quienes son mas inmaduros y están más afectados psíquicamente hablando, si los padres o los hijos, adictos a todo lo que se mueva que necesite baterías recargables, que tenga una pantalla y amerite cierto alelamiento visual.


Lo más lamentable es que el grado de inmadurez llega aun más lejos, los adultos mayores nos comportamos como críos muchas veces, no solo seguimos con aberración la arremetedora tecnología, también seguimos la alocada vida moderna, vestimenta sumamente informal y estrafalaria, lenguaje oral y corporal atrevido y soez, ¿música? o estruendoso desastre musical inmoral e irreverente…, una vida con niveles de stress imposibles de soportar sin el uso de estupefacientes (ya no somos tan jóvenes), y una injustificable irresponsabilidad ante la sociedad, los hijos y la familia.


Es indiscutible que la permisividad nos ha arrebatado la belleza de la convivencia y la tranquilidad física y emocional, nada resulta suficiente, toda maldad o desviación es común, aceptable y habitual, incluso normal, hemos perdido nuestra capacidad de asombro y de ejercer nuestros derechos, por el simple hecho de no discriminar o no ser señalado como un inadaptado. El resultado lo estamos viendo ya.

Hace muchos años atrás se dejo de cantar para vociferar y lo vimos genial, se hizo necesario usar drogas para vociferar más y mejor y lo vimos genial, nos hicimos seguidores de los vociferadores, los quisimos imitar y muchos se hicieron adictos a las drogas y con ella a toda clase de bestialidad y lo aplaudimos y dejamos pasar.  




Hace muchos años ya, que los inmorales y deshonestos andan haciendo y deshaciendo y lo dejamos pasar y hoy día lo vemos como algo normal, es más, incluso se admira al que tiene esas agallas y se menosprecia al que no se atreve a desafiar los esquemas de moralidad. 
Hace unos años atrás, se dejo de vivir para vegetar, de compartir personalmente para navegar en la web, de dormir para chatear en internet,  de…, para ligar en la red, y lo vimos bien, nos sumamos y enganchamos en este turbulento, excitante y adictivo mundo virtual de la modernidad y lo estamos pagando con creces. 


Entonces surgió una voz desde lo alto y para confirmar preguntó, 
- ¿Quieren pan o circo? Y la mayoría grito muy fuerte, 
- ¡Queremos circo! – la voz contestó, 
-¡Pues eso tendrán! Y el circo se convirtió en hambre, guerra, dolor, bestialidad y muerte.


Definitivamente hemos cambiado, el mundo es diferente y nosotros con él, quizás a demasiada velocidad en comparación con nuestra capacidad de digerir correctamente las cosas. No nos han dejado espacio ya para hacerlo, cuando pudimos y debimos poner un ¡Alto! no lo hicimos, nos cautivaron las excentricidades de las nuevas generaciones, los nuevos métodos y sistemas, los aceptamos y celebramos, ahora nos queda seguir adelante en el tren de la vida que nos lleva a toda prisa hacia la terrible muerte cerebral.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Un extracto de esta entrada fue publicada en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2017/04/05/correo-los-lectores

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.