miércoles, 27 de julio de 2016

Sabiduría ancestral

No importa cuán lento camines, siempre y cuando no te detengas. (Confucio)

Recordemos que lo importante no es solo llegar, sino también disfrutar el trayecto andado, las condiciones en que lo transitemos van a influir en como lleguemos, si fortalecidos en cuerpo y alma y más sabios y gozosos, o sin aliento, y sin recuerdos hermosos. 

No necesariamente llegan más felices los que van más deprisa y llegan primero, las prisas agotan, nos privan de la belleza de la observación y nos obligan a hacer paradas urgentes para descansar. Los que llevan menos prisas pero sin llegar a ser muy lentos, se agotan menos y siempre les llevan ventaja, pues su aparente lentitud les permite apreciar el paisaje y observar más y mejor las delicias y bondades del camino, de esa forma mantienen el alma gozosa y su cuerpo se restaura al compás de cada pisada, cada mirada, cada bocanada de aire, que entra lentamente por sus pulmones y sale engrandecido y agradecido a formar nuevamente parte del entorno y de las almas que habitan el sendero que transitamos. 


Donde quiera que vayas, ve con todo tu corazón. (Confucio)

Esta otra frase parece que viene a ser un complemento de la anterior. Precisamente cuando cargamos con todo nuestro corazón es cuando vamos gozosos, atentos y despiertos, el cansancio se siente menos y la alegría del Ser se mantiene durante todo el trayecto, por muy duro que sea. 


Un buen referente de esto lo es el Quijote de la Mancha, sin dudas Miguel de Cervantes Saavedra usó esta filosofía de Confucio (especialmente la segunda) para escribir su obra maestra, en la cual nos muestra a Don Quijote, un hombre que saturado y atormentado por tanta teoría caballerística, sediento de acción siente el llamado a poner en práctica lo que leyó y cree firmemente que aprendió (aunque para todos simplemente enloqueció), pero lo hace con un accionar incoherente, inocente e ingenuo. 

La locura irracional de este hombre racionalmente cuerdo pero poseído por una loca fantasía, atormentado, valiente y decidido, vestido con la torpeza que caracteriza a una recurrente afición (o se podría decir adicción), raya en el ingenio de las fijaciones y la fantasía mentalmente abismal y en un amor obsesivo y generoso que quiere impresionar para ganar terreno en el corazón de su amada. 

Pero esta historia no sería nada si no viviera en ella otro personaje racional, Sancho Panza, cuya lealtad salpicada de ingenuidad tras recibir falsas e ilusas promesas, y su capacidad de entendimiento (a pesar del escaso conocimiento) de las locuras de su amo y señor Don Quijote, cuyo arrebatador bloqueo mental (incluso ante el dolor físico) hace que contrasten de manera magistral, la demencia ilusoria y grandeza imaginativa de un hombre “letrado”, frente a la ignorancia y humildad de otro hombre quizás más demente que él desde otro punto de vista, dando como resultado una obra inmortal de la literatura universal.

Ambos personajes emprendieron su camino hacia las diferentes aventuras sin detenerse, y poniendo con vehemencia todo su corazón en ello. Un proceder bastante apropiado para cualquier tipo de acción o aventura que debamos emprender.


Que el mensaje que contiene la imagen superior (extraída de la web), nos sirva de referencia tanto para aplicar estos preceptos de Confucio como las enseñanzas de Cervantes en el Quijote de la Mancha. Sin lugar a dudas sabias palabras y enriquecedoras enseñanzas. 
Si las aplicamos siempre en nuestro andar, podemos estar seguros de que llevamos el equipaje necesario (la sabiduría ancestral) y la vestimenta adecuada (un corazón vibrante) para llegar con éxito a nuestro destino final. 

De nosotros depende el color y el sabor de nuestro andar.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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