viernes, 27 de mayo de 2016

La fuerza de la intención

Cada ser humano tiene una misión que cumplir en este plano de la existencia, de lo contrario no estuviera aquí.
La vida se compone mayormente de momentos fugaces y largas horas. Según se estén cumpliendo nuestros deseos o no, esos momentos y horas pueden ser felices y alegres o de angustia y tristeza, pero por alguna razón los vivenciamos, solventamos, enfrentamos, dejamos pasar o nos doblegamos ante ellos. Pero indistintamente de cómo lo abordemos, existe en el interior del ser, una fuerza que nos hace cruzar puentes, saltar vallas y romper amarras en busca de nuestra verdadera esencia y libertad, es la fuerza de la intención.


Un buen referente de esto es la historia de cualquier persona, ya sea real o ficticia, nos deja ver que vamos haciendo camino al andar, por eso debemos agradecer la vida activa y nuestra capacidad de movimiento, pensamiento y acción, sin importar si nos reporta alegrías o tristezas, ya que de permanecer postrados, inertes y sin ningún tipo de expresión corporal, seriamos como esa semilla que nunca emerge aunque la reguemos a diario, no se desarrolla pero tampoco muere, tiene vida en su interior pero no la deja salir, la niega, seriamos muertos en vida.



La fuerza de la intención es esa energía que corre por nuestro ser con entusiasmo, como lo hace el torrente sanguíneo, nos hace vibrar, caminar, correr, saltar; ¡Volar si fuere necesario hacerlo!, es la vida en su máxima expresión que fluye con entusiasmo y vigor para dejar nuestras huellas y crear ese camino necesario y vital para continuar nuestro recorrido espiritual, tanto terrenal como universal. 



A veces ocurre que aunque de hecho, creemos que no contamos con las suficientes condiciones físicas o mentales para hacer cierto trabajo, travesía o recorrido, algo dentro de nosotros nos dice: ¡Tú puedes hacerlo! ¡Vamos! Y nos llenamos de una vitalidad y fuerza desconocida que nos faculta para lograrlo y así ver qué tan poderosa es la llamada fuerza de la intención, solo tenemos que quererlo de todo corazón, con unas ganas inmensas y una fe inquebrantable, y gracias a esta fuerza lo conseguimos.



Nunca te desanimes ni desmayes cuando en tu corazón sientas un anhelo ferviente por lograr algo, aunque los demás no estén de acuerdo ni a tu favor, si sientes esa fuerza interior que te impulsa a hacerlo, no te detengas, ¡Hazlo!, pese a que puedas sentir luego una especie de arrepentimiento por los inesperados sucesos siguientes, más tarde, cuando veas los verdaderos frutos, te darás cuenta de cuán necesario era hacerlo, lo agradecerás y pronunciarás un ¡Sí!, con energía y convicción.

¡Se tu mismo! Cuenta siempre con esa fuerza interior que posees, la fuerza de la intención. 

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Esta entrada fue publicada en el periódico El caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2016/06/04/correo-los-lectores 

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