viernes, 23 de agosto de 2013

La hora del almuerzo

Hoy mi hija menor se quejaba de que no la esperé para comer, y le respondí que no quería que se enfriara mi comida, y que tampoco lo consideraba necesario, y no entendía por qué la gente hace de la hora de la comida un ritual familiar, si esto era una necesidad fisiológica y cada cual comía con su boca, y que además nunca me ha gustado que me vean comer, a lo que respondió, tú con tus misterios y rarezas, y con su respuesta me surgió la siguiente interrogante:

¿Por qué si comer es una necesidad fisiológica también, no es normal que prefieras hacerla igual que las demás, en solitario?,  ¿A qué se debe que generalmente gusta realizarse acompañado o en grupo como un acto social?


Sí, imagino que es una cuestión cultural, que fuimos adquiriendo de generación en generación y como todo tiene sus orígenes, que desconozco totalmente por cierto y que no me interesa averiguar tampoco, lo que no entiendo es: ¿Por qué tengo que aceptarlo, hasta el punto de que diferir de esto llegue a ser casi una patología, y decir sí, me gusta comer acompañada, aunque no sea así?

Al menos en esta etapa de mi vida en la que soy consciente de mi total libertad y derecho de elegir, puedo decir a todas voces y escoger mis preferencias, especialmente estas, las fisiológicas, que solo me atañen a mí, que nadie las puede hacer por mi y que nadie por lo tanto tiene derecho a controlarlas y ponerle horarios excepto yo.

Según mi hija yo todo lo quiero profundizar y me voy en sentimiento y filosofía pura y de cualquier cosa hago un discurso, supongo que tiene toda la razón, en realidad así es como soy, esa es mi naturaleza, escudriñar, crear interrogantes, hasta que me sienta lo suficientemente clara y segura de las cosas.

No soy de las que le dicen: “el mar es azul”, lo ve verdoso y aun así afirma que es azul. No soy una persona polémica, eso lo odio, así que no me interesa discutir un punto de vista ni mucho menos convencer a nadie de que puede estar equivocado, simplemente me quedo con la duda y hasta que no haga una investigación exhaustiva y quede bien clara en un asunto que desconozco, no voy por ahí afirmándolo. 
Puedo opinar y dar mi punto de vista si tengo seguridad de algo, pero no hasta el punto de entrar en una inútil discusión. 
  
Ahora bien que quede claro que eso no quiere decir que no pueda comer delante de la gente y que si hay que hacer un esfuerzo y hacer de la comida un acto social y un ritual, tedioso a veces con tanto protocolo, no lo haga, pero sepan que no me gusta, no lo disfruto y por lo tanto la hora de comer muchas veces resulta mi peor pesadilla, así es como siempre le he llamado a la hora de sentarse a la mesa. 

Definitivamente me gusta la privacidad a la hora de hacer mis necesidades fisiológicas.

Harolina P. Fluyendo armoniosamente. 

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