domingo, 25 de agosto de 2013

La esclavitud

Sin duda que uno de los pasajes más oscuros y tristes de la historia de la humanidad, fué la época de la esclavitud. Si bien es cierto que existen muchas historias bellas de respeto, solidaridad y amor en ella,  no es menos cierto que fué una época de dolor, deshonra e irrespeto al ser humano.

La pregunta es, ¿De verdad se terminó?, me dirán que sí y así parece ser aunque todavía quedan algunos vestigios de ella en algunos rincones del planeta.

La realidad es que aunque ese tipo de esclavitud terminó, la verdadera esclavitud no ha terminado ni terminará hasta que la muerte nos rescate y nos liberemos del cuerpo.

El cuerpo es siempre un esclavo, el alma es libre mientras no esté encerrada en el cuerpo, o sea, cuando morimos, o cuando dormimos profundamente y salimos de nuestro cuerpo temporalmente, o simplemente nos desconectamos mentalmente de él, su libertad es relativa pues en este plano está limitada por el cuerpo.

Somos auténticos esclavos y mientras no lo aceptemos del todo, seguiremos sufriendo calladamente o a viva voz jugando a ser libres. Sí, mis queridos lectores, somos esclavos de la vida y sus consecuencias mientras estemos vivos.



Somos esclavos del tiempo y la edad, del aire que contaminamos y aún así estamos en la obligación de respirarlo continuamente una y otra vez, esclavos del hambre y la sed (nuestras necesidades fisiológicas de absorción) que deben ser saciadas para subsistir, esclavos de nuestras necesidades fisiológicas de desechar las toxinas, de nuestro género sexual y las obligaciones, responsabilidades y necesidades fisiológicas que encierra, de nuestra necesidad psicológica y espiritual de amar y sentirnos amados, esclavos de las elecciones que hacemos a diario y sus inevitables consecuencias, del pensamiento, de los sentimientos y las emociones, del placer, del día y de la noche, de los cambios climáticos y las estaciones del año, de la familia, de los amigos, del entorno y la comunidad, esclavos de la sociedad, su organización y leyes, su cultura, sus tradiciones, del trabajo, del jefe, de la política, del gobierno, del dinero, …, la lista puede parecer infinita, pero nuestra mayor esclavitud radica sobre todo en nuestro ego y en la ambición de dinero y el estatus y poder que creemos que nos da. Pero recientemente algo ha ocupado un lugar privilegiado en el listado, la tecnología, que ha revolucionado por completo el mundo de hoy, con un sinfín de cosas positivas y un número muy inferior, pero muy inferior en cantidad, de cosas negativas aunque en potencialidad y en apariencia se vean más, por los efectos devastadores que provoca su uso equivocado y contaminado de sentimientos negativos y ambición y por la propaganda que se hace de estos.


Pero no desmayemos, la  buena noticia es que esta esclavitud la escogimos nosotros mismos, para enriquecer nuestra alma y ayudarla en su evolución, además es temporal, por más aferrados que estemos a la vida, la muerte nos rescatará de ella, que aparentemente nos cuesta tanto abandonar y nos negamos a aceptar el rescate. Supongo que la negativa se debe a que sabemos que no hemos completado nuestra evolución y tendremos que retornar nuevamente a padecer en otro cuerpo, ¡Que fastidio! ¿No?, con razón nos negamos a morir y generalmente se le teme tanto a la muerte.

Reconozcamos y aceptemos la esclavitud del cuerpo con alegría y amor, para que nuestra alma pueda sentirse libre y fluir con armonía y nuestro espíritu se ennoblezca y se eleve al infinito con gracia y magia encantadoras.
  
Deseo que puedas completar tu evolución en esta vida.

Aclaración: para mí, el alma es lo que en realidad somos, y usamos el cuerpo como vehículo en este plano para manifestarnos, el espíritu es la esencia del alma, está dentro de esta, es como su corazón, al menos así lo creo. 


Harolina P. Fluyendo armoniosamente. 

Un extracto de esta entrada fue publicado en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2016/04/07/correo-los-lectores

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