viernes, 2 de agosto de 2013

Fragilidad irrompible

¿Alguna vez te has topado con algo que a simple vista es tan frágil que temes que con un simple roce se rompa?

¿Has tenido en tus manos un vaso o copa cuya fragilidad casi te obliga a colocarlo nuevamente en la vitrina y luego ves que uno de tus hijos decide usarlo, lo friega y no pasa nada? ¿Te has fijado que la fragilidad de ese cristal es relativa, pues resulta ser mucho más resistente de lo que parece? No es que sea irrompible, sino que necesitas ser brusco, golpearlo o dejarlo caer para verlo hecho trizas, pues no es tan frágil como pensamos.

                   

Significado de fragilidad de Wikipedia:
“La fragilidad se relaciona con la cualidad de los objetos y materiales de romperse con facilidad. Aunque técnicamente la fragilidad se define más propiamente como la capacidad de un material de fracturarse con escasa deformación. La fragilidad de un material además se relaciona con la velocidad de propagación o crecimiento de grietas a través de su seno. Esto significa un alto riesgo de fractura súbita de los materiales con estas características una vez sometidos a esfuerzos”.

En general se entiende por fragilidad la facilidad de romperse de las cosas y su opuesto es la ductilidad, que es la capacidad de resistencia a la ruptura por su facilidad de deformación. La fragilidad es inversamente proporcional a la deformación y la ductilidad directamente proporcional a esta. Me explico, a mayor fragilidad menor deformación y a mayor ductilidad, mayor deformación.


El punto es el siguiente:

¿Existe la irrompible fragilidad? Por definición claro está que la respuesta es No.

¿Y si lo intercambiamos? ¿Existe la fragilidad irrompible? En este caso no estoy tan segura, podría existir, me parece un buen tema de tesis.

No puedo evitar hablar de fragilidad y pensar en la mujer, ya que en sentido figurado nos han etiquetado con ese adjetivo, que a muchas les agrada porque lo relacionan con delicadeza y a un número (diría yo) que mucho más elevado, les desagrada porque lo relacionan con debilidad y no se consideran débiles.

La relación de la fragilidad con la delicadeza es muy estrecha, ya que con las cosas frágiles hay que ser sumamente suave y delicado para no romperlas.

La relación de la fragilidad con la debilidad también es muy estrecha ya que las cosas frágiles no aguantan mucha fuerza o presión sobre ellas y colapsan.

¿Me pregunto si en cualquiera de estos dos casos aplica el adjetivo para la mujer? Mi respuesta es rotundamente No.

El primero de los casos está muy claro, si la mujer fuera frágil necesariamente habría que tratarla con delicadeza y mayormente es tratada con dureza, tanto por la sociedad, como por el jefe, el marido o compañero y muchas veces hasta por los propios hijos. Está claro que la mujer es la delicada aquí y la fragilidad es de la sociedad, del jefe, del marido o compañero y de los hijos.

En el segundo caso está más claro todavía, no hay un ser humano que tenga más aguante que una mujer, resistencia muy elevada para soportar dolor físico, dolor emocional, desagravios, desconsideraciones, vejaciones, presiones, etc., y aun así todavía exhibe un alto grado de compasión y ternura. El ejemplo más vivo lo tienen en el reciente caso del secuestro de las tres mujeres en Cleveland, Ohio. 


¿Entonces qué opinan? ¿Sería mucho más aceptable el adjetivo de “dúctiles” para las mujeres?  ¿Podría ser?

Yo pienso que Si, ya que pocas veces colapsamos y casi siempre nos deformamos sosteniblemente bajo las presiones diarias, transformándonos en infinidad de facetas, con capacidades sorprendentes y sin perder nuestras propiedades o mejor dicho naturaleza intrínseca.

En última instancia si nos van a poner el adjetivo de frágiles, por favor acompáñenlo de la palabra irrompible, suena mucho más aceptable decir que las mujeres tenemos una  “fragilidad irrompible” (aunque parezca una contradicción), a decir que las mujeres somos simplemente “frágiles”.

Quiero dejar bien claro que no soy de la nueva corriente feminista, que no pertenezco a ningún tipo de afiliación ni nada por el estilo, simplemente estoy a favor de la igualdad de derechos del ser humano independientemente del genero, entendiendo que la diferencia de género existe y que arrastra consigo unas diferencias que nada ni nadie por mucho que se luche y tergiversen las cosas va a poder cambiar, cada quien con lo suyo y a lo suyo.

Admiro a esas mujeres que fueron pioneras de muchos de los logros de hoy día: estudiamos, votamos, estamos insertadas en el ámbito laboral de la sociedad aunque muy mal pagas por cierto, hemos alcanzado grandes puestos gubernamentales, etc., también hemos pagado un precio muy alto por eso. Estoy en desacuerdo con muchas mujeres que hoy día han malinterpretado la lucha y quieren derrumbar la base que tanto les costó a ellas, pues su lucha está enfocada en objetivos mezquinos que nada tienen que ver con la femineidad y los derechos de la mujer como ser humano que es.

Soy de la opinión que mientras nuestros apellidos paternos nos sigan siendo arrebatados al casarnos y sigamos siendo, María de… fulano o mengano, o teniendo el apellido del marido a secas como se adopta en muchas culturas, seguiremos siendo vistas como objetos de pertenencia de la sociedad y del hombre, relegadas y hasta cierto punto hasta desvalorizadas por los hijos, abogo por una abolición total de la ley que nos obliga a ser pertenencia de nadie, a llevar el apellido de nadie que no sea nuestro progenitor al igual que los hombres, si he de entablar alguna lucha, empezare por ahí.




Quiero dejarles este interesante vídeo que recibí hace poco por e-mail a propósito del tema. 

Bendita sea nuestra fragilidad irrompible.

Harolina P.


Notificarnos si por razones de derecho de autor debemos retirar alguna de estas imagenes