sábado, 15 de octubre de 2016

Mil maneras de morir

A propósito de un concurso que en estos días se está haciendo en el blog
El circulo de Escritores, entre los compañeros blogueros que gustan de escribir historias, se me ocurrió escribir la siguiente reflexión, espero les pueda aportar algún beneficio emocional o espiritual.


La vida va estrechamente relacionada con su compañera la muerte, así como los ojos miran hacia un mismo lado y las piernas caminan jutas hacia un mismo lugar, de esa misma forma lo hacen y conviven la vida y la muerte. Diariamente se turnan para ocupar un lugar preferencial. Con un código de respeto mutuo, cuando una está, la otra debe ocultarse, desaparecer de la vista de los demás, para lo cual una se esconde muy dentro de la otra para pasar desapercibida, pero en el fondo, es algo que no se consigue jamás.

A veces violentan el trato de respeto y  durante un tiempo, en ocasiones muy corto, otras veces muy largo, hacen su aparición al mismo tiempo las dos y se disputan la supremacía y victoria final, esto ocurre cuando pasa un accidente o nos viene una grave enfermedad. 

Cada día vivimos una serie de acontecimientos, una nueva travesía, con la incertidumbre de no saber si será la última, y nos entregamos en los brazos de la muerte a cada instante, sabemos que ella es nuestra verdadera sombra, que irremediablemente está al acecho, a la espera de cualquier descuido. Cada noche morimos un poco, un día más de vida, significa un día más cerca de la muerte. 

Cada día es un nuevo comienzo, es vivir para de nuevo morir. El sueño es el turno preferencial de la muerte, aunque pocos mueren estando en ese trance, ella se mantiene muy cerca, en vigilia, como queriendo seducirnos aprovecha ese momento de inconsciencia para susurrarnos al oído que mañana, podría ser el día del final…, la vida mientras tanto, debe permanecer inmóvil, a la espera de ver lo que puede pasar. 
No le pertenecemos ni a la vida ni a la muerte, ambas se disputan nuestra pertenencia, pero en realidad somos hijos de la eternidad, de la libertad de espíritu, jugamos a estar muertos estando vivos y nos vanagloriamos de estar vivos siendo unos simples muertos.  

Al despertar y sabernos vivos empieza cada día una nueva oportunidad de vivir y mil maneras de morir, las horas transcurren sigilosas y por momentos olvidamos al inseparable amigo mortífero, pero sin falta, al terminar el día e irnos a descansar y luego a dormir, allí donde yacemos sumidos en el más profundo sueño, la muerte, hace alardes de asomar, y morimos temporalmente sin saber si volveremos a despertar mañana y experimentaremos de nuevo otra oportunidad de vivir y mil maneras de morir. 

P.D. Tal vez les interese leer una entrada anterior sobre este tema:

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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