martes, 25 de octubre de 2016

Auxiliares del blog

Una querida compañera y amiga bloguera, +Mila Gomez, me ha convidado en la siguiente publicación de su blog: Escritorio de nuevo ocupado, a darles una idea de cómo surgen mis escritos, o más bien, a mostrar el lugar donde me siento a escribirlos, porque surgen en cualquier momento y lugar. La idea orinal de mostrar el lugar donde elaboramos nuestras entradas del blog, si mal no recuerdo es de otra querida amiga bloguera, +Julia C. y los que lo hicieron, la titularon “Mi escritorio” o algo así. 
Les confieso que no me hacía mucha gracia escribir y compartir esta entrada, y menos incluirla en el blog, pero luego me dije: ni me resta ni me suma, si llego a escribirla, lo más justo sería incluirla, ya que precisamente es para el blog que las escribo mayormente. Y aquí la tienen amigos.


Esta entrada va, para hacerle un justo reconocimiento a lo que he llamado auxiliares del blog, que no son otra cosa, como lo muestra la fotografía, que las herramientas que hacen posible que estas reflexiones estén al alcance de ustedes, mis queridos lectores. 
Sin más preámbulo, aquí  les doy una idea del lugar donde me siento a escribir lo que ustedes tan amablemente leen, comentan y comparten. Nada de especial ni tampoco de envidiar, simple y sencillamente mi lugar temporal. Y digo temporal porque soy amante del cambio, no me gusta que las cosas permanezcan por mucho tiempo en el mismo lugar, ni verlas ancladas por tiempo indefinido acumulando energías y atrapando y obstruyendo el libre fluir de estas. Soy amante de la libertad incluso de los objetos y cosas materiales. ¡Que circulen y fluyan!


Empecé a escribir en el blog en la planta baja de la casa, en la sala, con la laptop sobre el regazo, en el sofá o donde me acomodara mejor con la ella. Luego sobre un pequeño escritorio el cual permaneció por varios meses cerca de la sala (arriba les muestro una vieja foto del lugar en que estaba), pero cuando llegaba visita o los amigos de mis hijos, me sentía que molestaba su intimidad y subía con mi laptop o lo dejaba a medias, hasta que pudiera volver a bajar y sentirme a gusto. 



Hace unos largos meses (casi dos años ya), decidí subir al segundo piso, y estoy justo al subir las escaleras. Después de varios cambios, tanto de escritorio como de lugar dentro de la misma área, ahora estoy con apenas un pequeño escritorio y un abanico pequeño bien pegado a mí, pues el de techo no da abasto, ja, ja, el calor suele ser abrazador arriba, pero aquí solo interrumpen los de la casa y los de mucha confianza que suben. 



Bueno no tengo nada lindo que mostrar en derredor, solo fotos de la familia y libros, en el escritorio apenas cabe la laptop, y unas cuantas cosas más (lapiceros, cámara, disco externo y memorias, algún libro y libreta de notas, nada en particular). Tampoco tengo nada de exclusividad, ni de velas y ambientes aromáticos que de seguro me vendrían bien, pero no soy tan detallista.



A mi lado, una maquina elíptica que para serles sincera se usa poco, quizás es más bien un elemento de apoyo mental a mi firme propósito de volver al Pico Duarte, ya que por alguna razón que desconozco, le hace más mal que bien a mis rodillas. 

Pues bien, creo que de alguna manera, el lugar donde me instale no aporta mucho a mi inspiración, al igual que cuando estaba abajo (allí sentía que cohibía a los que llegaban de tener privacidad, pero ellos nunca me molestaron a mí), porque en realidad estoy en medio de todas las habitaciones y estancias del segundo piso y me concentro bien y hasta me olvido del lugar, es como si solo estuvieran mis pensamientos, mis manos y mi laptop, lo demás sale sobrando. 

Aunque mi esposo esté viendo el televisor (a buen volumen) en el área contigua a la mía, donde está también su laptop y generalmente se encuentra cuando llega del trabajo, no me molesta, y aunque mis hijos estén en la casa, no me interrumpe su presencia. Mi hija mayor y el varón son bastante silenciosos, aunque la menor…, ese es otro tema, siempre tiene música puesta en su habitación que nos hace escuchar a todos, ja, ja, ella, muy parecida a mi hasta en los gustos, dice que no pude vivir sin música. Pero aún así, no me molesta. Al menos, y eso ya es bastante obvio, que el volumen, tanto del televisor como de la música, sobrepasen los límites permisibles del respeto al derecho ajeno. Por suerte hay bastante amplitud y ventilación en las áreas para disipar los ruidos.




Aunque pasen diez veces por detrás de mí, aunque se escuchen movimientos y los ruidos acostumbrados, ni me entero, solo vuelvo en sí, cuando algo fuera de los ruidos comunes del hogar, me saca de concentración. 




Por ejemplo (aunque que en verdad ya también es común), cuando “Puchi”, el bello gato que se empeñó en que lo adoptáramos, sube a pedirme comida en un lenguaje casi humano (no maúlla, conversa como quien reclama), ja, ja.






Lo acaricio y se acuesta tranquilo a dormir a mi lado y continúo, pero luego sigue insistiendo y me saca de concentración y tengo que bajar a alimentarlo. 



Las musas no soy muy exigentes, en realidad, se presentan a cualquier hora, momento y lugar, creo que tampoco son muy respetuosas, me invaden sin avisar, violando mi privacidad. A veces hasta me quieren impedir tomar una llamada telefónica, en ocasiones las complazco para que no me abandonen, pero son pocas, no me gusta que nada ni nadie me imponga su voluntad, ja, ja. Antes eran especialistas en aparecer en mis largas horas de insomnio, que por suerte, son escasas ya, aunque duermo con un sueño interrumpido, al menos lo recobro casi en seguida.





"Es mejor escribir para uno mismo y no encontrar público, que escribir para el público y no encontrarse uno mismo".





Algo que tengo bien claro, es que cada reflexión que escribo encierra sobre todo una enseñanza para mí misma. Cuando una idea hace aparición, trato de tener a mano lápiz y papel, o si dispongo de tiempo, me voy a la laptop y empiezo a elaborar la reflexión. No siempre las ideas se plasman tal como originalmente surgieron, una cosa es el monologo fluido que se desarrolla en la mente en determinado momento y otra cosa lo que se queda, surge y se plasma en el papel o documento de word, a la hora de redactar y de publicar la entrada.

Como todo aspirante a buen escritor hay que hacer uso de los borrones, cambios e intercambios de párrafos e incluso de ideas, pues en medio de la idea original surge otra mejor que inevitablemente la desplaza. También suelo hacer uso de viejos apuntes, de ideas guardadas hasta encontrar la forma de hacerlas florecer o de conceptos expresados por mí (que resonaron), en algún comentario hecho a una publicación de un compañero, y otras veces, muy escasas por cierto, surgen de algo que viví o presencié que llamó mi atención.

Como han podido apreciar mis amigos lectores, en mi caso, escribir no es cuestión de forma ni de fondo, y mucho menos de fama, ni el entorno, ni el lugar, ni el silencio o el ruido me aportan o afectan mucho a la hora de sentarme a escribir, todo eso es secundario, sino más bien es cuestión de: VIBRACIÓN INTERIOR, de inspiración, disposición y concentración, una tripleta que no me defrauda, al igual que esta otra tripleta, los pensamientos forjadores de ideas, mis manos eficientes y mi laptop obediente, las herramientas auxiliares del blog, por el momento, no necesito mas. 








del alma a todos


Luego, la mejor parte la hacen ustedes, al acercarse a leer, compartir y fluir, y hacerme sentir una humilde y sincera satisfacción, al saber que ha valido invertir de mi tiempo, para regalarnos una forma de ver las cosas, desde otra perspectiva, consciencia y objetividad, y con esto, granito a granito de arena, poner un bloque en la construcción de un mundo mejor.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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