lunes, 5 de septiembre de 2016

Con el tiempo...

Aunque el tiempo es un elemento relativo y hasta cierta forma inexistente, en ese plano es casi vital, nos regimos básicamente por el tiempo y de él dependen la mayor parte de nuestras relaciones y evoluciones, trabaja como una guillotina, certero, demoledor, imparable, muchas veces es implacable y otras veces misericordioso, depende de las circunstancias y el tipo de emociones. 
Pero no voy a hablarles del tiempo, ya le dedique hace un “tiempo” (valga la redundancia) una entrada, la pueden  leer aquí: La medición del tiempo.


Esta imagen es muy didáctica, de ella podemos tomar más de una enseñanza: Primero, como trabaja el tiempo, segundo, el amor y respeto a la naturaleza, su cuidado y el aportar buenas cosas para el futuro de las siguientes generaciones. Además dice un dicho que: “De tal palo, tal astilla”, lo que resuena que de tal padre, tal hijo, por eso el buen ejemplo de los padres es primordial a la hora de criar y educar a los hijos, para al menos contribuir con el ejemplo, a que sean personas útiles y sanas para la sociedad y el mundo. 
Algo muy importante que también nos enseña la imagen es el ser agradecidos y saber reconocer los méritos y los aportes de los demás. 

Sembramos una semilla, abonamos la tierra, la regamos y cuidamos, con el tiempo crece y se convierte en un gran árbol, de esa misma forma nacemos, nos alimentan, educan y cuidan, con el tiempo crecemos, pero nuestro crecimiento va más allá de lo físico y lo personal, abarca lo emocional, intelectual y espiritual. 

Junto con el crecimiento del cuerpo, crecen y se desarrollan otros niveles de comprensión y entendimiento, estos aun cuando el crecimiento del cuerpo se ha detenido, continúan creciendo y nos hacen capaces de trascender como especie y evolucionar en el tiempo, con la finalidad de mejorarnos y perfeccionar la naturaleza humana. 


Al pasar de los años somos más selectivos para confiar por los desengaños sufridos, aprendemos a querer menos o mejor, con menos imposiciones y exigencias, menos morbo o malicia, de manera menos obsesiva y posesiva, de forma más serena, sana y afectuosa, aunque continuamos sopesando en la balanza la reciprocidad. 

Eso es en cuanto al cariño y el afecto, pero en cuanto al amor es diferente, el amor no conoce preferencias ni rencores, el verdadero amor no es selectivo, ni vengativo, surge y se da de manera incondicional y con el tiempo llegamos a amar mas y a más personas, ya que se supone que con los años ese amor que llevamos dentro y somos, madure a un nivel de expresión que nada lo amilane o aniquile.

Eso se consigue con la madurez que da la vida, con el desapego, así aprendemos a amar con libertad, conscientes de que nadie es dueño de nadie ni es mejor que nadie, y que la mejor forma de dar y recibir amor es liberándonos de falsos juicios y ataduras mentales y sociales, de intereses bajos y mezquinos.


Con el tiempo, aprendemos primordialmente a amarnos y aceptarnos tal como somos, esto nos abre las puertas para amar y aceptar a los demás y para que a su vez, estos nos amen y nos acepten, todo se vuelve recíproco e ideal, más simple, más moldeable y manejable, armonizamos con la vida y con los demás. 

Creo que así es como debería de ser, la madurez de los años y experiencias vividas a consciencia, nos dan más entendimiento y empatía para llevar una vida tranquila y plena, más apacible, más amorosa. Con el tiempo… si maduramos, todo esto se hace realidad. 

Al menos a mi me está pasando así, personas que antes me eran indiferentes y desconocidas, como decimos en mi país, que no eran de mi reino, ahora me es imposible sentirlas lejanas, mirarlas y no sentir una especie de cariño y ternura hacia ellas, otras veces compasión cuando percibo su rabia interior y su infelicidad. 

He aprendido a quererme y me he puesto muy querendona con los años, siento que mi corazón ha hecho más espacio para el amor hacia los demás, que caben muchas más personas en él, y que atraigo a más personas a mi vida, los veo como realmente son, almas buenas y conectadas a mi alma, quizás menos afortunadas o menos enfocadas en las bendiciones que reciben y más atentas a las carencias que creen tener, pero al fin de cuentas almas que de alguna forma buscan trascender.


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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