domingo, 18 de septiembre de 2016

El océano y el humano

Quiero iniciar esta entrada con este párrafo tomado de “La Palabra Diaria” del día 4 de agosto, ya que de ahí surgió mi reflexión.

“En un día claro, la superficie del océano solo nos muestra un destello de la actividad debajo de ella. Bajo el agua existe un sinfín de expresiones de vida. Tal como las profundidades del océano, mi corazón está lleno de innumerables energías, amor, compasión y mucho más”.


Esta lectura me llevo a pensar en las similitudes del océano y el ser humano. Siempre dejando ver solo lo superficial, reservando sus profundidades para los que deseen explorarlas o los más intuitivos y curiosos, las cuales están llenas de misterios y sorpresas. Generalmente tranquilos y apacibles por fuera, pero con mucho poder y fuerza interior, las mareas vienen y van al igual que los sofocones nos causan subidas y bajadas de ánimo. 

A veces el océano deja salir un poco de esa fuerza y sus aguas se vuelven violentas y peligrosas por causas aparentemente exteriores, lo mismo ocurre con nosotros, por causas aparentemente externas, nos volvemos violentos y peligrosos, pero tanto en el interior del océano como en nuestro interior, subyacen esas causas, que a diferencia con el mar, las podemos controlar y equilibrar con mayor facilidad.

Así como bajo el agua existe un sinfín de expresiones de vida, de la misma forma bajo nuestra piel también subyacen y existen un sinfín de expresiones de vida, tanto vida material como vida espiritual. Mientras el océano es un inmenso manojo de gotas de agua en eterno movimiento, nosotros somos un inmenso manojo de emociones en eterno fluir. El océano tiene su equilibrio en su interior y esto controla y mantiene en equilibrio a la superficie, nosotros también somos así, y si perdemos el equilibrio interior nos desbordamos.


Observar el océano invita a moverte a su compás, o mejor dicho a sentir como te mueves a su compás, con el mismo vaivén de las olas, con el mismo cambio de la marea bajo la influencia de la Luna, nos invita a brillar con los primeros rayos del Sol, a respirar el aire como el respira en cada ola que se rompe o se pierde en la orilla, a ser solidarios al igual que lo hace el océano soportando el peso de los barcos y sustentando la vida, y a ser humildes y agradecidos como él es, al permitir que su vastedad y poder pasen desapercibidos y queden sumidos en las tinieblas al llegar la noche.

Otra lección o semejanza que nos da esta lectura y el océano, es que no debemos juzgar por la superficie de lo que vemos, debajo de las apariencias se esconden un sinfín de condiciones, emociones, situaciones, vidas y sobre todo realidades que no somos capaces de ver ni mucho menos entender.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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