domingo, 6 de agosto de 2017

El número tres

La vida permanece en constante evolución, sea como sea, estuvimos, estamos y estaremos aquí en la Tierra por muchos siglos más, si el hombre con su ambición y desamor, no le pone final a este hermoso planeta. 
Dentro de cada ciclo de la vida y en su transcurrir en toda la historia de la humanidad, existen eventos de causa y efecto, unos encuentran explicación lógica y visible, otros son menos obvias sus causas, y otros..., más común de lo que imaginamos, no tienen explicación lógica, razonable y mucho menos palpable. Estos eventos encajan en una de estas  descripciones: Coincidencia o Diosidencia, casualidad o causalidad, destino o karma, azar o sincrodestino...


Aparte de estos eventos, muy conocidos por muchos, existen algunas cosas que se repiten con mucha frecuencia donde quiera que miramos, como la forma circular (que de hecho ya aborde en una entrada de este blog titulada La redondez), y otra que resulta muy familiar y repetitiva, y que deseo abordar en esta entrada, es el numero tres, y no podía ser de otra forma, ya que se afirma que vivimos en un mundo tridimensional.

Esto implica tres dimensiones: largo, ancho y profundidad, pero también existen otras ternas que se derivan de otras implicaciones. Detengámonos a ver lo primordial, que generalmente se presenta o representa por el número tres.

Tierra, agua y aire.
Cuerpo, mente y espíritu.
Animal, vegetal y mineral.
Solido, líquido y gaseoso.
Presente, pasado y futuro.
Positivo, negativo y neutro.
Agua, aire y fuego.
Rojo, azul y amarillo.
Se premian los tres primeros lugares.
En la Biblia sale a relucir con frecuencia el tres...

FRECUENCIAS DEL TRES

La lista resultaría casi infinita, la realidad es que estamos muy influenciados por la triada, la trilogía, la trinitaria, la terna, el triángulo, la 3D...

En este plano tridimensional sin embargo se habla mucho de dualidad, de dos polos opuestos, de dos caras de la moneda, pero en medio de esa dualidad existe el equilibrio, la neutralidad, o sea, ni uno, ni lo otro, y esa neutralidad viene a conformar la trilogía de la existencia en este plano físico, lo positivo, negativo y lo neutral, que en electricidad se suele representar por el color blanco o el negro, y este último vendría a ser nuestra sombra, nuestro lado oculto o neutro, entre lo que somos y lo que no somos, nuestro término medio.

Si bien es cierto que nuestra anatomía esta mas bien identificada con el dos: ojos, oídos, brazos, piernas, manos, pies, codos, rodillas, senos, glúteos, testículos y labios vulvares, además la boca, que es una pero tiene dos labios, la nariz que es una pero tiene dos orificios y así sucesivamente con los órganos interiores, dos pulmones, dos riñones, un corazón con dos orificios (aurícula y ventrículo)…, no es menos cierto que la función que cada una de estas realiza, viene a conformar la trilogía de dichas partes, un órgano sin una función determinada o definida, no tendría razón de existir, así que vuelve a hacer su aparición el tres.

 
Como ven, todo o casi todo, se corresponde y se sigue relacionando con el mágico número tres y en algunos casos con sus múltiplos. 

Redactando esta entrada me vinieron a la mente tres recuerdos de antaño.

1. Un juego de la infancia que decía así: 
“Somos tres muñecas llegadas al país, nosotras no sabemos quién nos trajo aquí; mi nombre es María, el mío es Fifí, y yo no tengo nombre porque soy una infeliz. Marieta no seas coqueta, que tu, no vales ni media peseta, en donde estabas anoche que no te pude ver, estaba en el teatro con el cabo Miguel. Te he dicho que no andes con ese borrachón, pues ando y ando y ando porque es mi corazón”. (¡Por Dios!, ahora que lo pienso, ¡Que letras! para un juego infantil).

2. Un poema que aprendí en la pre adolescencia.
Tres veces cogí la pluma, tres veces se me cayó, tres veces escribí tu nombre y jamás se me olvidó. (No sé si a esto se le pueda llamar poema).

3. Un conjuro de la novela “Doña Bárbara”.
“Con dos te veo, con tres te ato: con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo ¡Hombre!, que yo te vea más humilde ante mí, que Cristo ante Pilatos”. (Esto de conjuros sí que fue una novedad para mí en ese tiempo).

¿Qué les pareció este recordatorio? A mí me hizo reír y me pareció genial, de lo que es capaz este increíble número tres. ¡Como afloraron a mi mente estas cosas que lo contienen!, y que a decir verdad, las tenia olvidadas. Ha sido sorprendente saber que la memoria trabaja por su propia cuenta. Por otro lado, no sabía que estas cosas me habían marcado, ja, ja.

Bueno, si les sigo contando, están: “Los tres mosqueteros, “Las vírgenes de Galindo”, los tres que echaron a Pedro en el pozo, los tres chiflados, los tres cerditos, los tres Reyes Magos, “Piedra, papel y tijera”, se cuenta hasta tres para iniciar una carrera, competencia o lo que sea, en fin…


¿Recuerdan el juego de la rayuela o trúcamelo, como le llamaban aquí?, también le decíamos “peregrino”, había que pisar el 1,2 y 3, con un solo pie… 
¿Y el juego de “Un, dos, tres, mariposita es”, lo jugaron? 
Caray ¡Como nos divertíamos en esa época!  

Para dar por finalizado este filosofar y estas divertidas remembranzas, les dejo esta expresión de un juego que también vino a mi mente y… 
“Una, dos y tres, pisacolá”.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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