jueves, 28 de enero de 2016

Si te disgusta... descárgalo

Existe una vieja publicidad comercial de una tarjeta de crédito muy famosa, cuyo slogan era el siguiente: “Si te gusta… cárgalo” y no sé por qué me ha venido a la mente, pero me ha dado que pensar sobre la cantidad de cosas que cargamos en la vida que mayormente son innecesarias o nos disgustan, y a pesar de esto las llevamos en nuestra mochila emocional y con ella cargamos la mochila espiritual de cosas que nos restan en nuestro desarrollo y crecimiento personal y espiritual.

Este divagar de la mente que trabaja a favor del bienestar emocional, buscando soluciones para hacer más placentero y fácil nuestro aprendizaje, me trajo esta otra frase que resonó con fuerza en mi interior y que decidí usar como titulo de la entrada: “Si te disgusta… descárgalo”, suéltalo ya, déjalo ir que no te pertenece, nunca fue tuyo, solo trata de envolverte y retrasar tu aprendizaje, déjalo ir de una vez por todas, tanto el cuerpo como el alma, lo agradecerán.




¿Alguna vez te has visto en un momento sumamente dichoso o tremendamente peligroso? 
Si la respuesta es afirmativa ¿Recuerdas que te pasó por la mente o qué pensamientos te invadieron en ese instante? 

¿Reflexionaste sobre ese episodio y notaste la cantidad de cosas que aparentemente mantenemos vivas en el pensamiento y que realmente nos importan un rábano a la hora de la verdad? 
Esas cosas son las que debemos descargar, pues no son nuestras, y si lo pensamos bien, esas son la mayoría de las cosas que nos atribulan el pensamiento. 




Desde que empezamos a tener una consciencia de separación y carencias, decidimos acumular cosas y empezamos a competir, por ejemplo: antes había una bodega en el pueblo o comunidad y nos surtíamos de ahí, ahora hay un sin número de ellas por todas partes y todos tenemos una mini bodega en casa. Había una biblioteca o varias al servicio de la ciudadanía, luego todos quisimos tener una biblioteca en casa, llena de libros que alguna vez leeríamos o leímos y queremos tener a mano por si alguna vez queremos volver a leer, muchos todavía la tenemos y nos cuesta soltar esos libros a pesar de que la moda actual es tener esos libros en la computadora o algún disco duro externo, al menos para mí es más placentero sentirlos en mis manos, pero en el fondo no hay necesidad de acumularlos en la casa, si algún día necesitamos leer un libro determinado, podemos estar seguros que de alguna forma ese libro caerá en nuestras manos, así funciona el universo y su ley de atracción que es 100% segura y cumplidora, pero ¡cuánto nos cuesta soltar algunas cosas!

Al igual que con los libros podemos enumerar cientos de cosas que de la misma manera fuimos innecesariamente acumulando en nuestra casa mental.
Para poder continuar nuestro desarrollo se hace imprescindible soltar esas cosas que no nos dejan avanzar, nos mantienen apegados y atados a un mismo estado de consciencia enfermizo y dependiente.

El aprendizaje hasta ahora es dejar ir, soltar, pero no te quedes ahí, da un paso más, asegúrate de que eres capaz de mantener la estabilidad necesaria para sostenerte suelto, ligero, sin ataduras, eso es lo primordial, aprender a ser infinita y eternamente estable, armónico, equilibrado, libre y por ende… feliz, como en esencia se supone que somos todos.


Vivimos en un eterno, constante y sutil movimiento, las cosas que permanecen atrapadas pierden su encanto y hermosura, una cosa es estar ahí, en aparente calma pero sustentando el crecimiento y desarrollo interior, como las semillas en su proceso de germinar y otra estar inerte por fuera y por dentro.

Si te disgusta…descárgalo, déjalo a un lado, pero si te gusta no lo poseas, úsalo para tu crecimiento pero luego suéltalo, ponlo a circular para que lo puedas compartir con otros, si alguna vez lo necesitas, volverá a ti para repetir el mismo ciclo del fluir de la vida. 

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

Un extracto de esta entrada fue publicado en el periódico El caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2016/02/09/correo-los-lectores

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