lunes, 12 de mayo de 2014

Todos queremos mejorar

Algo que todos o la gran mayoría quiere y busca es mejorar en todos los aspectos de su vida. Aunque muchos, solo se enfocan en la mejoría económica y la apariencia física, para conseguirla a veces es necesario mejorar otras áreas primero, así que esto es una buena noticia, porque sin importar el enfoque, siempre que mejoremos en algún renglón, es positivo.

Lo que sí debemos de tener bien claro es, que como parámetro y punto de partida para observar nuestra mejoría, solo podemos hacer comparaciones con nosotros mismo, el antes y el ahora de nuestra personalidad y nuestra vida, el ayer y el hoy nuestro, de nadie más, si es que queremos llegar a un feliz término, pues como dice el poema anónimo Desiderata: “Si te comparas con los demás, puedes volverte vanidoso o amargado, pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tu”.


                                               





Si te acomplejas por tus defectos los harás resaltar, muestra tus virtudes con tesón y humildad y las apreciarán (Harolina P.)                                                                                                 



Los seres humanos siempre adolecemos de establecer comparaciones, y es hasta lógico ya que todo es relativo, en el caso que nos ocupa las comparaciones resultan molestas y dañinas, incluso entre hermanos, porque aunque pertenecemos a una misma especie, y como tal, somos morfológicamente hablando, iguales, en sentido general nadie es igual a nadie, cada cual tiene diferentes características que lo identifican, incluso los hermanos gemelos.

Existen tres cosas que considero necesario tener para mejorarnos, y poder manejar astutamente las diferentes etapas de la vida, tanto a nivel material como emocional, son:
Sensatez: en los tiempos buenos y de mucha abundancia
Esperanza: en los tiempos malos y de mucha escasez
Perseverancia: en los tiempos regulares o promedios, que suelen ser los más

A nivel espiritual considero que no tenemos nada que mejorar, somos perfectos en ese aspecto, es solo que por alguna razón en un determinado momento de nuestra existencia, nos desconectamos de nuestra fuente divina y lo olvidamos, este olvido hace que nos veamos llenos de imperfecciones, en este caso lo único que debemos hacer es despertar, conectarnos nuevamente, al hacerlo recordaremos nuestra perfección y actuaremos como tal.















Si logramos hacer esa conexión con nuestra fuente de vida y despertamos, lo cual requiere despojarnos de todo lo que creemos que somos (nuestro ego), dejamos el camino libre para nuestro reconocimiento, y es seguro que la mejoría llegara inmediatamente a nosotros. 

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente.

Esta entrada fue publicada en el periodico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2015/08/12/correo-los-lectores

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