viernes, 2 de octubre de 2015

Semejanzas de vida

Nuestra dualidad se manifiesta fuertemente cuando no estamos centrados y firmes en lo que ES y lo que SOMOS. Como estamos en constante movimiento y frente a tantos cambios y adversidades, aunque estemos centrados tendemos a tambalearnos, a oscilar tocando sutilmente, y a veces no tan sutil, los extremos, a ir y venir como las olas, subir y bajar como la marea, con periodos de calma y otros de tempestad como el mar.

Otra semejanza es la que me muestra esta imagen que es muy significativa, me ha dejado ver que nuestra vida es como la de un árbol.

Pero más que ver en ella la semejanza de las semillas de las que partimos, las raíces que echamos, los troncos, tallos, hojas, flores y frutos que nos brotan, ofrecemos y luego dejamos al partir (el árbol familiar), lo que me muestra es, que el árbol nos representa más bien individualmente, como aparece en la imagen inferior. 


Cada rama es una las tantas vidas que vivimos; diferentes, únicas y aleccionadoras, experimentadas por nuestra única alma. 
En la primera imagen se puede apreciar incluso nuestra adherencia y los retorcijones que nos damos en cada una y entre una y otra vida, y a pesar de todo seguimos floreciendo, enraizados con firmeza hasta que cese la necesidad de seguir creciendo y renaciendo. Es entonces cuando nuestras ramas se cierran en un abrazo total, unas con otras y pasemos a ser un tronco que sirve de faro, guía y admiración, como pasó con Jesús, Buda y tantos otros maestros y almas evolucionadas que trascendieron. 


Cada nueva vida es un cambio de piel, de forma, de pensamiento, de experiencias y aprendizajes, de personalidad y de identidad…, pero dentro de cada una de ellas permanece la misma alma, aprendiendo, creciendo, desarrollándose, evolucionando…, hasta trascender.

Observa nuevamente la segunda imagen con apenas unas cuantas vidas vividas, compárala con la primera imagen, la cual luce plena, repleta de vidas, rebosante de belleza, llena de sabiduría, completa, como si estuviera en su última encarnación, puede permanecer en ese estado por muchos años y si lo desea, por decisión propia puede volver a encarnar, pero ya en condición de guía o auxiliar de almas, aunque ya está lista para comenzar a abrazarse, tejerse en un bello tronco, firme y fantástico, magistral y universal.

Sí queridos lectores, somos árboles en movimiento, brotando, creciendo, dando luz y sombra, nutriendo la tierra y alimentando la vida. Fuimos amamantados con la savia del saber, sostenidos con la firmeza de las rocas, bañados con la paciencia de los ríos y la generosidad de las lluvias, mecidos con la suavidad y ternura del aire, acariciados por el sol, instruidos por la luna, añejados con la continuidad del tiempo y bendecidos con la voluntad de SER.

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.