lunes, 9 de febrero de 2015

Aprendiendo a desprogramarnos

Si pensamos en lo difícil que fue nuestro aprendizaje, desde niños hasta la actualidad y lo duro y tortuoso que fue para nuestros mayores enseñarnos pacientemente y otras veces hasta perdiendo la paciencia, todas o la mayoría de las cosas que hoy forman parte de nuestra personalidad y forma de ver y sentir la vida, los valoraríamos un poco más, en lugar de culparlos y hasta odiarlos. Nuestra manera de reaccionar, pensar y creer está totalmente influenciada por nuestros padres o educadores, por los adultos que se ocuparon de guiarnos y ayudarnos a formar un perfil sicológico y el carácter definitivo. Sin importar si estaban en lo correcto o no, ellos creían estarlo y eso es suficiente.
Lo cierto es que hasta hace poco tiempo llegamos a creer que ellos sabían más que nosotros de todo y por ende siempre tenían razón. Hoy día las cosas han tomado un curso contrario, los hijos piensan que los padres y los mayores desconocen muchas o la mayoría de las cosas, pues con los años y los descubrimientos científicos estas cambiaron, especialmente a nivel sicológico (la manera de sentir, pensar y comportarse) y pedagógico (la manera de enseñar y educar), además de los cambios sociales y culturales (la economía, política, religión, etc.), consecuencia de esos mismos descubrimientos científicos que llevaron al ser humano a guiarse más por la lógica y la razón, que por el amor y el corazón.

El problema actual radica mayormente en la confusión que se ha desatado en nuestro interior, en la falta de identidad personal que presentamos, pues en lugar de hacer memoria y recordar lo difícil y pausado que fue nuestro aprendizaje, queremos desaprender con una rapidez imposible de lograr con éxito. La única forma de soltar muchas de las etiquetas erróneas que tan arduamente tuvimos que asimilar, es borrando renglón por renglón, no podemos hacerlo de golpe y porrazo, hay que realizar un minucioso proceso de desprogramación, no tan a la ligera como lo estamos haciendo. 
Debemos detallar bien cual parte del programa está corrompida o dañada y está afectando al resto, corregirla o eliminarla si fuere necesario y reemplazarla por otra similar pero correcta, sin vicios, y nunca dejar ese espacio vacío ni en el aire, pues si lo hacemos nuestro computador cerebral se dislocará, ya que el programa estará incompleto, y eso precisamente es lo que estamos haciendo hoy día, dándole a “borrar” sin compasión, y echándolo al "zafacón", sin verificar si había algún error menor en algún comando y se podía resolver o arreglar, y dejando esos espacios huecos.

Estamos  tumbando altares y sepultando vivos, descartando tantos años de esfuerzo y trabajo, tanto de nuestro lado como del lado de nuestros educadores, sin ningún tipo de respeto ni conciencia, sin verificar el supuesto o los supuestos  “errores”.
Estoy consciente de que debemos desmontar muchas cosas de nuestra programación mental y de que es necesario hacerlo ya, pero de ahí a decir que nada sirvió y borrar por completo el disco duro sin hacer un backup o copia de seguridad, hay mucha diferencia, porque en ese disco duro había información muy valiosa y necesaria para efectuar la nueva programación y poder hacerla estable y funcional.

Al borrar todo de golpe perdemos nuestra referencia, nuestra identidad, y no tenemos ni la menor idea de quienes somos ni hacia dónde poner el rumbo, el norte simplemente desaparece de nuestra vista y para colmo ni de día ni de noche conseguimos una guía que nos oriente, no hay forma de divisar el horizonte y el cielo se ha llenado de falsas estrellas (drones), que nos confunden cada vez mas. 
Empeñados en buscar guía externa nos olvidamos de que todos internamente tenemos una brújula que trabaja 100% para nuestro bienestar, y si la consultamos con atención, funciona a la perfección, gracias a una sustancia de la que esencialmente estamos hechos llamada AMOR, que nos lleva hacia el camino correcto de la verdad, y para nada depende ni tiene que ver con descubrimientos científicos, ni con la modernidad y cambios externos, solo está vinculada a la interioridad del ser y su esencia divina, y es capaz de mover montañas, intenta comprobarlo por ti mismo.     

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

Esta entrada fue publicada en el periodico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2015/08/25/correo-los-lectores

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