jueves, 10 de octubre de 2013

Somos millonarios

Este pequeño planeta llamado “Tierra”, dotado de una belleza singular, con una variedad deslumbrante de lugares hermosos y exóticos, cubierto por un inmenso y glamoroso cielo, con un esplendoroso amanecer y un mágico atardecer, bañado por enormes océanos, mares, ríos y lagos, alfombrado con una vegetación insuperable, contrastando con las grandes alfombras de arenas de los desiertos y decorado con majestuosas cordilleras, montañas, llanuras, valles y cuevas, regalándonos en su mayoría de extensión cuatro bellas estaciones para gozar de diferentes climas.



Este pequeño paraíso lleno de colores, magia y encanto que habitamos y compartimos los seres vivos (minerales, vegetales y animales y dentro de todos ellos un grupo de seres millonarios con privilegios especiales llamados seres humanos), es el encargado de suplirnos la vida y darnos las pautas para una supervivencia placentera y grata.
  
  

Los seres humanos somos seres millonarios, pues contamos con millones de células, de neuronas, de terminaciones nerviosas, vasos sanguíneos, sistemas orgánicos con millones de funciones y todas se realizan de manera sincronizada y espectacular y con marcados privilegios por encima de los demás seres vivos (movimientos, pensamientos, sentimientos, emociones, aptitudes, etc.), capaces de hacer lo improbable, vencer lo invencible y de inventar lo imposible. Somos seres capaces de agujerear la capa de ozono que nos protege del Sol con tal de llegar a la Luna, a Marte o al mismo Sol si se pudiera, somos temerarios, decididos, audaces y voraces cuando de romper las barreras externas se trata, lo que nos resulta difícil, incómodo y casi inconcebible es romper nuestra barrera interior, atravesarnos a nosotros mismos, agujerear nuestra capa de imperfección en busca de nuestra perfección interior.


Indudablemente que sí, que somos seres millonarios con la capacidad de multiplicar esos millones, pero lo hacemos de manera incorrecta, por cada millón de células fabricamos un millón de temores, por cada millón de neuronas fabricamos un millón de angustias, por cada millón de vasos sanguíneos, fabricamos un millón de dudas e incertidumbres, por cada millón de funciones ejecutadas a la perfección por nuestros sistemas orgánicos, fabricamos un millón de quejas, deseos insatisfechos y resentimientos.

En fin, por cada millón de motivos para ser felices, creamos un millón más de motivos para no serlo. Entonces el problema real no es la pobreza, sino la riqueza, la certeza de sabernos millonarios y no saber qué hacer con los tantos millones de cosas que poseemos, con tantos privilegios y abundancia de dones, talento, gracia y poder que se nos han regalado, con tanta tierra, con tanto mar, con tanto aire, con tanta vegetación, con tantos seres vivos a nuestro servicio, con tanta hermosura y belleza que nos rodea, con… 


Somos como  niños a los que se malcría dándole todo lo que desean y mucho mas, pero al final son los niños mas solitarios e infelices que existen, esa es nuestra gran verdad, nuestra infelicidad no se debe a la falta o carencia de cosas, sino al exceso de estas, y asumimos como dice el dicho: “Demasiado bello para ser real”, entonces lo negamos y nos negamos a nosotros mismos y de millonarios pasamos a ser mendigos y nos dedicamos la mayor parte de nuestra existencia a mendigar amor, porque al estar rodeados de tantas demostraciones de amor, saturados de amor por doquier, nos cegamos ante él, al igual que nos cegamos ante la mirada deslumbrante del Sol.    

Somos millonarios jugando a ser mendigos que se creen millonarios y actúan como tal, pero en perjuicio de su existencia feliz y a favor de una existencia ficticia que resulta ser amarga y desdichada, nada que ver con lo que debería ser la verdadera existencia del ser humano.

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

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