jueves, 7 de junio de 2018

Cargas y recargas

Si fuéramos buenos observadores o espectadores, nos daríamos cuenta de que la mayoría de las veces resulta más fácil llevar las cargas de los demás que las nuestras. Desde luego, esto se debe a que solo cargamos el peso de sus lágrimas, no el de las fuertes emociones que las originan. 
Es como si cargáramos con su mochila, pero vacía, así solo sentimos el peso de la mochila, el contenido de esta que lo carguen ellos mismos.

Para nuestros adentros pensamos de esta manera: “Esta bien que le ayudemos con su carga, no que lo liberemos por completo de ellas”, por eso tomamos la mejor parte del asunto, lo mas llevadero, lo demás no es cosa nuestra.



Aunque suene cruel, esta es la realidad y es así como debe de ser, las elecciones son responsabilidad de cada quien, así también sus consecuencias, en el interin, hacemos de árganas pero no de mula. Por eso nos resulta tan fácil ver la solución de los pesares ajenos, visualizar claramente la salida y aconsejarlos. Pero desde afuera, no sentimos en realidad sus emociones como nuestras, no palpamos en carne propia su dolor, solo lo visualizamos y enseguida lo apartamos para no lacerarnos mas de lo debido y perder de vista nuestras propias cargas.

“Ayude a sus semejantes a levantar sus cargas, pero no a cargarlas” (Adagio popular)

Tanto las cargas nuestras como las ajenas, tienen una solución o forma de manejarlas, guiadas por un denominador común: LA ACTITUD, que es directamente proporcional al peso que estas cargas imprimen en nosotros. Nuestra actitud frente a las cosas marca la diferencia entre un reto agobiante y una aleccionadora, fortalecedora y buena experiencia.



Así sea en el aspecto salud, familiar, laboral, social y económico, ideológico o cultural..., cada experiencia vivida se hace mas llevadera y menos sufrida, con una actitud positiva. Nunca estamos perdidos o errados, sencillamente estamos explorando la vida y experimentando sensaciones y emociones para luego tomar sabias decisiones.
Cada quien con lo suyo y en lo suyo, la vida no se detiene, no te da permiso para resolver los problemas ajenos y dejar los tuyos para luego, estos siguen afectándote a diario, sin treguas, así que lo mejor es colaborar, pero no hacerte cargo de lo que no te corresponde.

Aprende a llevar tus cargas, para que no te sobrecargues. Has la recarga solo después de haber aligerado tus cargas.

Puedes prestar tu servicio, sin que se te vaya la vida en ello, no debes postergar el motivo de tu existencia para una próxima vida, pues estarás sobre cargado de tareas, emociones y sensaciones, y probablemente experimentes una serie de confusiones y alteraciones de la psiquis que de seguro se traducirán en grandes males y enfermedades, tanto del cuerpo, como del alma.

Cada encarnación tiene su propósito, y con cada una vamos avanzando y evolucionando nuestra consciencia, que permanece con nosotros durante toda nuestra larga existencia y es nuestro ADN esencial y primigenio, nuestro Yo, aportando sabiduría al Yo Universal o Consciencia Colectiva Universal, que se nutre de energías renovadas y transformadoras, desplegando así, la armonía, el equilibrio y el acoplamiento de energías vivificadoras y portadoras del saber universal infinito.



No frenes ni retardes tu evolución, colabora pero has lo tuyo, la Consciencia Universal espera tu información, tu sentir, tu transformación; para así seguir transformándose continuamente y reorganizándose con nuestro aprendizaje de vida terrenal y mas allá de esta, mas allá de todo lo conocido y lo desconocido, mas allá de lo que Eres, de lo que Es, de lo que Somos y de la existencia misma, mas allá de la esencia de la vida que habita todo el conglomerado universal.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Esta entrada fue publicada en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2018/06/25/correo-de-los-lectores-8/

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