lunes, 25 de junio de 2018

Algo en que pensar

Esta reflexión surgió a partir de un comentario que hice en el blog Pienso, luego escribo de +Mrs.Sofia, en la entrada titulada Como no odiar, les exhorto a visitar su blog y leerla. 



Para nadie es una sorpresa el saber que lo que guardamos en nuestro interior, aquello que se va metiendo de a poco pero que capta nuestra atención y mas allá de ella, sin que a veces nos percatemos de su alcance y del como va dejando huellas, termina siendo nuestro patrón de pensamiento y conducta.

Muchas veces estas adquisiciones nos vienen de otras vidas pasadas, otras veces las adquirimos en esta vida de los padres o tutores, de influencias del medio en que nos desenvolvemos y el tipo de cultura e ideología que recibimos. Pero mayormente se deben a el cumulo de información de la mente genética o procesador de la consciencia del colectivo humano. 



El ser humano tiene millones de años experimentando, aprendiendo y descubriendo para terminar sabiendo todo aquello que sabe. Dicen que el raciocinio es una característica solo humana y que es lo que nos diferencia del resto de los animales. Independientemente de que esto sea totalmente verdad o no, pues hay animales que parecen pensar incluso mas que nosotros, lo cierto es que los humanos no paramos de pensar y crear realidades a partir de aquello que pensamos.

Quizás el haber establecido acuerdos verbales, con la supuesta intención de un mejor entendimiento, como las letras, las palabras y los idiomas y sus respectivas reglas, además de los números y todas las ciencias que de estos se derivan, y sobre todo la aparición de limites y pertenencias, dando origen a los diferentes países y la ambición desmedida que todo esto ha desatado, trajo consigo la separación, el sentirnos exclusivos de alguien, de un lugar, una raza o cultura..., y eso es precisamente lo que nos ha llevado al punto de no entendernos, y a partir de ahí surgieron los desacuerdos, y con ellos vinieron los confrontamientos y conflictos a grandes escalas.

El origen de cualquier conflicto surge por el sentimiento de separación y de pertenencia. Mientras nos sintamos divididos, viviremos divididos y defenderemos a muerte lo que consideremos nuestras creencias y pertenencias, ideologías y banderas. Somos victimas de un raro complejo de superioridad que va acompañado de una imperiosa necesidad de dominar, de tener la razón y el control. Generalmente nos damos cuenta del horror de la separación mas que nada cuando surgen conflictos de gran alcance como las guerras, y paradójicamente, en la guerra se ve mas unión (en cada bando desde luego) que en tiempos de paz.



La paz siempre se da por sentada y tiende a pasar desapercibida hasta que aparece el conflicto y desata la guerra, entonces le damos mas importancia y poder a esta que a la paz. Es igual que la luz, no la notas y valoras hasta que no te quedas a oscuras, y entonces empiezas a perturbarte por la oscuridad y a temerle, dándole poder sobre ti. 
La ausencia de paz es una semilla que vamos sembrando por ahí con cada desacuerdo y cada sentimiento de separación, y sin darnos cuenta la regamos a diario, alimentando su nocivo e infeccioso virus letal con cada palabra o actitud de resentimiento. 

Pienso que la guerra o ausencia de paz, es un estado de consciencia que todos o la gran mayoría estamos viviendo internamente y lo estamos reflejando en el exterior hasta el punto de volverse casi incontrolable, pero en realidad no es así. Cuando todos o la gran mayoría dejemos de alimentar la guerra dándole poder en nuestras vidas, y estemos internamente en paz, la guerra desaparecerá, y con ella todo el malestar que creó. 



Así que amables lectores, nuestro mayor deber en estos tiempos actuales, es lograr esa paz interior tan anhelada, y esta solo se logra amando y perdonando, no odiando o fomentando el odio. Es hora ya de limpiar y sacudirnos esa creencia de que es necesario el conflicto, volvamos a comunicarnos a través de la telepatía como lo hacíamos antes, a través del silencio, donde las palabras sobran frente al amor que fluye en cada gesto y cada mirada, en cada mano que estrecha y abraza, en cada sonrisa y respiración... 

Seamos seres del mundo, del universo, no ciudadanos de aquí o allá. No le demos poder dentro de nosotros a los desacuerdos, al sentimiento de separación y de superioridad o inferioridad, ambos son muy perjudiciales. 

SEAMOS EL TODO, NO UNA PARTE EXTERNA DE ÉL.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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