lunes, 25 de abril de 2016

Olvido necesario o pasado

Dedicado a todas las calabazas que a lo largo de nuestra vida hemos utilizado, luego desechado y necesariamente olvidado.

Me ha gustado la observación que hace esta imagen que compartió en su perfil de google +mariaÉ nieto y que dice lo siguiente:







“La cenicienta igual se casó con el príncipe, pero la calabaza nunca volvió a ser carruaje. Nadie piensa nunca en la calabaza”


Le hice el siguiente  comentario:
“Tal vez porque la calabaza era un medio, no el fin, es como el taxi que tomamos para ir al aeropuerto, nadie se acuerda jamás de él al llegar a su destino”.

Agregué que nos deja ver con claridad que lo pasado, es solo eso, pasado, y así debería ser con todo o casi todo, aunque parezcamos ingratos, entender que el pasado es solo un medio para acceder al presente y a través de este quizás proyectar un posible futuro.


Imagínense si retenemos todo aquello que nos toca y tocamos, no tuviéramos ni un minuto de tranquilidad mental, si olvidando la mayoría de las cosas del día, apenas podemos vivir con las cargas que llevamos, no quisiera ni pensar lo que ocurriría si estuviéramos pendientes y nos aferramos a todo, a cada segundo vivido.

Por eso el cerebro (la mente, la materia gris, las neuronas o lo que sea que realice esta función de filtro en el cerebro) es tan mágico, hace una selección precisa y minuciosa de lo que debe guardar, donde o a que profundidad debe guardarlo y que debe echar al zafacón de inmediato.

A veces queremos recordar cosas y por más que hurgamos no lo recordamos, las dejamos atrás y olvidamos, pero este olvido es relativo ya que tenemos un registro de eso y es lo que nos hace querer recordar esas cosas, otras veces creemos haber olvidado ciertas cosas y un encuentro fortuito con algo, no sabemos explicar por qué, nos las trae a colación al presente, por lo cual no las habíamos olvidado por completo, solo estaban dormidas en el subconsciente.


En vista de esta paradoja pensaríamos que nada se olvida y que el cerebro todo lo registra y lo deja en cierto lugar reposando, si acaso es necesario traerlo de vuelta por alguna razón, lo hará. No creo que exactamente sea así, existen otras vivencias que si nos las mencionan, creemos a ciencia cierta que no las hemos vivido y las negamos, en realidad las vivimos pero el cerebro las desechó inmediatamente y no las llegó a registrar, por eso podemos incluso jurar bajo palabra que no lo hemos vivido, ya que ni remotamente se nos asoman a la cabeza.

Esta tarea de selección la realiza nuestro cerebro porque de alguna forma sabe la finalidad de nuestra existencia en este plano, la consciencia, que se manifiesta a través del cerebro y la mente por medio de nuestros pensamientos, tiene la sabiduría, el poder y el control, por eso puede decidir que desechar directamente, que poner en la superficie de los recuerdos y que reservar en un lugar más profundo para un futuro uso, y así poder trabajar de manera más objetiva, organizada y eficaz al acezar a los registros archivados, tan necesarios para cumplir nuestro cometido o el cometido para el cual nos prestamos voluntariamente a colaborar.


De vuelta al mensaje escrito en la imagen inicial, existe una sabiduría mayor en nuestro ser que nos hace pensar conscientemente las cosas. El cuento de la Cenicienta tenía un objetivo bien definido, pero ¿Quién puede afirmar que los tropiezos y las piezas necesarias para conseguir ese objetivo fueran irrelevantes? Por supuesto que no, son parte importante de este. 

De hecho, la memoria, condicionada a través de los pensamientos principales, dirigidos y manipulados por los intereses y la razón, es la que desvaloriza y deja atrás otros detalles que en su momento fueron protagonistas de la historia, pero su brillo en ella, duró lo que dura el de una estrella fugaz en el firmamento, en cuyo destino a nadie se le ocurre pensar, solo se disfruta el momento fugaz de su aparición, al igual que el de la calabaza, que al pasar el tiempo del hechizo, volvió a su estado original y de seguro pasó en pocos días a ser parte del almuerzo como era de esperar. 


Convertido un pequeño sueño en realidad, muchas veces se pierde la ilusión y el encanto, o sea el hechizo, pero si emocionalmente continuamos bajo el influjo de esa ilusión y ese encanto, y albergamos en el corazón un fuerte deseo, con humildad y buenas intenciones, esto provoca que el universo se confabule y nos impulse a ir en pos de realizar un sueño mayor, por imposible que parezca, y su realización nos traerá una autentica felicidad, no una, aparente y efímera. 

Si pasado el momento y el tiempo, mantenemos viva esa llama que encendió la ilusión y mantuvo el encanto, o sea, produjo el hechizo y provocó esa aparente felicidad, es muy probable que hagamos realidad ese sueño mayor, que es duradero y muy particular, y es el principal motivo de que estemos aquí formando parte de este plano, con ese cuerpo, esa familia, esas circunstancias, ese entorno…

El sueño mayor nos mantiene hechizados para poder lograr nuestra finalidad última, en este caso el pasado juega un papel muy importante en nuestro presente y nos proporciona un futuro prometedor.

Nota: Las historias de Disney tienen moralejas edificantes, cada cual las ve y las juzga de acuerdo a lo que tiene en su corazón. Los niños siempre poseen magia dentro de él, por eso las ven con ojos sabios.

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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