jueves, 12 de octubre de 2017

La vida como un tren

Siempre se ha comparado la vida de los humanos y sus relaciones con los demás, como los pasajeros que suben y bajan del tren, algunas estadías son más largas que otras, y muy pocas nos acompañan hasta el final o durante toda la vida.


En esta ocasión, quiero enfocar esta semejanza desde un punto de vista diferente. En el caso en particular, el tren viene siendo nuestro Ser Existencial. 
Sus partes son: la máquina o motor que lo mueve y lo guía, que viene a ser nuestra alma, y los vagones, que vienen a ser las diferentes vidas y experiencias que atravesamos desde nuestro origen existencial en este plano terrenal, hasta culminar la totalidad de esencias probatorias. 

Cada vagón representa una de nuestras tantas vidas, pero no es la totalidad que somos, es un pedazo de nosotros. Por eso es que nos resulta imposible entender muchos de nuestros pensamientos, anhelos, actitudes y actuaciones en una determinada vida, pues estos se derivan de una vida anterior que generalmente olvidamos.


Cada vagón es diferente, tiene sus especificaciones y su vida propia, pero debe alimentarse de la memoria del anterior para poder cumplir a cabalidad su función, su propósito final y no puede bajo ningún concepto desligarse del motor, de la fuente álmica, pues permanecería estancado. Por lo que el número de vagones podría variar dependiendo de cómo nos desenvolvamos en cada vida, pues podría ser necesario repetir algunas o agregar otras al proyecto que inicialmente elaboramos y nos trazamos como meta en nuestra estadía terrenal. 

¿Han visto lo que pasa con el mercurio cuando se rompe un termómetro? al caer, el mercurio se fragmenta, pero cada porción conserva las propiedades del mercurio intactas, y cuando tratamos de recogerlas, se vuelven a dividir. 


Algo parecido nos ocurrió a nosotros los seres humanos, somos un solo Ser, que sufrió un pequeño big bang y nos fragmentamos, y cada parte cobró vida propia y tiene la potestad o libre albedrío de seguir dividiéndose o multiplicándose, y permanecemos como un colectivo en el planeta Tierra.
 
Cada uno de nosotros es como un tren independiente y autónomo, y fabricamos tantos vagones como experiencias de vida necesitemos vivir para pasar a usar otro tipo de vehículo, otro medio existencial, y traspasar los límites de la dimensión terrestre o tridimensional.


Cuando hayamos llenado todos los vagones de vivencias esclarecedoras, y finalizado todos los proyectos trazados desde nuestros inicios, los vagones se fundirán unos a otros , y formaran un condensado de información, y el motor (nuestra alma) cesará definitivamente su carrera, se detendrá, y transformará dicha fusión o condensado en memoria cuántica, para abordar el próximo vehículo para la siguiente fase evolutiva, que podría ser por ejemplo un gran camión tanquero, de esos indivisibles que llevan todo en su interior y no tienen necesidad de interactuar con el exterior como los trenes, ya que estos camiones son sólidos, autosuficientes y completos, así seremos nosotros al termino de nuestro aprendizaje tridimensional.  

La siguiente fase evolutiva no se hará en este planeta Tierra, ni probablemente en este universo, conocido y desconocido a la vez, pasaremos a un plano existencial más independiente, menos denso y confuso, menos vigilado y observado por otros seres vivos que también están en proceso de evolución, un plano que no necesita contraerse y expandirse constantemente. Pasaremos a un plano más absoluto, más soluble e ilimitado, y también más autónomo, un plano que se crea y se disuelve instantáneamente a cada necesidad del Ser que lo habite. 


Transitaremos por él con la elasticidad de una plastilina o masilla y la consistencia de una gelatina, o sea, que mientras este plano es toda rigidez, aquel será toda flexibilidad, es por eso que debemos tratar de ser lo más flexibles posible en este plano terrenal, soltar la rigidez y fluir, para poder trascender al otro.

Si por alguna razón nos vemos en la necesidad de entrar nuevamente a este plano, al planeta, al auxilio de algún alma con la que interactuamos y a la que amamos y extrañamos, lo haremos de manera inmaterial, solamente como presencia energética, como destellos de luz a través de fuerzas invisibles, intocables y mayormente imperceptibles. Le susurraremos en sueños aquello que deben hacer para avanzar en su proceso evolutivo, o le iremos dejando pistas y señales visibles, esas que solemos llamar coincidencias, suerte o sincrodestino.  

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.