miércoles, 1 de abril de 2015

El canto de la naturaleza

¡Qué bello canta la naturaleza! ¿La has escuchado? Imagino que si, ¿Quién no?

Un enorme árbol moviéndose al compás del viento entona una melodía maravillosa, al igual que lo hace el río en su alegre corretear, fluyendo entre las piedras, así mismo canta constantemente nuestro ser interior, el alma lo escucha, fluye y trata de que el cuerpo mantenga la sintonía, pero a veces no lo consigue, el cuerpo no la escucha, esta desarmonizado, lejos de esta realidad sensacional y como el alma no se da por vencida, nos sacude para que no nos perdamos esta melodía interior, esa sacudida nos causa dolor y le llamamos tragedia, pero luego al entender la finalidad y retornar la calma, ¡Cuánto agradecemos ese sacudión!
Percibimos gracias a la vida que poseemos, pero muchas veces ni nos damos cuenta de lo que sucede en nuestro alrededor. Admirar el paisaje, oler su aroma, escuchar sus sonidos, juguetear y conversar con el viento, formar parte de todo lo que nos rodea, meternos dentro del vientre de nuestra madre tierra y sintonizarnos con ella, no tiene precio ni comparación. Nunca debemos estar tan ocupados como para no prestar atención al canto de la naturaleza, el más bello y armónico que existe, acude a un parque y lo comprobarás.

Colócate cerca de un árbol, tírate en la hierba, recuerda esa sensación y su inconfundible olor, rueda sobre ella, conéctate con la tierra y con sus entrañas, vuelve a ser niño otra vez y a disfrutar de las cosas agradables, bellas y verdaderas de la vida. Sube al árbol y prueba su delicioso fruto, acomódate en él y mira hacia abajo. 







¿Recuerdas lo hermoso de hacer eso? 
¿A dónde se fue nuestra infancia?
¿Qué hay de nuestra juventud? 

Eso no es relevante si conservamos lo verdaderamente importante, nuestra alegría de vivir, no la perdamos nunca, es lo que nos hace eternamente jóvenes.

Cada momento en contacto con la naturaleza es relevante, así que no la pierdas de vista, es nuestra fuente de vida y nuestro mayor gozo, nos provee todo lo necesario para vivir y nos enseña todo lo que debemos saber para trascender. Solo obsérvala con atención y te transmitirá toda su sabiduría y su amor.
Canta con ella, baila con el viento, conversa con las plantas y animales, admira sus montañas, elogia las rocas y minerales, zambúllete en el rio y el mar y aunque solo sea con la vista atraviésalos como si los navegaras, mira al cielo, deléitate en su inmensidad y hermosura, vuela sobre las nubes y deja que te acaricien por un rato, mientras te calienta el sol, luego de noche, ponte a contar las estrellas y a dedicarle tu mejor poema. 
Abre los brazos de par en par, abraza al universo, dile cuanto lo amas y todo lo que significa para ti y luego en un momento de éxtasis, amate como nunca te amaron y deja que tu cuerpo entone junto a tu alma esa inmortal y bella sinfonía de la naturaleza. Hacer esto es simplemente estar vivo y…, vivir.

Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

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