lunes, 23 de enero de 2017

Mi verdadero mundo

Una de las cosas que más nos trastornan el día y la vida son las noticias actuales. Los noticieros y las redes informáticas se han encargado de cumplir lo que un grupo de individuos al parecer desea por encima de todo, que nuestra vida y nuestro mundo apeste, y nos resulte odioso y repulsivo, pero a la vez muy adictivo. 

Desde que el mundo es mundo, unos atacan y otros se defienden, unos odian y otros cuestionan el amor, unos viven y otros mueren o sobreviven en la mayor de las angustias, pero de un tiempo a esta parte, el esmero en hacernos la vida insufrible da mucho que pensar, y lo más sano es mantenerse fuera de esas aguas putrefactas y fabricarnos un mundo diferente al que nos venden a diario.

¿Cómo? Prestándole oídos sordos y el mínimo de atención. Haciéndonos inmunes e indiferentes a toda esa provocación y contaminación energética.

Como creadores que somos de nuestra realidad, ya es hora de dejarnos arropar por las fantasías ajenas y de vivir en el mundo de los otros, con los intereses y los engaños de los otros. 
Es hora de crearnos nuestro propio mundo, uno libre de temor, donde no tengan cabida la rabia, la amargura y el desamor, un mundo a nuestra medida. 
Por eso les aseguro que este mundo en el que la mayoría vive en zozobra y lleno de pánico existencial, ha dejado de ser mi mundo, no vivo ni existo en él, nada de eso es mi creación, por lo tanto no es parte de mí, no es mi mundo. ¡Ya basta de colaborar y trabajar para el bando equivocado!


En mi mundo caben muchas cosas, y cada día que pasa trato más de que la mayoría sean positivas y tengan buenas vibras: las alegrías, los sueños, las ilusiones, la empatía, el amor… Pero a la hora de convivir bombardeada con patrones enfermizos de ambición desmedida e insana, y de aceptar una vida de violencia como el mar que baña todas las riveras, mi mundo se convierte en un mundo de ciegos y sordos que no le dan importancia a lo que se percibe o a lo que se dice, simplemente porque no lo pueden ver ni oír, así que no existen, y el grado de estos efectos dañinos es ínfimo o nulo en mi mundo. 


Mi mundo está poblado de personas sabias que se valoran y saben valorar, de autenticidades, de honradez, de valores y pensadores coherentes, de amor… No interesan mucho los hallazgos o descubrimientos de la ciencia (ya que todo lo que es, ya fue), no le damos crédito a las mentiras y manipulaciones, nos alejamos de las noticias negativas y chismes de farándula, nada de eso tiene cabida, es un mundo sencillo y simple, sin lujos ni frivolidades, donde se vive el día a día centrado en el propio Ser, pero interesados en el bienestar común. Permanecemos interconectados directamente con la Consciencia Universal y con el aprendizaje de la vida colectiva, apoyando y ayudando a los demás, siendo Uno y a la vez un millón de Seres. 
Es un mundo de seres y personas libres y conscientes de su libertad, de la responsabilidad que conlleva vivirla plenamente, y del valor de esta para nuestro desarrollo emocional y espiritual. Un mundo que siendo material, trata de trascender la materia y mantenerse incorruptible.


He decidido no formar parte del mundo actual que todos conocen, me he dado de baja y me he ido más allá, a crear mi propio mundo, uno muy diferente al de todos. 
No me interesa más vivir en un mundo donde nos preocupamos mas por el morbo de lo inmoral, banal y profano, y nos sentimos atraídos a fomentar los actos de violencia, inmoralidad y maltrato, que las buenas obras y los actos de honradez, donde le damos más importancia a las noticias internacionales que a la vida del vecino y hasta de los familiares, donde nos jactamos de ser solidarios con los niños de Siria, de África…, pero menospreciamos al hijo del país vecino o al huérfano andrajoso que vive en nuestras calles. En un mundo donde es más fácil aparentar que ser, chatear que conversar cara a cara, maldecir que bendecir, pelear que perdonar, odiar que amar…



No me interesa ya estar en este mundo, ya he conocido las emociones negativas y he aprendido a valorar las positivas, por eso me he fabricado uno temporal, lo estoy llenando de amor, purificando y oxigenando con árboles repletos de gozo y con ríos de alegrías. Sin puertas ni ventanas, sin muros ni techos, solo con montañas, abierto al cielo y a todos, con ecos de risas y baños de ternura por doquier. Con sol, luna y estrellas como decoración y como único alimento la tierra y la lluvia. 
Quiero ofrecerlo como herencia “A quien pueda interesar” cuando me vaya definitivamente de forma material, cuando parta de este plano existencial a mi verdadero mundo.    

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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