sábado, 20 de diciembre de 2014

Consumo excesivo de energia

Se entiende por energía, la capacidad que tiene un cuerpo o un sistema para realizar un trabajo o producir un cambio o una transformación, hay varias acepciones y definiciones relacionadas con esta. Significa vigor, fuerza, poder, dinamismo, etc. La teoría de la relatividad establece el principio de conservación de la energía, según el cual, esta ni se crea ni se destruye, solo se transforma.


La energía pulula en todo el universo, en todo lo que nos rodea, y los seres humanos la tenemos en demasía, aunque no siempre la usamos correctamente, y muchas veces hasta consideramos que la desperdiciamos, el término correcto sería que no la aprovechamos al máximo, ya que nunca se pierde, se transforma.

Ahora bien, algo que sí es una gran realidad es que la malgastamos, la usamos inapropiadamente y nos pasamos la mayor parte de la vida usándola en grandes cantidades en el tiempo incorrecto (o en el pasado, tratando de cambiar actuaciones que irremediablemente ya no podemos cambiar, o en el futuro, proyectando cosas en base a algo que no podemos asegurar que ocurra), o sea que, en lugar de distribuirla correctamente, la redirigimos a zonas incapaces de aprovecharla.

Ese consumo excesivo de energía que se realiza a diario, sobre todo en estos tiempos, donde la competencia y las prisas imperan, nos está desgastando física y mentalmente en detrimento de nuestra salud y bienestar. De la relativa inercia en que vivíamos, pasamos abruptamente a un dinamismo difícil de sobre llevar, las consecuencias las estamos sufriendo ya, nos agotamos energéticamente, sobre pasamos nuestra capacidad diaria de tanto renegar el pasado y planificar el futuro y nuestra energía va disminuyendo (como muestran las imagenes inferiores), se transforma en otros modos de energía no recuperables.


            
Aunque en realidad en el presente es donde consumimos esa energía, el gasto se siente mayor porque al producirla para realizar un trabajo, no la distribuimos uniformemente, invertimos una mínima cantidad para realizar el trabajo en el presente, la duplicamos para hacer cambios en el pasado y la triplicamos para conseguir transformaciones en el futuro. 
Pero la cantidad de energía que duplicamos y triplicamos y que invertimos erróneamente, al disiparla se transforma en agonía, ansiedad e inconformidad, por ende en amargura e infelicidad, y aunque aparentemente todavía estamos felices y encantados celebrando el cambio, como el niño con su muñeco nuevo que todavía no descubre que se trata de “Chucky, el muñeco diabólico”, tarde o temprano despertaremos a la verdad y ojala que tengamos aun la suficiente energía para sacudirnos. 


Harolina Payano. Fluyendo armoniosamente. 

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