miércoles, 6 de septiembre de 2017

Anhelos del alma

Existen muchos lugares en el planeta que hacen que surjan los sentimientos más nobles del ser, la mejor de las calmas y el mayor amor que se guarda bien adentro. Lugares donde la vida animal, mineral y vegetal  viven en una comunión perfecta y armónica, y donde el hombre no acostumbra a vivir, solo a visitar muy de vez en cuando. 
Estos lugares te permiten sentir y observar la pureza, la paz, armonía, y excelencia en la convivencia, en ellos hueles la vibración del amor y escuchas el silencio, te bañas en la suave brisa y te meces al compás del fluir de las aguas del río y la cadencia del movimiento de los animales, de su canto…, y te quedas absorto admirando la belleza y perfección de las cosas, las rocas, el suelo y sus minerales…, toda la vida y energía que allí vibra sin parar, sin alterar el orden, sin irrespetar.



Me pregunto ¿Por qué si los humanos somos supuestamente superiores a todas las demás formas de vida sobre la Tierra, no podemos ya vivir así, o imitar al menos esta armonía?, vidas diferentes en feliz unión y comunión. 
Es posible que por el hecho de ser animales racionales (con capacidad para pensar), esto sea el ingrediente extra que lo complique todo. 
De ser así, la causa inmediata no es el hecho de pensar en sí, sino mas bien el descontrol que tenemos sobre esos pensamientos, que en lugar de crearlos y producirlos conscientemente, mayormente lo hacemos de manera inconsciente, y pululan a la deriva, influenciados por el morbo del medio ambiente y la sociedad mundial, a través de las redes sociales y los medios de comunicación, o sea, de la modernidad aberrante y despampanante, y funcionan como virus infecciosos de la mente humana, enajenándonos, doblegándonos y bloqueando nuestra sabiduría interior.
Pero a pesar de todo esto, entiendo que el hombre quiere y desea tener paz, vivir en armonía, por eso lucha internamente con su propio yo, su aparente complacencia exterior se vuelca en su interior, le reclama y tarde o temprano sale a relucir su malestar, su enfado, su insatisfacción, su drama de vida, y se pregunta al igual que yo…
¿Es que los humanos no somos capaces ya de vivir en armonía y entender lo que es la serenidad? Algo así como dejar que las cosas simplemente sucedan y caigan por su propio peso, sin alterarnos o interferir en ellas, como cuando cae una pluma, lenta y silenciosamente..., serena.


Uno de los mayores anhelos del alma debería ser la serenidad, al menos lo es de la mía. Un alma serena está en armonía, equilibrio y paz interior, con estas virtudes lo demás sale sobrando, la alegría y el gozo están garantizados y con ellos el amor, el respeto y la felicidad.

Quiero compartirles estos dos fragmentos del libro “Como un hombre piensa, así es su vida”, de James Allen, ambos fragmentos están en el ultimo capitulo, que se titula Serenidad

Usaré una imagen que habla por sí sola de serenidad, para separar ambos fragmentos.

“La tranquilidad de la mente es una de las bellas joyas de la sabiduría, es el resultado de un esfuerzo largo y paciente en el dominio de sí mismo. Su presencia es indicadora de una experiencia madura, y de un conocimiento más que ordinario de las leyes y el funcionamiento del pensamiento.
Un hombre alcanza la tranquilidad en la medida que se entiende a sí mismo como un ser que evoluciona del pensamiento. Para tal conocimiento necesita entender a los otros como el resultado del pensamiento, y mientras desarrolla el entendimiento, y ve con mayor claridad las relaciones internas de las cosas por la acción de causa y efecto, cesa su agitación, su enfado, su preocupación y su congoja, y permanece en equilibrio, inalterable, sereno. 
El hombre calmado, habiendo aprendido cómo gobernarse, sabe cómo adaptarse a otros; y estos, a su vez, reverencian su fortaleza espiritual, y sienten que pueden aprender de él, y confiar.” 


“Aquel equilibrio de carácter que nosotros llamamos serenidad es la lección final de la cultura; es el florecimiento de la vida, el fruto del alma. Es precioso como la sabiduría, ha de ser más deseado que el oro – sí, más que el fino oro. Cuán insignificante se ve quien sólo busca el dinero en comparación con una vida serena – una vida que mora en el océano de la Verdad, por debajo de las olas, fuera del alcance de las tempestades, ¡en Eterna Calma!”

Si desean leer el libro está en la página PDF libros del blog.

Soy de las que creen fervientemente que se puede lograr vivir en armonía y paz, si antes se pudo, cuando el hombre estaba consciente de todo, de su rol en este mundo y de su conexión con todo, ¿Por qué ahora no se podría lograr? Es solo cuestión de evolucionar en la manera de pensar y de crear los pensamientos, en la manera de ver a los demás y de reaccionar ante los efectos que causan y causamos, es cuestión de despertar y mantenernos despiertos a la realidad de la existencia colectiva y atentos a los anhelos del alma individual, hasta unificar esos anhelos en un solo sentir y colmar el planeta de armonía y paz. 

No pierdan las esperanzas de un mundo de amor y paz, de armonía y serenidad, y cuando nos sintamos flaquear, recurramos a este “A veces, solo a veces” que les dejo a continuación…

El texto contenido en la siguiente imagen que he preparado, lo pueden encontrar en el siguiente enlace:

Es un hermoso poema de la autoría de María Guadalupe Munguía Tiscareño con el que quiero ponerle fin a esta reflexión.



I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Un fragmento de esta entrada fue publicado en el periódico El Caribe:
http://www.elcaribe.com.do/2017/09/09/anhelos-de-armonia/

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