¿Por qué nos gusta provocar al otro?
A lo largo de los años me he llegado a convencer de que la provocación tiene su raíz en el desquite, en la ira contenida. De que el que provoca es porque quiere de alguna manera resarcir su dolor callado, el que siente cuando es molestado y no puede defenderse o no sabe cómo hacerlo. Entonces provoca a otro para poder desahogarse, molesta porque es molestado y anda en busca de una válvula de escape.
El antídoto de la provocación es la indiferencia, ya que hace una especie de escudo protector, pero el que provoca insiste, necesita una respuesta para seguir molestando y atacando, a manera de un desquite para descargar su impotencia y dolor ante el abuso que sufre. En este caso, la indiferencia podría no dar buenos resultados, ya que su rabia aumenta y esto resulta muy peligroso si el que provoca se sale de control.
“El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras” (Aristóteles)
Otro antídoto de la provocación, es tener una actitud de empatía y derribar ese dolor y rabia a base de seguirle el juego con amabilidad, sonreír a la burla y hacer un reconocimiento de aceptación, como si también nos burláramos de nosotros mismos. Entonces, en lugar de un enemigo, nos convertimos en su aliado, y como es una reacción que no se espera el atacante, lo vuelve vulnerable, pierde momentáneamente fuerzas, se debilita y nos da chance para doblegarlo.
“Lo que no te mata te hace más fuerte” (Friedrich Nietzsche)
Mostrar amistad y afecto a pesar de ser agredido, derrumba inmediatamente al atacante, porque este lo que desea es que demuestren incomodidad, odio, o rabia, para así liberar sus miedos interiores y reivindicarse, o al menos sentir que no está solo, que no es el único abusado, o que en su defecto, también tiene fuerza para abusar. Al mostrar amistad y tomarlo a broma, no te conviertes en el samba que se esperaba encontrar. O terminan siendo amigos, o se aleja reflexivo y desconcertado en busca de otra víctima, otro samba al cual golpear.
Con tres posibles samba que tomen esta actitud amistosa ante la agresión, el atacante se va debilitando, la decepción se apodera de él, se desanima y baja la guardia y resulta más fácil acercarse y brindarle ayuda.
Demostrándole que la vida no es una cadena de desquite, que hay otra forma de resolver las cosas, que hablar de lo que nos pasa es sano y que todos tenemos derecho a ser respetados y valorados, y más que todo, amados. Y que si alguien no lo hace, no es el fin del mundo, de seguro ese alguien debe ser muy infeliz y con una historia muy triste de dolor y abusos que le hacen sentir esa necesidad de herir y dañar a otros.
El dolor no se calma con causar dolor, el sufrimiento que se alimenta del sufrimiento ajeno, no desaparece, sino todo lo contrario, crece y no se sacia nunca, se convierte en una enfermedad mental peligrosa. La falta de amor y respeto a la vida y a la persona es causa de mucho dolor, y el miedo juega un papel primordial para atacar o ser atacados. El miedo nos convierte en verdugos o en cobardes, o en ambas cosas a la vez. De ahí se derivan todos los tipos de sumisión y abusos físicos y psicológicos.
El que tiene miedo ante la provocación y lo sufre, se desquita humillando al más débil. Causándole el mismo sufrimiento que siente, alivia un poco su rabia interior, pues en lugar de ser clavo, se siente martillo y lo disfruta momentáneamente. Pero eso aumenta su dolor, porque no es lo que en el fondo desea hacer, solo lo hace para sentirse superior, pues la percepción de inferioridad que tiene de sí mismo, lo corroe por dentro y el aparente disfrute y victoria, no es más que otra triste derrota.
“Que tus decisiones sean un reflejo de tus esperanzas, no de tus miedos” (Nelson Mandela)
Los abusos, las burlas, el bullying y las provocaciones han existido tal vez desde siempre o desde que el ser humano perdió el verdadero sentido de la vida y el respeto hacia ella, para muchos esta actitud es normal, y no podemos evitarlo. Como dicen, aguantemos callados y hagamos lo mismo que nos hacen y san se acabó. Lamentablemente esa actitud ha conseguido que estas cosas vayan en aumento cada día de una forma brutal y aparentemente silenciosa, pero están haciendo un ensordecedor ruido interior, que ha obligado a tomar serias medidas en algunos casos como el del bullying, que se ha salido de control.
Por lo que urge analizar el problema con pinzas y mucha psicología, desde los dos puntos de vista, de la víctima y también del atacante, ambos necesitan ayuda psicológica y emocional, como en la mayoría de los casos de agresión.
“Si algo no te gusta, cámbialo. Si no puedes hacerlo, cambia tu actitud” (Maya Angelou)
Es bueno recordar que según la importancia que le demos a las cosas, con esa misma intensidad la haremos crecer o empequeñecer. No permitas que nadie te haga sentir poca cosa, o menosprecio hacia tu persona, mantén siempre la cabeza en alto, y habla sobre lo que te ocurre y cómo te sientes con ello. Y en lugar de salir a buscar enemigos o venganza, sal a buscar aliados, amigos, y sanación, así habrá más posibilidad de vivir feliz y en paz.
Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.


























