Se dice que nuestro cuerpo es prestado, que tiene una vida útil muy limitada, y dependiendo del uso que le demos, así nos responderá cuando empiecen a pasar factura los años.
A veces no tienen que ser demasiados los años, algunos abusamos o nos olvidamos de él de tal manera, que nos volvemos ancianos en plena juventud, otros hemos sido más prudentes y lo hemos cuidado, protegido y amado.
Aunque esto no garantiza una larga vida, sí podría garantizarnos un envejecimiento saludable y alegre, a menos que alguna fatalidad o accidente imprevisto, nos haga una mala pasada.
Algo que también se dice y ha quedado demostrado, es que el cuerpo responde a nuestra manera de actuar, y más que nada, a nuestras creencias y manera de pensar. Dependiendo de cómo visualicemos los efectos que tendrán esta o aquella cosa en nuestro cuerpo, así serán los resultados. Así que todo, o casi todo es permitido, lo esencial es la dosis de permisividad que adoptes, lo claras que tengas las consecuencias, y la manera de palear esos efectos.
Existe un dicho que rezas así: “Eres lo que piensas”, otro dice: “Eres lo que comes y hablas”, pero hay uno más veraz aún, dice:“Eres incapaz de ver en otros, lo que no hay en ti”, dicho de otra manera, “Nadie puede dar lo que no tiene”.
Por ejemplo, si no sé conducir, por lo que nunca he conducido un auto, no puedo saber que se siente hacerlo, no puedo hablar con propiedad ni describir esa sensación de ir al volante, aunque sea muy común, yo no podría conocerla a ciencia cierta. Ir de pasajero sí, pero ese es otro tipo de sensación, no cargas con la responsabilidad, la atención y la tensión del conductor.
Manejar es fácil, cualquiera lo hace, ahora, manejar bien, no es tan fácil y más si vives en un país como este, donde las leyes se formulan para violarlas, ya sea con gracia o con descaro.
Así que además se experimentan sensaciones diferentes según el país, el auto, el tipo de vía o carretera, el estado emocional en que te encuentres... No es lo mismo manejar un Porsche Cayenne que un camión tanque, o un camión zeelandia.
Si noto egoísmo, envidia y celos en alguien, es porque esos sentimientos los he albergado también en mí, por eso los identifico, los reconozco porque me son familiares. Si fuera ajeno a ellos, no tendría base para hablar de ellos o sentir sus efectos, aunque los haya superado, y echado a un lado, queda esa semilla del conocimiento y de la experiencia de haberlos sentido.
Por eso se habla de que los demás son nuestro espejo, nos vemos reflejados en cada situación que podamos reconocer, pues ya la vivimos y la accionamos, por eso también la criticamos y juzgamos, porque quizás no la viven o resuelven como lo hicimos nosotros, y en lugar de rehacerla imaginariamente y verla desde otra perspectiva, que tal vez nos hubiera encaminado por un mejor sendero, la negamos y condenamos.

Recientemente cumplí los 60 años, dejé ese número atrás. Y eso, que pensé que no llegaría a esa edad por lo mucho que abusé de mi cuerpo, descuidando mi alimentación y sometiéndolo a fuerzas extremas, lo que ha causado algunos desgastes y malformaciones óseas, y por ende, que sienta mucho dolor generalizado. Esto, sumado a no prestar atención a la necesidad de recibir auto cuidado y mimos, los que solo se realizan cuando estamos conscientes de nuestra necesidad de amarnos y merecer esos mimos y cuidados, de seguro ha agravado la situación.
Pues aquí estoy empezando a vivir los 61, sintiéndome mejor que cuando arribé a los 50, con más energías, aparentemente menos dolores, y con mejor calidad de vida, y a decir verdad, solo se ha debido a un cambio de pensamiento y actitud de vida, sigo haciendo desarreglos (aunque con menos frecuencia e intensidad), sigo más o menos comiendo igual, pero más consiente de sus efectos.
Eso sí, aprendí a aceptarme tal cual soy, a mimarme y cuidarme más, a reconocer el daño que me he infringido y a tratar de revertirlo dentro de lo posible.

Hago más ejercicios adecuados y vivo más atenta a la naturaleza, pues me he metido a senderista, pero nada de médicos ni de medicamentos, es solo que me he reconciliado con mi cuerpo, y he aceptado mis culpas y dolores, me he acostumbrado a ellos, además he dejado en un gran porcentaje de quejarme y darle poder a los achaques y eternizarlos, los he minimizado mentalmente.
Y créanme que he ganado mucho con esto, tanto mi cuerpo como mi mente viven más armonizados, duele, pero es algo normal que duela y me pasan desapercibidos los menos molestos, no espero alivio y sin embargo, este llega...
La vida a veces es tan contradictoria, o mejor lo digo así, los humanos muchas veces somos !tan contradictorios!, que le pedimos calor al hielo y frío al sol.
Queremos el cese de las guerras mundiales, pero vivimos en una eterna guerra interior. Deseamos un planeta limpio, pero tenemos un exceso de consumo y producción de tóxicos. Acumulamos basura, la echamos al mar y queremos navegar en aguas limpias.
Amamos posesivamente, exigimos, pero no queremos pertenecer a nadie ni que nos exijan...
La lista sería interminable, así que si quieres paz, intenta estar en paz contigo, si deseas salud, no te procures enfermedad, si pides e imploras justicia, se justo contigo y con los demás.
Si exiges respeto, empieza por respetarte y respeta a los otros, así de sencillo. Si quieres ser amado, ¿A qué esperas?, ámate y da amor por doquier, hasta hacerlo universal.

Reconcíliate con tu cuerpo, con tu alma y tu Ser, armonízate interna y externamente.
Acéptate y serás aceptado, respeta y te respetarán, ama y serás amado, vive en armonía y sembrarás paz y serenidad.
I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente.
Un extracto de esta entrada fue publicado en el periódico El Caribe:
https://www.elcaribe.com.do/2020/08/29/reconciliate-con-tu-cuerpo/
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