Algunos animales pasan por un proceso llamado hibernación, en el cual, lo único que hacen aparentemente, es dormir la mayor parte del tiempo que dura dicho periodo, pero internamente, sufren transformaciones que le permiten mantenerse con vida sin necesidad de ingerir casi alimentos, por la poca cantidad de energía que gastan durante el invierno.
En este enlace encontrarán algo de información generalizada.
¿Les gustaría hibernar y pasar una buena parte de la vida durmiendo y ahorrando energías, para los tiempos en que en verdad la necesiten usar con criterio y buen propósito?
Bueno que les digo yo, a mí particularmente sí, me gusta dormir, y no me gusta malgastar nada...
Lean estos dos artículos antes de responder
Los humanos en lugar de economizar y tener algunas reservas, somos expertos en derrochar, y no solo eso, catalogamos mal al que no lo hace, o es tacaño o es holgazán y si es un acumulador impulsivo, lo tildamos de avaro, egoísta o envidioso, y si no le agradan las fiestas, es un miserable aburrido y amargado.
Como ven, somos un abanico de situaciones diversas y llamamos a cada una por un nombre, que generalmente está mal usado, pues juzgamos a la ligera, sin saber bien el meollo del asunto.
Retomando el tema de los humanos y esa temporada de supuesto descanso de las actividades comunes, al parecer, en nosotros se da lo contrario, es cuando más fiestas celebramos, más energías gastamos y menos descansamos, parecemos marionetas de tanto ir y venir, de tanto saltar y bailar, de tanto hacer y querer abarcar, de tanto...
En los videos que se grabaron del famoso terremoto y posterior maremoto de Japón, ya hace unos años (2011), pude ver como algunas personas corrían despavoridas, mientras otras lo tomaban a la ligera, con calma. Se preguntarán ¿Y hay forma de tomarlo con calma en caso de maremoto?, pues al parecer, para algunos sí.
En vista de esto, les recomiendo aprovechar la temporada navideña para soltar ese estilo de vida tan acelerado, agobiante y poco gratificante. Bajarle unos grados de intensidad a ese maremoto interior que provoca la antesala de esas fiestas, tomarlo con calma y reposar un poco más, verán que el siguiente año lo pasarán diferente. En lugar de pasarlo con mala cara, lleno de deudas y bastante cansados, lo harán relajados, alegres y con los bolsillos mejor equipados.
¡Dense un verdadero regalo, respiraren la paz que se merecen!
Las fiestas colectivas y algarabías desenfrenadas, rara vez son auténticas, nos dejamos llevar de los demás, nos contagian una supuesta alegría que en realidad no tenemos muy clara, “La costumbre hace ley”.
Aquí les muestro ambas caras de la moneda en la época navideña:
Adornan las casas, las llenan de luces de colores, guirnaldas..., compran comida y de todo en exceso, les obsequian regalos a los hijos, de dudosa procedencia (Santa Claus o los Reyes Magos). Ríen, cantan, sueñan, etc.
Miran como los demás adornan las casas, las llenan de luces de colores, guirnaldas..., como compran comida y de todo en exceso, y les obsequian regalos a los hijos, sin entender por qué a ellos, Santa Claus y los Reyes Magos los pasan de largo. No tienen ganas de reír ni cantar, y a pesar de eso, sueñan con que sea diferente el año próximo.
No me mal interpreten, no digo que se aíslen y amarguen, no, no, para nada...
¡Alégrense!, pero de corazón, no por contagio o costumbre. Salgan y den algo de ustedes, hay tantos que necesitan una simple sonrisa..., sean amables y generosos, demuestren esa divinidad plena de amor y bondad que caracteriza la esencia del verdadero Ser que los habita, verán como esa supuesta alegría (que no acabamos de digerir), se torna en alegría verdadera y gozo interior.
Esparzan amor, gratitud, serenidad, bendiciones..., y sobre todo paz, mucha paz; en su entorno, donde quiera que vayan y en vuestros corazones.
No actúen como resorte, satisfagan la verdadera necesidad que palpita en su interior. Si son las fiestas, pues a fiestear, si son las dádivas, pues salgan a dar, si es oración y recogimiento, pues a orar se ha dicho, y si es serenidad interior, permítanse hibernar, el cuerpo y el alma agradecerán ese respetar y responder a sus propias necesidades, no a las ajenas.
Hagan buen uso de vuestra cordura, que tengan una liviana y beneficiosa despedida del otoño, y una juiciosa, auténtica y gozosa bienvenida al invierno.
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