Despertó algo angustiado, tuvo otro de esos sueños inquietantes.
Casi amanecía y se asomó a la ventana, los rayos del sol apenas se asomaban, eran discretos, había nubes grises, y relámpagos que anunciaban tormenta.
El trinar de las aves, era muy quedo, como si algo las estuviera intimidando. Se tumbó nuevamente en la cama con la idea de borrar esa sensación que le dejó el sueño. Pensó en ese amor primero, esa chica tan especial que despertó sus ilusiones, su recuerdo le produjo una agradable somnolencia...
Cuando volvió a despertar todo estaba muy oscuro, vio la hora, apenas habían pasado 40 minutos, no se escuchaban las aves, el cielo había perdido sus intentos de asomar el sol, pero en cambio sí había revuelo de personas afuera. Acudió a la ventana y lo que vio le impactó, a pesar de la neblina oscura se divisaba una fuerte luz en el centro de los curiosos madrugadores.
De pronto pudo ver que una extraña criatura, en ese instante empezaba a lanzarles unos rayos ultravioletas a todos, y sin entender el por qué, todos se fueron tranquilamente a sus casas, mientras que esa cosa se coló en su jardín.
Su corazón latía fuerte y acelerado, se aseó rápidamente y tomó su mochila de contingencia, siempre la tenía lista y a mano, con lo necesario para la sobrevivencia. Cuando se disponía a salir, vio al gato muy asustado, se estaba olvidando de él, lo puso en su bulto de viaje y sigilosamente salió.
Para su sorpresa todo transcurría normal en las calles, el cielo ya se había aclarado del todo. De repente se frenó y quedó inmóvil, esa cosa estaba ahí y nadie se fijaba en ella, nadie parecía darse cuenta de su existencia, como si los rayos ultravioletas lo hubieran hecho invisible a sus ojos.
Albert se quedó mirándole, sintió una gran compasión por esa criatura, y una extraña presión en la sien. De alguna manera, el extraterrestre se estaba comunicando con él y pedía ayuda.
Le dijo que venía de otra galaxia y que extravió el rumbo en su primer vuelo solo, algo que debían hacer al llegar a cierta etapa de la vida. Les daban dos días para salir en busca de aventura, y regresar al amanecer del tercer día con alguna experiencia que indicara que ya estaba listo para salir a explorar, y poblar un nuevo planeta deshabitado.
Le explicó que un fallo en su nave lo hizo descender, y que esta, estaba escondida en su garaje, porque la pieza que lo haría volver, él se la podía conseguir, ya que conocía bien el funcionamiento de los aviones y tenía acceso a ellos.
Se sorprendió al darse cuenta que le leía la mente, y le comunicó que ellos hace siglos saben que los humanos, a pesar de todo, son seres bondadosos y solidarios, que incluso les han enviado conocimientos mediante comunicación telepática, y que particularmente a él, lo habían favorecido con conocimientos especiales mediante los sueños.
Enseguida se le aclararon muchas cosas, esos sueños, esos dolores de cabeza y ese saber cosas sin estudiarlas o aprenderlas antes, y el porqué era capaz de comunicarse extrasensorialmente, a veces leía las mentes o sentía que alguien adivinaba lo que estaba pensando…
Comunicación telepática muy desarrollada, le dijo sin pronunciar palabras.
Todos los demás, incluidos los animales, habían sido bloqueados por los rayos, solo él podía verlo, era el elegido para ayudarlo a regresar, y le hizo saber que si algún día los humanos necesitaban de su ayuda frente a una invasión exterior, podían acudir a ellos.
Dejó la mochila de contingencia y al gato en casa, tomo su mochila de trabajo y salió a buscarle la pieza. Nadie pareció extrañarse de nada, como era domingo muchos aun dormían.
Él estaba libre de trabajo por una semana, al llegar al hangar por la pieza, le saludaron con extrañeza, preguntando si tenía vuelo. Contestó que había ido a recoger algo personal.
Al regresar a la casa empezaron la labor de reparación, y conversaron de muchas cosas, esta vez con palabras que ambos entendían muy bien, a pesar de hablar distintos idiomas.
Esperaron la noche y que todos durmieran para hacer la prueba… Funcionó.
Albert sintió, una mezcla de emoción y alegría infinita y al mismo tiempo una gran nostalgia por la separación, y unas gotas saladas rodaron por sus mejillas, y con voz grave y quebradiza le pidió perdón.
El extraño, le dijo que se quedaría hasta la siguiente noche, y así podría aprender algo de él, que quizás hasta pudiera sentir algo algún día, cuando se encontrara lejos y recordara su ayuda y sus lágrimas. Albert rió a carcajadas a placer y el extraño no pudo evitar imitarle, y le dijo, ves, ya estoy aprendiendo.
Al llegar la noche siguiente y el momento de la partida, el extraterrestre susurró, siempre seremos sus amigos, pocos seres son como ustedes, los sentimientos y las emociones son su mayor riqueza, nosotros somos muy parecidos, pero nos falta una razón para reír o llorar, para amar… Hacemos lo que hacemos sin ninguna intención más allá que la de mantenernos ocupados. Ni siquiera tenemos nombres allá en…
Una neblina oscura cubrió todo, y un potente rayo de luz se vislumbró…, Albert lloró, pero pudo escuchar un ¡Gracias! entre carcajadas, que le llenó el corazón.