viernes, 12 de noviembre de 2021

Hablando de leyendas (El asesino del bosque)

Creo que ya reconocen las imágenes tan peculiares de los retos del Tintero de Oro, esta vez se trata de un micro de 250 palabras como máximo, sobre leyendas urbanas o algo así.  



Yo sigo enganchada y aprendiendo a escribir relatos, espero que este les agrade.


El asesino del bosque    250 palabras.




Nada es igual en este pueblo, decían todos, a su regreso.

Felipe salió de la cárcel cumpliendo cinco años de condena, nadie sabe lo que pasó exactamente, se cuentan muchas historias sobre esa noche...

Felipe jamás volvió a hablar desde que fue apresado. Algo lo enmudeció para siempre esa noche. Tampoco es que fuera de mucho hablar, se limitaba a contestar con monosílabos, nunca conversaba ni hacía preguntas. Sus padres decidieron retirarlo de la escuela y buscarle algún oficio, para que pudiera ayudar en casa y ganarse la vida cuando no estuvieran. Su trabajo era alimentar los animales y matarlos cuando se requiriera de ellos como alimento.

Dicen que una tarde una joven pasó frente a su casa y le sonrió, que este la siguió y en una vieja cabaña alejada de la carretera, se entregaron sin mediar palabras. Entrada la noche, cuando Felipe se disponía a partir, ella le dijo que necesitaba ser alimento de la tierra, quería morir de nuevo porque su alma vagaba en pena. Felipe sonrió, dispuesto a hacer lo que tan bien hacía, matar a sangre fría sin remordimientos, cuando de repente algo lo estremeció...
A los gritos la gente corrió al lugar, la encontraron sin vida. Felipe todo ensangrentado balbuceaba: “Me pidió que la matara para liberar su alma, porque ella estaba muerta, pero no lo hice”.
  
Un horripilante estruendo salió de la tierra, ¡BURRRP! como un grotesco eructo, seguido de un estrepitoso ¡UFF! de satisfacción. 

El cuerpo de la chica, ya no estaba.


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Delirando...

Es sabido que hay personas que causan admiración y dan ganas de aplaudirlos y hasta emularlos, en cambio existen otras que simplemente dan pena y hasta ganas de ahorcarlos

A estas últimas quiero referirme, y no es que den pena porque sean torpes o por pobreza, sino por lo poco que se valoran y se aprecian. 

Su fanfarronería incomoda y su egolatría apesta. Pero más bien son seres faltos de amor y con complejos de insuficiencia, que tratan de esconderlo o disimularlo, haciendo alardes de solvencia, grandeza e inteligencia.




Me van a perdonar algunas expresiones, pero el párrafo entre comillas que escribiré a continuación, vino a mi mente sin más y por él surgió esta reflexión:
 
“¡Ah! Las gentes que se creen importantes, hablando pila de mierda como una constante. En la radio y la televisión se crecen y fantasean. En las redes sociales se consideran famosos, pero en la vida cotidiana, son unos azarosos. Lloran en silencio su desventura, pues la soledad los abruma. Se saben débiles de carácter, y se disfrazan de guapetones, detrás del ordenador son unos leones. Más su vida quedaría vacía, si perdieran sus likes y seguidores. La mayoría vive de ellos y de las fotografías arregladas, y como alma en pena deambulan cada madrugada. Atormentados por la vigilia del que dirán, y el hastío de la soledad, lo único que desean, es aprobación y amistad”. 




Hasta aquí este pensamiento que asomó como un flechazo y no tuve ni tiempo de hacerle un rechazo.

A veces este tipo de personas nos repelen y crean animadversión y lo que en realidad merecen, es nuestra compasión.
 
Lucen ser personas resueltas y dinámicas, son arrogantes y prepotentes, pero si indagamos a fondo en ellos, veremos que son personas inseguras de sí, que necesitan hacer mucho ruido para acallar sus temores y traumas del pasado, y tienden a evitar estar solos, para no escuchar las censuras de su voz interior. 

Al ocultar sus verdaderos sentimientos, se le bloquea la conciencia, dejándose llevar de la corriente por conveniencia o porque entienden que es cuestión de supervivencia.
 
Carecen de sentido común y de iniciativa propia, se jactan de tener amigos y estatus, porque le temen al rechazo. Necesitan aprobación y aplausos, para olvidar que su vida es un fiasco. 




En realidad su vida es muy triste y está minada de cicatrices. 

Están convencidos de que en este mundo de locura, ser sincero, es una tortura.

Viven de las apariencias y el figureo, porque prefieren vivir delirando y fantaseando, a hacerlo de cara a la verdad, enfrentando su realidad.

Me pregunto qué causa más lástima y compasión, si el que sufre una enfermedad, o el que se cree sano y está enfermo de soledad.


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Seamos pacificadores

Hace un par de días, en el devocional “La Palabra Diaria”, leí una reflexión que hablaba sobre la paz interior. Como la encontré muy atinada la quiero compartir con ustedes.

Paz interna
Llevo una vida apacible

“Las tormentas de la vida a veces me hacen sentir que estoy atrapado en los vientos de un huracán, tratando de mantenerme en pie. Hoy recuerdo que en el centro de cada huracán está el ojo, un lugar de perfecta quietud. Encuentro mi paz en el centro sereno y retorno a el cada vez que necesito aquietar mi mente y calmar mis sentimientos.
Con la práctica, comienzo a vivir desde ese lugar de perfecta tranquilidad. No importa cuán fuertes soplen los vientos, retorno a mi centro una y otra vez para encontrar un lugar de perfecta paz.  
Bendigo a todos los demás con mis modales pacíficos y mis obras amables. La paz crece dentro de mi mente y mi corazón cuando la comparto. Siempre estoy consciente de que yo soy uno con el espíritu y con todas las personas”.




En tiempos inciertos y tan convulsos como los que vivimos en la actualidad, esta reflexión es un excelente bálsamo para el alma y para alcanzar esa tan anhelada paz. Pues a pesar de los vientos huracanados que siguen soplando, ese recordatorio de la serenidad que existe en ese centro de la tormenta, cae como un rico baño perfumado y relajante. Lo único que tenemos que aprender es la manera de llegar a ese ojo de quietud y serenidad, tenerlo al alcance de un suspiro, y esparcirlo a los demás. La mejor manera de lograrlo es manteniendo la calma y la ecuanimidad, y sobre todo la amabilidad y respeto.

Para los que ya me conocen un poco, saben que siempre ando buscándole la quinta pata al gato, y al leerla, me vino otra reflexión al respecto. Va de lo siguiente

Y es que existen personas que son una especie de ojo de huracán, porque crean demasiado ruido y tormentas a su alrededor. Se ven pacíficas, pero son un misil, inofensivos en apariencia, pero cargados de resentimientos y envidias, que se gozan con el sufrimiento ajeno. Nunca explotan, pero su cinismo disfrazado de paciencia y autocontrol, va creando una enorme explosión a su alrededor. 

Eso es también una manera de sopesar nuestro comportamiento. No es solo estar en paz, también es provocar paz, quietud y serenidad al compartir con los demás. No hacemos nada con estar en paz e ir ignorando tormentas o provocándolas, y dejando a nuestro paso, un caos de sentimientos encontrados, por nuestra insensibilidad, indiferencia, o egoísmo.




Si bien es cierto que la paz empieza con uno mismo, no es menos cierto que estar rodeado de fuertes vientos definitivamente le resta credibilidad y plenitud a nuestro propio bienestar. No porque no podamos mantenernos ecuánimes y a flote, sino porque un corazón que está verdaderamente en paz, no puede permanecer inmutable ante esos vientos, sino más bien, actuar en favor de apaciguarlos. 

El rio está en paz y no deja de correr y fluir, el mar está en paz y no permanece quieto, hace olas. La tierra está en paz y se deja sentir de cuando en cuando, con sus sismos, erupciones volcánicas, etc., de esa misma manera, el hombre está en paz y no deja de moverse al compás de la vida, surfeando las olas y navegando con destreza las corrientes, resistiendo con flexibilidad los temblores, y todo lo que conlleva vivir a pleno pulmón, y por qué no decirlo, haciendo ligeras sacudidas para canalizar las emociones.




Si la paz nos la da el lugar, o la gente, estamos perdidos, debe venir de adentro, desde nuestro interior, pero para mantenerla firme debemos dejarla bailar, compartirla, no aprisionarla… 
Conmoverse y llorar está bien, reír y cantar también lo está, preocuparse momentáneamente, y recapacitar para no angustiarse, también es un sigo de paz.  

Estar en paz no es estar quieto y en silencio, es permitir que en medio del ruido siempre exista ese lugar de calma al cual poder acudir cuando los vientos se recrudezcan. Es transmitir serenidad a través del trato amable, del respeto y la comprensión. Es sacudirnos un poco, pero sin ensuciar o causarle daño al prójimo.

Que nuestro corazón albergue mucha paz, para que podamos actuar como pacificadores.


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

lunes, 25 de octubre de 2021

La ambición desmedida

La ambición en pequeñas dosis y bien estructurada, es beneficiosa, pero la ambición desmedida en grandes dosis, y carente de límites y prudencia, es el peor de los males del hombre y la sociedad.



La historia del pescador y el empresario, es una vieja leyenda taoísta, que comparto más abajo en un video para los que no la conocen.




Esa ambición desmedida, por más, es lo que cada día nos hace menos…

Esta historia se puede aplicar para casi todo en la vida, porque sin importar el lugar o el oficio, tiene una potente lección de vida, y un excelente mensaje que nos convida a vivir el día a día sin mayores pretensiones, ni ingratas ambiciones que nos impiden retardar nuestra vejez, privándonos de una felicidad inmediata, postergándola para después, para una vejez o un después que a lo mejor nunca llegue a concretarse.

Nos hace un llamado a darnos cuenta de que estamos dejando de vivir a plenitud hoy, para hacerlo mañana, sacrificando lo bello y bueno de la vida, esos verdaderos placeres que lamentablemente sustituimos por engañosos placeres mundanos y banales, como el amor al dinero y las supuestas bondades que podemos comprar con él. 
, que nos quede claro, es un mero engaño, ese comprar, es pagar por aquello que podemos conseguir de gratis, pagar con sudor teñido de sangre, con privaciones elementales de lo que nos hace sentir gozosos, reprimiendo nuestros deseos y anhelos, para acumular una posible y supuesta fortuna que para nada nos hará afortunados, sino más bien, desdichados y cansados en el mejor de los casos, o meros cadáveres ambulantes, enfermos y amargados en el peor.
   
Y no es que ambición sea mala, como bien lo dijo Montesquieu, lo malo es dejarse devorar por ella. Al convertirnos en esclavos de la ambición, esta se apodera de nosotros de tal manera, que nos entregamos a una vida sofocante y angustiante por conseguir cada vez más, dejando de vivir en paz y serenidad y de disfrutar del día a día y las pequeñas grandes alegrías que nos ofrece.  
 



Ojala y muchos podamos tener la suficiente sabiduría para actuar como ese feliz pescador, cuya vida de seguro estaba llena de grandes emociones y satisfacciones genuinas.

Para terminar les comparto esta reflexión que le viene bien al tema, y que junto a muchas otras más tengo en la página titulada “Poesías y más” 


Humildad (fábula)

Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: “Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?”
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: “Estoy escuchando el ruido de una carreta...”
“Eso es” -dijo mi padre- “es una carreta vacía”.
Pregunté a mi padre: “¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?”
Entonces mi padre respondió: 
“Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: 
“Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

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La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Nadie está más vacío, que aquel que está lleno del ‘Yo mismo’.

Seamos lluvia serena y mansa que llega profundamente a las raíces, en silencio, nutriendo. 


P.D. La reflexión final es parte del mensaje, no es de mi autoría. 
Pero pienso exactamente igual.


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

martes, 19 de octubre de 2021

Una extraña compañía

En esta ocasión no me pude resistir a participar fuera de concurso en la convocatoria de este mes del Tintero de Oro, con un relato de ciencia ficción de 900 palabras máximo, en homenaje al tremendo escritor H.G.Wells y su libro "La Guerra de los Mundos". 

Así que voluntariamente me volví a sumergir en el tintero, y al salir me traje este relato, espero les guste.

Gracias David Rubio Sánchez, por abrir esta brecha para seguir motivándonos a escribir relatos, cultivando así, este interesante y entretenido ejercicio de escritura.



Una extraña compañía         885 palabras



Despertó algo angustiado, tuvo otro de esos sueños inquietantes. 
Casi amanecía y se asomó a la ventana, los rayos del sol apenas se asomaban, eran discretos, había nubes grises, y relámpagos que anunciaban tormenta.

El trinar de las aves, era muy quedo, como si algo las estuviera intimidando. Se tumbó nuevamente en la cama con la idea de borrar esa sensación que le dejó el sueño. Pensó en ese amor primero, esa chica tan especial que despertó sus ilusiones, su recuerdo le produjo una agradable somnolencia...

Cuando volvió a despertar todo estaba muy oscuro, vio la hora, apenas habían pasado 40 minutos, no se escuchaban las aves, el cielo había perdido sus intentos de asomar el sol, pero en cambio sí había revuelo de personas afuera. Acudió a la ventana y lo que vio le impactó, a pesar de la neblina oscura se divisaba una fuerte luz en el centro de los curiosos madrugadores. 

De pronto pudo ver que una extraña criatura, en ese instante empezaba a lanzarles unos rayos ultravioletas a todos, y sin entender el por qué, todos se fueron tranquilamente a sus casas, mientras que esa cosa se coló en su jardín.
 
Su corazón latía fuerte y acelerado, se aseó rápidamente y tomó su mochila de contingencia, siempre la tenía lista y a mano, con lo necesario para la sobrevivencia. Cuando se disponía a salir, vio al gato muy asustado, se estaba olvidando de él, lo puso en su bulto de viaje y sigilosamente salió. 
Para su sorpresa todo transcurría normal en las calles, el cielo ya se había aclarado del todo. De repente se frenó y quedó inmóvil, esa cosa estaba ahí y nadie se fijaba en ella, nadie parecía darse cuenta de su existencia, como si los rayos ultravioletas lo hubieran hecho invisible a sus ojos.
 
Albert se quedó mirándole, sintió una gran compasión por esa criatura, y una extraña presión en la sien. De alguna manera, el extraterrestre se estaba comunicando con él y pedía ayuda.

Le dijo que venía de otra galaxia y que extravió el rumbo en su primer vuelo solo, algo que debían hacer al llegar a cierta etapa de la vida. Les daban dos días para salir en busca de aventura, y regresar al amanecer del tercer día con alguna experiencia que indicara que ya estaba listo para salir a explorar, y poblar un nuevo planeta deshabitado.
Le explicó que un fallo en su nave lo hizo descender, y que esta, estaba escondida en su garaje, porque la pieza que lo haría volver, él se la podía conseguir, ya que conocía bien el funcionamiento de los aviones y tenía acceso a ellos.

Se sorprendió al darse cuenta que le leía la mente, y le comunicó que ellos hace siglos saben que los humanos, a pesar de todo, son seres bondadosos y solidarios, que incluso les han enviado conocimientos mediante comunicación telepática, y que particularmente a él, lo habían favorecido con conocimientos especiales mediante los sueños.

Enseguida se le aclararon muchas cosas, esos sueños, esos dolores de cabeza y ese saber cosas sin estudiarlas o aprenderlas antes, y el porqué era capaz de comunicarse extrasensorialmente, a veces leía las mentes o sentía que alguien adivinaba lo que estaba pensando… 
Comunicación telepática muy desarrollada, le dijo sin pronunciar palabras. 

Todos los demás, incluidos los animales, habían sido bloqueados por los rayos, solo él podía verlo, era el elegido para ayudarlo a regresar, y le hizo saber que si algún día los humanos necesitaban de su ayuda frente a una invasión exterior, podían acudir a ellos. 

Dejó la mochila de contingencia y al gato en casa, tomo su mochila de trabajo y salió a buscarle la pieza. Nadie pareció extrañarse de nada, como era domingo muchos aun dormían. 
Él estaba libre de trabajo por una semana, al llegar al hangar por la pieza, le saludaron con extrañeza, preguntando si tenía vuelo. Contestó que había ido a recoger algo personal.

Al regresar a la casa empezaron la labor de reparación, y conversaron de muchas cosas, esta vez con palabras que ambos entendían muy bien, a pesar de hablar distintos idiomas.
 
Esperaron la noche y que todos durmieran para hacer la prueba… Funcionó.
 
Albert sintió, una mezcla de emoción y alegría infinita y al mismo tiempo una gran nostalgia por la separación, y unas gotas saladas rodaron por sus mejillas, y con voz grave y quebradiza le pidió perdón.

El extraño, le dijo que se quedaría hasta la siguiente noche, y así podría aprender algo de él, que quizás hasta pudiera sentir algo algún día, cuando se encontrara lejos y recordara su ayuda y sus lágrimas. Albert rió a carcajadas a placer y el extraño no pudo evitar imitarle, y le dijo, ves, ya estoy aprendiendo.

Al llegar la noche siguiente y el momento de la partida, el extraterrestre susurró, siempre seremos sus amigos, pocos seres son como ustedes, los sentimientos y las emociones son su mayor riqueza, nosotros somos muy parecidos, pero nos falta una razón para reír o llorar, para amar… Hacemos lo que hacemos sin ninguna intención más allá que la de mantenernos ocupados. Ni siquiera tenemos nombres allá en… 

Una neblina oscura cubrió todo, y un potente rayo de luz se vislumbró…, Albert lloró, pero pudo escuchar un ¡Gracias! entre carcajadas, que le llenó el corazón.    


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

sábado, 9 de octubre de 2021

El lenguaje del alma

Iniciaré esta reflexión con una frase que surgió de mí hace unos cuantos días sin ningún motivo en especial y por varios a la vez... 
La mente divagaba en las realidades que nos acechan hoy día, y en la cantidad de personas que se sienten solas y olvidadas, aún estando acompañadas y teniendo supuestamente muchos amigos.
 
A continuación la frase que resonó fuerte en mí:
  
Prefiero pocos amigos, pero sinceros, a muchos que estén por figureo. Quiero amigos de corazón, no amigos por exhibición.  

La imagen siguiente, al menos así me lo pareció, muestra un abrazo de los de verdad, con sentimiento puesto en él, y me gustó su sencillez, en ella y en ese abrazo, es como si nos acogiéramos y reconciliáramos con nosotros mismos, se percibe tal conexión álmica....




Particularmente yo, tengo muy pocos amigos, eso es muy cierto, entre mi timidez y mi introversión, la soledad ha sido siempre mi mejor amiga y compañera. Eso no quiere decir que no valore la amistad y la buena compañía, así sea silenciosa, tiendo a valorarla aún más, porque así nadie se siente en el compromiso de decir nada, o pensar que se está esperando alguna conversación en su compañía, precisamente es un tipo de acompañamiento más bien álmico, de saberse ahí para lo que se necesite, es como un ejercicio de conexión y liberación de ambas partes…

Ahora bien amistades por temporadas (como en la escuela y la universidad), amistades laborales, casuales y fortuitas, por razones de encuentros imprevistos o por gustos y aficiones comunes..., sí que las he tenido en más cantidad, ni que fuera una ermitaña, ja, ja. Pero no es lo mismo tener amistades, que tener amigos, hay un gran puente entre estas dos situaciones, por eso digo y sostengo que tengo muy pocos amigos.  

Si anteriormente la amistad era muestra de sentimientos nobles y era muy preciada, hoy día, se ha relegado a un impulso social. Gracias a que el mundo se ha vuelto tan competitivo, y al postureo de las redes, la amistad verdadera está en franca extinción, se ha vuelto famélica, agoniza… 
La amistad que se enarbola en estos tiempos resulta hasta mezquina, carente de sentimientos sinceros, y en su lugar se han introducido resentimientos, envidias, celos y una guerra posicional que a muchos podría llevarlos al peor estado anímico del ser humano.  
 
Por esta razón, me parece que es necesario prestarle más atención al lenguaje no verbal, ese que revela nuestra condición de alegría o tristeza, y se manifiesta de diferentes maneras cuando estamos tristes, cuando sentimos frustración y amargura, cuando nos sentimos terriblemente solos y olvidados, o no somos amados.

En la entrada anterior toco este tema de manera generalizada, pero hay que ahondar bien en nosotros mismos, prestar atención al lenguaje del alma, para saber qué tan bien o tan mal nos sentimos, y cómo estamos interiormente. Fingir no sirve de nada, tarde o temprano salen a relucir nuestras emociones ocultas y reprimidas, que generalmente se manifiestan de manera muy desagradable.




Dejemos de hacer hoyos en la arena a orillas del mar, las olas rápidamente los desaparecen, y con esa misma rapidez, las olas de la vida desaparecen lo que en realidad no es auténtico, pues no es real, así que mejor dejémonos de fantasear y vivamos de cara a la verdad.
 
De nada sirve lo mucho, si de todas maneras es insustancial. Seamos sustancia de vida, no decoración superficial o de temporada. 

No estamos nunca solos si gustamos de nuestra propia compañía. Seamos amigos nuestros, y no busquemos fuera lo que nadie puede darnos mejor que nosotros, amor, aceptación y comprensión.

Es hermoso tener amigos, pero dejemos de fantasear jugando al amor y a la amistad. En el mundo virtual es fácil hacerlo, pero en el mundo real no hay manera de fingir por mucho tiempo, el lenguaje del alma nos delata. No pasa nada ni es una tragedia si no tenemos muchos amigos, lo importante es que sean verdaderos y sinceros. 

Seamos verdaderos amigos. Saquemos el máximo beneficio y el máximo de alegría de todo lo que nos rodea. Veamos el mundo con ojos de amor, con ternura y admiración, con luz propia, veámoslo tal cual es, hermoso, sabio y generoso… 

Dejemos de centrarnos en lo que nos desagrada de los demás, pues nos impide ver lo mejor de cada ser humano. 

Hay tanta gente olvidada, triste y sola por doquier... Dediquémonos a sembrar amor en lugar de odio, sonrisas, risas y alegrías en lugar de lágrimas, llanto y dolor. Esperanza, templanza, confianza, y fe, en lugar de dudas, desesperanzas, desconfianza y resquemor...  

La sencillez, y la simpleza de las cosas, son el mejor remedio del alma, es cuestión de saber apreciar sus encantos. 


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

martes, 28 de septiembre de 2021

La comunicación no verbal

-Una persona inteligente sabe qué decir, una persona sabia sabe si decirlo o no. -Autor desconocido.

Me parece que muchas veces no hacen falta las palabras, la expresión del rostro o los gestos, lo dicen todo.




En esta ocasión les dejaré unas imágenes, sin más nada que un par de palabras como anexo, que no necesariamente tienen que coincidir con lo que ustedes puedan captar en dichas imágenes, pues todo lo que interpretamos, es un reflejo de nuestro interior, por eso cada uno tiene su propio lenguaje interpretativo.

 
 NATURALIDAD ANTE LOS ESTÍMULOS


                            decidida                                               dudosa

                    

                            preocupada                                        relajada


   ALEGRÍA Y AMISTAD



   GRUÑONES Y PESADOS




                              


IMPASIBILIDAD Y APATÍA






  TRISTEZA Y SOLEDAD











Si se fijan bien, hay un mensaje de fondo detrás de estas imágenes que les he querido compartir, un rejuego al relacionarlas, que nos deja ver que los cambios de emociones, nos definen momentáneamente, pero dejan ver cómo anda nuestro estado psíquico, ya que el responder con naturalidad a los estímulos exteriores, demuestra nuestro equilibrio emocional, siempre y cuando lo hagamos moderadamente, sin excesos, en control de nuestros actos y reacciones, como muestran las imágenes bajo el título “Naturalidad ante los estímulos”.

Pero el no hacer esos cambios, de la forma que sea, nos define aún más, pues el mantenernos siempre en la misma actitud, no es para nada sano ni psíquica ni emocionalmente hablando, aun sea en un constante estado de alegría.

Es imposible estar todo el tiempo bajo el influjo de la misma emoción, ya sea alegres, o tristes, riendo, o llorando…, como imposible es estar todo el tiempo hambrientos, o durmiendo. 

Si fuimos gruñones y pesados con todos, no podemos esperar recibir mimos de nadie al final. 
 
Si fuimos claros exponentes de la impasibilidad y la apatía, no esperemos tener reacciones sorprendentes al final. 

Si nos pasamos la vida con una emoción negativa permanente, sumidos en la tristeza y la soledad, enarbolando la bandera de víctimas, no esperemos atraer amigos ni lograr alegrías al final.

Los cambios de emociones hay que expresarlos, dejarlos salir con naturalidad, sin forzarlos, ni reprimirlos, y menos exagerarlos. Pero hay que transformarlos, antes de que ellos nos transformen a nosotros...

Pues como dice un famoso refrán: “Como se vive, se muere”.                     


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

jueves, 16 de septiembre de 2021

La importancia de la espera

Siempre hemos escuchado decir que esperar no es fácil, que tiende a inquietarnos, a desequilibrar las emociones del momento y a ponernos nerviosos.

Cada cosa tiene su momento y hora, un paso a la vez. Si no nos ponemos presión emocional y psicológica, lo cual retrasa y bloquea el libre fluir, veremos como todo a su debido tiempo recobra sentido, degustaremos el fruto de la espera, que dicho sea de paso, nunca es en vano, ni será inútil. 




En la espera siempre hay un provecho o beneficio de fondo, al igual que en las bebidas alcohólicas, que el añejarlas les da un sabor delicioso, el cual no podríamos apreciar y degustar de no ser por ese tiempo prudente para madurar y macerar. 
Lo mismo pasa con casi todas las situaciones de la vida, van amoldándonos y preparándonos para la verdadera celebración de las cosas.

Una frase muy usada en atención al cliente, al llamar por teléfono a muchas de las empresas de servicio, al menos en mi país, es la siguiente. “Aunque no me escuche, estoy con usted”, con la finalidad de que no nos impacientemos, y le añaden un “Gracias por la espera”.



La misma táctica, ese “Aunque no me escuche, estoy con usted”, y ese “Gracias por la espera”, deberíamos usar para esas cosas que queremos resolver con el cronómetro puesto (con prisas abrumadoras), y no conseguimos ver su realización en el tiempo deseado, incluyendo nuestras peticiones de oración.

Como dice esta corta frase “Un diminuto instante inmenso en el vivir”, de la canción de Silvio Rodríguez “Y nada más”, que les compartí en una entrada reciente (la última de julio), y que es en sí una diminuta pero inmensa canción; la vida es solo eso, un diminuto, pero inmenso instante en el vivir, y cada segundo se proyecta y renueva con cada respiración...

Si no sabemos ver la inmensidad de ese diminuto instante, es porque nos desesperamos por la llegada del siguiente, es porque no estamos plenamente inmersos y presentes en él.




Por ejemplo, cuando oramos por algo que queremos lograr o cambiar,  que se ha convertido en un problema, no siempre nos sumergimos en la oración y su petición, en lo que en ese momento esa oración puede transformar en nuestro interior, más bien nos centramos en el problema y en su rápida solución, y lo hacemos para colmo sin muchas esperanzas, viciando y bloqueando el poder de la intención, angustiados, por no decir, desesperados…

Pero la verdadera oración, consiste en hacer la petición, y dejar por un buen momento macerar la intención, en silencio, permaneciendo mental y totalmente callados. Sintiendo latir ese momento al compás de nuestro corazón, y permitiendo que se calmen nuestras emociones y angustias, así, escucharemos ese susurro álmico precioso, que nos va serenando, y llenando de paz interior. 
Veremos qué, pasado un momento en esa calma, ya no hay angustia ni necesidad de ver la solución al problema, porque la verdadera oración se lleva consigo el problema, y nos ayuda a atravesar un portal donde somos conscientes de que todo guarda un orden perfecto en cada diminuto instante, que si no se hace inmenso, no madura, entonces muere antes de nacer, al igual que lo hace cualquier embrión que no pudo llenarse vida.

La verdadera oración es semejante a una buena siembra, lo que hace es abrirnos a una espera tranquila y fructífera, quitarnos de encima la carga inútil, liberarnos de la ansiedad. No porque vayamos a ver los resultados inmediatamente, sino porque nos hace conscientes de lo necesaria que es esa espera.




Les haré una anécdota. Hace un mes, traje de mi caminata un par de ramas de dos árboles florales distintos, dos ramas de cada uno, las sembré en el jardín con fe puesta en ellas, las regué y les hablé con mimo diariamente y seguí su curso, en varios días veía que una al parecer se prendería, la otra no daba señales de vida, cada día una reverdecía y la otra estaba más seca, estuve a punto de sacarla, pero no conocía ese árbol y al verlo me enamoré de sus flores, así que me dije: “Quizás esta necesite más tiempo”, la dejé ahí y la seguí cuidando igual. 

No quería darme por vencida porque además, sin querer presumir que conste, pero es la verdad, es difícil que lo que siembre no se me dé, y aun así dudé... Y cuál no sería mi sorpresa al ver que una semana después de mi decisión de dejarla tranquila, justo después del paso de la tormenta Grace, habían dos pequeños brotes verdes en una de sus ramas, no imaginan lo feliz que me sentí y lo agradecida de dejarla y saber macerar esa espera.  

Hay diferentes tipos de espera (largas y cortas, entusiastas y tristes…), y un sinfín de motivos para esperar, pero todas tienen un núcleo común llamado tiempo, así sea la espera de un hijo, un buen trabajo, mejores condiciones de vida, los resultados de una prueba médica o una académica. La llegada de un gran amor, el regreso de un ser querido, el cumplimiento de una promesa o de una condena, el arrepentimiento o el perdón… 

En fin, sea cual sea el tipo y el motivo de la espera, el factor tiempo es primordial, y la mejor manera de dejar pasar ese tiempo, es sin contabilizarlo, tomándolo con calma, tranquilos y serenos, confiados en que lo que esperamos, llegará cuando más convenga, para así no darle paso a la ansiedad o la angustia, que suele ralentizar y hacer dramático el paso de ese tiempo. 




En nuestras manos está la decisión o elección, desesperarnos o relajarnos mientras dure la espera. No olvidemos que la actitud lo es todo. No ganamos nada con angustiarnos, con querer apresurar las cosas, porque los acontecimientos deben seguir su curso natural, por más reacios que estemos a aceptarlo y entenderlo. Ya lo establece ese viejo refrán: “No por mucho madrugar, amanece más temprano”, o esta otra frase que nos puede servir de consuelo y dice así: “Lo que es para ti, te encuentra”.
 
Mientras esperamos son muchas las cosas que podemos hacer…, pero lo menos aconsejable de todo, es impacientarnos, y precisamente es lo que más hacemos. 

Debemos desligarnos de las prisas…
En la cola del banco dejemos de mirar y contar cuantos hay delante de nosotros. 
El ticket del turno que tomamos en papel, con mirarlo cada vez que llamen a alguien no ganamos nada, sabemos el número ya. 
Al esperar en el peaje o en el semáforo, dejemos de verlo con insistencia, eso no acelerará el cambio, pero si nuestro corazón…  

No hagamos de la espera una amarga experiencia, se puede hacer lo contrario, como dice el cantautor boricua Willy Rodríguez y su grupo Cultura Profética, en esa bella composición musical titulada “La espera”, Cojámosle el gustito a la espera, y hagamos de ella una deliciosa experiencia. 

P.D. Dejo aquí el enlace por si desean escuchar la canción "La espera".


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

La habitación del pánico

Que les parece amigos lectores, ha regresado David Rubio Sánchez con una nueva propuesta de microrrelato, y con el Tintero de Oro rebosante de tinta, convidándonos a crear con entusiasmo nuevos sueños.
 
Su propuesta es muy sencilla, crear un micro de 250 palabras a partir del título de una película de cine, y si no tiene ninguna relación con el guión, mejor, al menos eso dijo, si no me creen, véanlo ustedes mismos en su blog



La habitación del pánico     249 palabras










Todos los días Melisa tenía la misma conversación con sus dos hijos gemelos. Cuando pasaba por el pasillo hacia su habitación, no podía dejar de mirar el tremendo desorden que imperaba en la habitación de juegos de la casa. Sus gemelos de ocho años son una monada, pero dejan todo tirado, incluso hasta en el pasillo. 

Y es que no lo hurtan, lo heredan del padre, que tiene el otro lado del salón igual de desordenado. No bien entra al salón tira la ropa sobre un viejo mueble, y los zapatos los suelta al aire sin siquiera prestar atención, ya ha roto varias veces la bombilla, tamaño susto se lleva, aun así, lo sigue haciendo…

No hay servicio que dure, y se entiende, no es para menos, y cada día Melisa está más exhausta, cree que quizás hay cierta maldición en esa vieja casona, no le gustaba el lugar, pero Fausto se sintió atraído por ese gran salón, y decidió llevarle la contraria y comprarla.

En el pueblo, se comenta que había una sala de cine en la casa, y que los espíritus la habitan. Ella hasta llegó a pensar que eran ellos los que incitaban a que ensuciaran y regaran todo el salón.
 
En su afán por resolver la situación, decidió decorarlo terroríficamente, pensó que tal vez así dejarían de entrar a la habitación al menos los niños. Pero tampoco Fausto entra, y ha optado por llamarla “La habitación del pánico”. Y créanme que no es para menos… 




La película en cuestión la he visto ya en dos ocasiones, encontré muy bueno el suspenso, además se trata de Jodie Foster, de ella me gustan muchas películas y de ellos, Forest Whitaker, y Jared Leto, he visto pocas, pero me ha gustado su trabajo en lo que he visto. Muy buenos todos en sus papeles cinematográficos. 

Bueno, con esta pequeña muestra del guión creado, gracias a la seductora tinta del Tintero de Oro, dejo a la libre imaginación la película completa, que podría ser recreada en vuestras mentes según su percepción. 

Yo desde que escuché el título de esta película me hice la idea de una habitación en completo desorden, así que agradezco a David el poder hacerlo realidad. 

Y es que a mi entender nada causa más pánico que el desorden total de las cosas, o no sé si es que soy maniática con mantener cierto orden en todo (no confundan orden con programación), prefiero la libertad pero con cierto orden establecido, ya que es una realidad que el desorden fuera de control, me desestabiliza la armonía interior, me abruma y mis energías se molestan, ja, ja. 

Gracias... 


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Contrastes de la naturaleza

Luego de un descanso breve, aquí me tienen, agradeciendo a las musas su presencia y ayuda, para continuar en este espacio virtual que se ha convertido en parte de mi vida. Esta entrega guarda relación con la que les dejé como breve despedida, "La simpleza de vivir". 

Muchos esperan con ansias el verano, para tomarse unas vacaciones y disfrutar al aire libre del calor del sol, otros, esperamos que el agobiante calor del sol, nos dé una tregua, aunque sea con la llegada de un ciclón… La vida es así de contrastante, y así mismo es la naturaleza humana y la naturaleza de todo.

En el caribe la temporada ciclónica trae sus estragos, unas veces muy dramáticos y dolorosos, otras veces, son hasta cierto punto bienvenidos, porque alivian el calor y la sequía. Mientras que en otros hemisferios, el frío es devastador y no permite hacer vida en el exterior, en el caribe extrañamos el frio y siempre hay sol y calor.

Lluvia y sol, frío y calor, inundaciones y sequías, abundancia y miseria, alegrías y tristezas, satisfacción y frustración… Preferimos comer helado para refrescarnos del calor y tomar un té calientito para paliar el frío. Todos estos son puntos extremos, pero en medio de ellos está el equilibrio.  


Así de simple y complicada a la vez es la vida, deliciosa y benévola para unos y malvada y mezquina para otros. Pero para la mayoría es una mezcla de frío y calor, que da como resultado la tibieza, aunque a veces se excede en lo frío y en otras ocasiones, se excede en lo cálido, impera el término medio.

Y precisamente es ese término medio el que debería regir nuestra visión de todo, no es nada conveniente ser extremistas, ni muy optimistas, ni muy pesimistas, los extremos son muy riesgosos, de eso nos pueden hablar los que practican dichos deportes.
 
Si bien es cierto que las altas dosis de adrenalina hacen el momento más intenso, no es menos cierto que esta misma razón hace que los otros momentos nos pasen casi inadvertidos, nos hacemos adictos de dicha adrenalina y perdemos el verdadero disfrute de las cosas simples y aparentemente pequeñas de la vida.

La imagen anterior nos da una sensación placentera de armonía, belleza y paz, todo queda al descubierto y muestra serenidad.

Ahora, mirando la imagen a continuación, no a todos les produce la misma impresión, para mi es encantadora, muestra un lugar de magia y comunión con la naturaleza, pero otros podrían sentirse temerosos, sin saber qué podrían encontrar más allá de lo que se muestra, y las emociones que despierta son muy diferentes en cada persona.




¿Si te proponen visitar uno de estos dos lugares, por cual te decidirías?

A mí me encanta la primera imagen destila paz, pero tengan por seguro que preferiría la segunda. Hay paz en el descanso y la serenidad, pero en la actividad, si nos mantenemos atentos y gozosos, también hay paz. 
 
Esa puerta tiene un magnetismo que me atrapa, independientemente de todo lo terrible que se me pueda ocurrir que hay detrás, la elegiría, y trataría de encontrar allí, el mismo remanso de paz que muestra la primera imagen. 

¿Por qué? Es simple y complicado a la vez de entender y explicar. 

Diría que la primera imagen es lo conocido, un lugar muy parecido a otros ya visitados, además de que el conjunto es lo que se erige y ofrece mayor deleite a la vista. 
La segunda imagen es lo desconocido, solo muestra un poco del lugar, cada tramo podría ser excitante y desafiante, además de reconfortante, al convertirnos en parte íntegra de ese bosque verde. Otros dirán, que también hay muchas posibilidades de que cada tramo fuera lo contrario, y resultara inquietante y horripilante… 
Como dice el dicho “Todo es según el color del cristal con que se mire”.
 
Ya lo ven así es todo, simple y complicado a la vez, hay que ahondar en las razones, las causas psicológicas, emocionales y hasta espirituales, que nos llevan a una que otra elección en la vida, pues así la transitamos, eligiendo siempre, y creando nuevas elecciones a través de las ya escogidas. 
Lo descabellado es, que ni siquiera nos detenemos a pensar en el porqué de nuestras elecciones, para así poder elegir de manera consciente. 

El verano es una estación en la que podemos hacer un sinfín de cosas que en otras no podríamos, aprovechar esto es de sabios, de personas conectadas con la naturaleza, los días más largos, cálidos y claros nos ofrecen maravillas por explorar y disfrutar, así que espero que todos lo hayan aprovechado al máximo, y al término de este verano, se den un tiempo para reflexionar en todo lo que hicieron, y en todo lo que quisieron hacer y no hicieron, y sobre todo en el porqué de lo que hicieron, y el porqué de lo que no, aun queriéndolo hacer.




Esta introspección les ayudará a identificar que están postergando en su vida y cuál es el motivo para hacerlo, y espero que también les ayude a no volver a hacerlo más. 

Recuerden mantenerse centrados, abandonen los extremos y las posiciones extremistas, inhiben el disfrute natural y el goce de estar total y cabalmente vivos. 

Sin importar la estación del año, disfruten cada una con intensidad, esto se logra haciendo lo que más les gusta y les satisface, y reconociendo y aceptando que todo es temporal, menos esa paz, alegría y gozo interior que nos produce el vivir a tope con nuestra verdadera esencia. 


I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

Pedimos excusas si alguna imagen usada tiene derecho de autor, al avisarnos la retiraremos.